

Mexicana de nacimiento, lusófona por amor, donostiarra por adopción y ciudadana del mundo por convicción. Mujer de espírtu renacentista, de convicciones platónicas, practicante de un pitagorismo agnóstico y con una retórica para iniciados. Contradictoria a lo sumo y agradecida hasta el alma. Discrepante del principio de identidad en la apuesta al cambio. Creyente de la mismidad en la memoria, cuya máxima virtud es el olvido. Locamente apasionada por la vida y viva con una pasión loca. Si esto no me define, entonces nada podrá hacerlo...