Abstract
En el presente trabajo se hace un análisis de las causas por las que el proyecto ilustrado de dar una fundamentación racional a la moral fracasó. La irrupción de una concepción emotivista del yo, que no reconoce más autoridad que la propia subjetividad, supuso la pérdida de elemento teológicos y teleológicos que durante siglos habían dado consistencia al orden moral. La propuesta de este artículo es recuperar tres premisas fundamentales que, sin renunciar a los logros de la modernidad en lo que al reconocimiento del individuo se refiere, sirvan de base racional para recuperar un orden moral cuyos fundamentos tengan una validez universal. La primera premisa, de orden especulativo, establece la conexión de la libertad humana con su raíz teológica. La segunda premisa, de orden práctico, coloca la virtud como fundamento teleológico del orden moral. La tercera premisa, de orden metodológico, propone el falibilismo como método científico adecuado para avanzar en el conocimiento de las cuestiones morales, desde la complejidad que supone la diversidad cultural y las circunstancias concretas de cada caso.