A veces me pregunto hasta qué punto nuestra percepción de la realidad acaba deformando la propia realidad. Estos días lo veía con el fenómeno de . Miles y miles de personas comprando entradas. Colas interminables. Hoteles llenos. Personas emocionadas. Gente disfrutando y siendo feliz durante horas. Y, aun así, aparece otro porcentaje de personas absolutamente enrocadas en el mismo discurso: “no canta bien”, “no se le entiende”, “no entiendo cómo puede gustar”.