Historia

​El primitivo Benifaió sería la originalmente nombrada alquería musulmana citada en el Llibre del Repartiment. En este texto aparece en junio de 1238, como una de las diez alquerías otorgadas por el rey Jaume I a hombres de su ejército procedentes de Barcelona. El nombre proviene de la alquería árabe y está formada por "beni" (hijos) y "Hayyén", nombre de familia musulmana, usual también en tierras cristianas.

En el actual término municipal existen evidencias de presencia humana (en la zona de la Font de l’Almaguer) desde el período epipaleolítico, hace unos 10.000 a 8.000 años. Del eneolítico proceden los restos de la Paridera, Pla de les Clotxes y un hacha de piedra pulida junto al núcleo urbano. En el entorno de la hoy desaparecida Font de Mussa aparecieron puntas de flecha y diverso material lítico claramente eneolítico. De la Edad de Bronce, años 1.800 a 700 a. C., existen poblados en la Font de l’Almaguer.

Existen también claros vestigios de la época romana en las inmediaciones de la ya citada Font de Mussa, donde se tiene noticia del hallazgo de restos arqueológicos ya en el siglo XIX, asociados a una villa rústica donde vivieron sus habitantes entre los siglos I al IV d. C., según los restos numismáticos y cerámicos encontrados. En 1922 Nicolau Primitiu Gómez Serrano dio la noticia del hallazgo de un altar o ara romana con una inscripción dedicada al dios Mitra, hoy conservado en el Museo de Bellas Artes San Pío V de València. En el año 2002, durante unas excavaciones, apareció un excelente mosaico bicromo, en una habitación completa de la villa romana, con un medallón central policromo que presenta una escena alegórica de la fundación de Roma. Actualmente forma parte destacada de la sala de Mundo Romano en el Museo de Prehistoria de València.

De la civilización islámica destaca la pervivencia de dos torres vigías de la època almohade (siglos XI-XII): la Torre de l’Horta o de Mussa, sita en las inmediaciones de la fuente homónima, posteriormente modificada y adaptada como columbario, y la Torre de la Plaça, enmarcada en la isla de casas en torno a las actuales plazas Major, Progrés i de l’Àngel, que circundarían la parte primigenia de la alqueria islàmica.

Tras la conquista cristiana, eclesiásticamente Benifaió formó parte de la parroquia de Espioca, junto con Alginet y Almussafes, hasta que pasó a ocupar la sede parroquial por el despoblamiento que padeció el pueblo de Espioca. Posteriormente se disgregaron de Benifaió la parroquia de Alginet, así como la de Almussafes.

Tras la conquista cristiana, el territorio y su jurisdicción pasaron a la corona, que cedió el cobro del tercio diezmo a diferentes personajes. Se conoce que en 1304 tal derecho perteneció a Bertomeu Matoses, señor de Benifaió. El hijo homónimo de Matoses aparece como señor vitalicio de Benifaió i Alginet en 1338. Este Bertomeu Matoses, ciudadano de València, fue encausado y condenado por su adscripción unionista, y finalmente la monarquía procedió a la venta a perpetuidad del señorío i su jurisdicción, por 110.000 sueldos, a María Ladrón de Vidaura, el 9 de noviembre de 1349. Esta cedió el señorío de Benifaió a su hijo, Raimón de Vilanova y Ladrón de Vidaura, vizconde de Xelva. 

Todavía se desconoce cómo el señorío y la jurisdicción de Benifaió pertenecieron a Joan d’Alpicat (+1392). Su hija y heredera, Isabel d’Alpicat, casada antes de 1419 con el cavallero mosén Jaume Jofré, aportó el señorío al matrimonio. En 1435, este personaje aparece como señor de Benifaió en el contrato para la realización de un retablo encargado al pintor Gonçal Peris, dedicado a San Pedro.

A raíz del citado matrimonio, el señorío y la jurisdicción de Benifaió pasaron a manos de esta familia valenciana, sucesivamente a Lluís Jofre i d’Alpicat, casado con Aldonça Escorna, a su hijo Nicolau Jofré, casado con Joanna Estellés, documentado como señor de Benifaió en 1506, en una venta al obispo de Tortosa de una casa que poseían en València. Posteriormente perteneció a su hijo Jeroni Jofré, casado con Andreua Vilarragut, documentados en un proceso de “ferma de dret” en el que reclamaba los derechos feudales heredados de su padre. El señorío de Benifaió pasó al hijo de Jeroni, Miquel Jofré, que sabemos contrajo matrimonio con Caterina Figuerola, legitimado en 1585 “...Don Miguel Jofré, hijo de don Gerónimo Sllava  y de Jofré, señor de Benifayó, siendo éste casado, tuvo a aquel con una muger suelta”.

Heredero de las deudas dejadas por su padre como garante a la administración del condado de Oliva, Miquel Jofré firmó una concordia con Carlos de Borja, duque de Gandía, reconociendo una deuda superior a las 17.000 libras, y en la que daba la posesión del señorío de Benifaió al duque de Gandía, pero el pueblo se negó a su reconocimiento, sin la previa autorización de la Real Audiència. Este tribunal había procedido a subastar la población, previa tasación por 30.000 libras, para pagar las deudas del último Jofré. Finalmente, tras la expulsión de los moriscos, la sentencia de la Real Audiencia de Valencia de 16 de febrero de 1612 concedía el señorío y la jurisdicción de Benifaió, por 27.000 libras, a favor de Miquel Falcó de Belaochaga.

Desde esta fecha, los Falcó de Belaochaga fueron los señores territoriales y jurisdiccionales de Benifaió. Miguel Falcó fue armado caballero y consiguió el reconocimiento de nobleza en 1615. El año 1623 cedía el señorío mediante la fundación de un vínculo a favor de a su hijo primogénito, Juan Bautista Falcó de Belaochaga, en contemplación del matrimonio de este con Juana Ana Ferrer i Milà, hija de don Pedro Ferrer y de María del Milá. En esta donación  propter nuptias, Miguel Falcó de Belaochaga fundaba un vínculo de escrita agnación y primogenitura.

El tercer barón de Benifaió fue José Falcó de Belaochaga y Ferrer, que heredó el título de señor de Benifaió a la muerte de su padre. Durante su señorío las rentas de Benifaió quedaron confiscadas durante algunos años para hacer frente a las deudas contraídas por Falcó ante la Ciudad de Valencia por la administración de las carnes. José Falcó falleció en Benifaió en noviembre de 1707, meses después de la batalla de Almansa y el advenimiento de los Borbones. Su hijo primogénito y heredero, Juan Falcó de Belaochaga y Caspe había luchado con los austriacistas y se encontraba fugado en Barcelona. Por esa razón, el juez de confiscaciones Melchor de Macanaz procedió al secuestro de las rentas señoriales, por delito de lesa majestad, incluido el señorío de Benifaió. Sin embargo, pocos meses después, su hermano, Antonio Falcó de Belaochaga y Caspe, combatiente en el bando borbónico, reclamó los bienes incautados y recuperó para la familia la baronía de Benifaió en 1708. 

Muerto Antonio Falcó sin descendencia, la baronía de Benifaió pasó fugazmente a su hermano Francisco, fallecido también sin descendencia en 1714, al hermano de éste, Pedro Miguel (+1731) y al hijo de éste, Vicente Falcó de Belaochaga y García de Tardajos, heredero también de un segundo vínculo fundado por su abuelo en 1630, al morir sin descendencia Félix Falcó de Belaochaga y Blanes. Muerto Vicente Falcó sin descendencia masculina, el vínculo pasó a su sobrino Pascual Falcó de Belaochaga y Pujades por sentencia de 1785. Casó con Mª Concepción Valcárcel y Pascual de Povil, heredera, a la muerte de su hermano Antonio Valcárcel, de los títulos de Marquesa de Castel Rodrigo, Princesa Pío de Saboya, Marquesa de Almonacid de los Oteros, Duquesa de Nochera y Condesa de Lumiares.

El título de barón de Benifaió recayó en su hijo primogénito Pascual Falcó y Valcárcel, Príncipe Pío (1795-Florencia, 1839) fallecido sin sucesión, y a su hermano Juan Falcó y Valcárcel (Valencia, 1797-Bayona 1873), quien redimió los censos en 1872, poco antes de su muerte. El último barón efectivo de Benifaió fue su hijo menor, Julio Falcó d’Adda (Milán, 1834), senador, fallecido sin sucesión en San Pedro del Pinatar en 1899.

Después de años de pleitos, el Ayuntamiento y los vecinos compraron a los Falcó los derechos señoriales, por la cantidad de 75.000 pesetas o 300.000 reales de vellón a pagar en diez años. La escritura de desmembración se firmó el 28 de septiembre de 1872, quedando así el municipio libre de cargas e incorporándose a la nación. Benifaió deja de llamarse de Falcó y se nombra de Espioca.

Patrimonio Histórico

La historia nos define como pueblo y crea nuestra identidad. En este apartado se podrán consultar los diferentes elementos patrimoniales de nuestra población.
"Esglèsia Sant Pere Apostol"

Iglesia de Sant Pere Apóstol

Situada en la Plaça Major, es la tercera de las construcciones que se levantaron en el mismo solar. Construida entre 1770 y 1783 en estilo academicista, con planta de cruz latina y capillas entre contrafuertes, desarrolla una bóveda de cañón con lunetos, transagrario i una imponente cúpula sobre la intersección del crucero. En la fachada, ordenada arquitectónicamente con pilastras de regusto neoclásico, destacan dos torres y una decoración escultórica con las figuras de San Pedro y San Pablo en hornacinas y una alegoría central de angelotes que sostienen la tiara papal. La capilla de la comunión y buena parte de la decoración interior, incluyendo diversos cuadros del pintor Vicente López, se perdieron en 1936. En el interior se conservan algunos elementos de orfebrería religiosa de los siglos XVI al XX.

Ermita de la Virgen de los Desamparados

Es una capilla de una sola nave que tiene un cuerpo adicional a la izquierda con un techo y dos ventanas con rejas. La Virgen preside la ermita y también hay lienzos pequeños obra de María Rodrigo. La ermita original fue derruida en 1937 y con la voluntad de algunos vecinos fue inaugurada el actual en 1961.

Torre de la Plaza

Magnífico ejemplar de las llamadas torres de vigía y defensa islámicas de época almohade, datada entre los siglos XII y XIII. Formaría parte del cinturón defensivo de la ciudad de Valencia, junto con las torres de Espioca, Silla, Almussafes, Muza o Trullás. Posteriormente quedó integrada dentro del palacio señorial y tuvo usos como granero o prisión. La anchura de la torre en la parte inferior es de unos once metros por lado. Tiene un total de cuatro plantas con escalera central que desarrolla un interesante sistema de bóvedas, con una altura total aproximada de 23 metros. Restaurada en 1996, cuenta con una colección museográfica permanente. Sus dimensiones y complejidad constructiva la sitúan entre las torres islámicas más grandes y mejor conservadas de la Comunitat Valenciana.

Torre Muza o de la Huerta

Construida durante el periodo almohade, hacia el siglo XII, sobre una base troncopiramidal de mortero con piedras, de poco más de 10’60 metros de lado, desarrolla tres plantas con muros de tapial que llegan a más de 15 metros. El acceso se practicaba a través de una puerta elevada, con un balcón matacán en el primer piso i ventanas aspilleras en las plantas superiores. Rematada con almenas, en sus esquinas abría nuevos balcones defensivos. En su interior, las diversas plantas fueron arrasadas y sustituidas, ya en época cristiana, por una triple arquería ojival de cronología incierta (siglos XIV o XV), y fue remodelada como torre palomar, con numerosas cavidades. Si en principio formó parte del sistema defensivo islámico, su pervivencia se asocia a la defensa del agua de las fuentes vecinas (Fuente de Muza y Fuente de la Torre) así como a una posible finalidad fiscal, dada su proximidad a una de las principales cañadas del entorno.

Subterráneos de la plaza

Bajo la Plaza Mayor se encuentran los restos del antiguo “celler” (entendido en su definición como “despensa/bodega subterránea” de la casa señorial) datable en el siglo XVI. Se desarrolla en subterráneo, paralelo a la fachada, con arcadas apuntadas de ladrillo y realzados laterales, donde quedarían depositadas las jarras y guardados los odres que conservaban el aceite y el vino de los señores, según se documenta en 1623, en la vinculación del señorío: “totes les botes dels cellers i gerres per a tenir mil arroves de oli”. Construcción aún no excavada en su totalidad, permite observar al fondo el brocal del antiguo pozo / aljibe de la plaza, cercano a la antigua carnicería (también regalía del señorío), hecho que nos demuestra que la casa palacio era, además de residencia, el centro de producción de la señoría.

Casa-Palacio de los Falcó

Conocida como palacio de los Falcó de Belaochaga, barones de Benifaió desde 1615, por el escudo heráldico de la familia que se encuentra en la esquina de la Plaza Mayor. La casa solariega, de orígenes inmemoriales y mucho mayor en extensión, se edificó alrededor de la torre ya existente, razón por la cual también recibió el nombre de “castillo”. Fue residencia señorial al tiempo que centro de producción de la señoría. En 1691 quedó afectada por grandes lluvias. Ya en 1849 la Alcaldía de Benifaió adquirió la mitad del palacio para habilitarlo como casa ayuntamiento, escuelas públicas, prisión y otras dependencias.

Escudo de los Falcó de Belaochaga

El escudo heráldico de la familia Falcó de Belaochaga se encuentra en la esquina de la Plaza Mayor de Benifaió, sobre la arista de la casa-palacio. La certificación real de linaje y armas, emitida con motivo de su ascenso nobiliario en 1615 lo describe así: “… un escudo partido en quatro quarteles: en el primer y postrer quartel, en cada uno, en campo azul, una lisonja de oro, y en ella una águila de gules rampante, y en los otros dos quarteles, en campo de plata, en cada uno un puerto javalí de sable, andante, y estas son sus armas”. Los Falcó, señores de Benifaió desde 1612, conservaron las rentas y derechos feudales hasta que en la tardía fecha de 1872 el ayuntamiento redimió los censos feudales por 300.000 reales (75.000 pesetas). Pocos años antes habían vendido la mitad del Palau al mismo Ayuntamiento. El escudo fue mutilado durante las revueltas antiseñoriales producidas a principios del siglo XIX.

Lavadero Municipal

Conocido como Lavadero de la Font de la Carrasca, se inauguró en 1925, urbanizando una antigua laguna sobre la histórica Acequia del Raval que, en dirección a la Marjal, regaba las tierras bajas de Benifaió i Almussafes. Se trata de un gran recinto ovalado i sombrío, con un corredor central cubierto a dos aguas con disposición perimetral y central de piedras de lavar inclinadas. Antiguamente disponía de una balsa aguas abajo para limpiar los animales y las ropas de personas enfermas, parturientas o difuntos. Fue el centro de socialización femenina de la población hasta bien entrado en siglo XX, cuando quedó en desuso ante la generalización de las modernas máquinas de lavar domésticas y la llegada del agua potable a las viviendas. Hoy se encuentra rehabilitado como parque, en el que se celebra en verano el tradicional “pato”.

Mercado Municipal

Proyectado hacia 1926 por el joven arquitecto Emili Artal i Fos, se inauguró el 1 de diciembre de 1929, considerado uno de los más modernos de la provincia de Valencia. Construido en estilo racionalista, bajo criterios higienistas, abre una amplia nave, con soportes metálicos y dos fachadas, mientras que las paradas se disponen en cuerpos longitudinales de menor altura, lo que permite la ventilación y la apertura de lucernarios. La monumental fachada principal, acompañada por una estilizada torre que escondía un depósito de agua, se abre un profundo arco ojival que aloja tres arcos de acceso y está rematada por un hastial de piedra escalonado y rematado por un relieve con una “alegoría de la abundancia” del escultor Vicente Beltrán Grimal, obra cumbre del denominado “art-decó” valenciano. El mercado contaba con dependencias de administración, vivienda y repeso. Cabe destacar también la decoración interior y el enrejado artístico de la entrada, que en el proyecto inicial recorría todo el edificio.

Processó del Foc en Honor a la Divina Aurora

Conocida también como la “festa dels fadrins” se celebra al atardecer de cada 20 de agosto, durante el ciclo de las fiestas patronales. Los clavarios de la Divina Aurora y diversos colectivos iluminan la procesión con cohetes sostenidos con tenazas de madera a lo largo de la conocida como “volta general”. Fiesta ritual de carácter ancestral que culmina con una espectacular entrada de la imagen a la iglesia parroquial de san Pedro, cuando se hace pasar la imagen entre un arco de fuego entre cohetes de lujo, entre el fervor y la admiración de locales i foráneos. La Processó del Foc de Benifaió ha sido reconocida como Bien Inmaterial de Relevancia Local y Fiesta de Interés Turístico Local por la Generalitat Valenciana.