Abstract
El desplazamiento de la filosofía de Jacques Derrida no se realiza desde dentro ni desde fuera de ella, es más bien, simultáneamente, un efecto desde estos dos lados. La obra derridiana se coloca de este modo, como un intersticio, una bisagra señalando el dominio de la filosofía y lo que escapa a su discurso. Así, Derrida aparece, también simultáneamente, como un filósofo y como alguien fuera de la filosofía. Su pensamiento resulta entonces como un proceso que, al describir la construcción de la filosofía por ella misma, no puede ser encerrado en el dominio de ésta. Aunque esta falta de pertenencia al dominio filosófico no excluye la referencia constante a la filosofía en el pensamiento derridiano.