Abstract
Este artículo argumenta que la pregunta "¿puede la filosofía ser científica?" está mal formulada porque confunde dos actividades distintas: filosofar, entendido como un ejercicio creativo de primer orden que produce pensamiento nuevo, e investigar sobre filosofía, un ejercicio reflexivo de segundo orden que estudia sistemáticamente ideas ya producidas. Se sostiene que la primera actividad no puede ni debe someterse al método científico sin perder su naturaleza, mientras que la segunda puede y debe aspirar a estándares de rigor metodológico equivalentes a los de cualquier disciplina investigativa. El argumento se apoya en la propuesta de Fernando Canale sobre los cuatro componentes del método filosófico de investigación, en la tradición del debate entre filosofía científica y especulativa, y en evidencia empírica de un estudio sobre veinticinco trabajos finales de investigación de licenciatura en filosofía, cuyos resultados muestran que la ausencia de esta distinción conceptual se traduce en deficiencias metodológicas sistemáticas.