Susana podría titularse La mujer insecto, como la película de Shohei Imamura, si no fuese una obra de una sofisticación mucho más rara, antimetafórica. La sofisticación de ceñirse limpiamente a un esquema de "moral burguesa tentada y feliz llamada al orden", y a la vez dinamitar esa moral y a todos y cada uno de sus representantes. O, en corto, la sofisticación de una imagen capaz de negar mil palabras. La "insectidad" de Susana, hermanada con la araña a la…