Me gusta mucho como Fassbinder no sólo no oculta el origen teatral de la película, sino que lo potencia para darle mayor fuerza expresiva. Una impureza conceptual que indignaría a Godard, de la que resulta una obra espléndida y mestiza.
Me gusta mucho como Fassbinder no sólo no oculta el origen teatral de la película, sino que lo potencia para darle mayor fuerza expresiva. Una impureza conceptual que indignaría a Godard, de la que resulta una obra espléndida y mestiza.
Juana no quiere rebelarse contra el orden feudal, sino restaurarlo en su figura más conspicua, el Delfín de Francia. Pero es mujer, y con ello, aunque inconscientemente, lo subvierte.
¡Qué grandísima película, y qué grandísimo el cineclub del Milán!
No diré que no sea una película potente, que lo es. Incluso impresionante en el uso de la coreografía, la cámara y el color. Pero diré que por encima de eso es excesivamente cruel. No porque sea violenta (que por algo es una película de terror), sino porque humilla a los personajes y deja al espectador sin justificación para lo que ve. Es más, diré que Climax utiliza esa crueldad como una provocación que incrementa su innegable capacidad de fascinar.…
Me pareció una fábula ambigua, como se puso de manifiesto en el debate del cineclub. La ambigüedad no es, a mi juicio, un defecto. En ocasiones es una caja de resonancia, y en este caso pienso que así funciona. Una ambigüedad que niega la ingenuidad de la cinta sin anular su mero disfrute como eficaz película de terror, que también es.
Me quedo con el final de Pelayo, sea o no el de la directora.