Abstract
De finales del siglo VI al XI, los obispos africanos mantuvieron contactos frecuentes con los papas. Los pastores africanos adoptaron en su mayoría un enfoque pragmático, recurriendo a Roma cuando les convenía e ignorando a los papas cuando no necesitaban su apoyo. Esto es especialmente evidente en el caso de Cartago, cuyo prestigio como ciudad más importante de África no se correspondía con una hegemonía universalmente reconocida sobre las demás sedes metropolitanas. El obispo de Cartago cultivó una relación especial con Roma para superar la embarazosa brecha entre su autoridad teórica y la real, que se hizo mayor tras la conquista árabe. Sin embargo, el hecho de que la mayoría de los testimonios sobre la historia del cristianismo africano altomedieval estén relacionados con los papas da lugar a una impresión errónea de la relevancia tanto de su apoyo como de la propia Cartago, ya que los pontífices, comprensiblemente, se detuvieron en las peticiones de ayuda procedentes de la ciudad más importante de la antigua África y dejaron de lado la correspondencia más mundana con otras sedes. Cuando las cartas papales empezaron a conservarse de forma más sistemática en el siglo xi, quedó claro que otros obispos africanos estaban dispuestos a aprovecharse de Roma para promover sus propios intereses.