En La carroza de oro, French Cancan y Elena y los hombres, que conforman una especie de trilogía, Renoir devuelve su prestigio a tres formas de espectáculo: la commedia dell’arte, el café-concierto y el guignol. Porque, en Élèna, aunque no veamos telón, escenario ni hilos, nos encontramos en el guignol. El guignol representa una dimensión permanente del universo de Renoir, tanto en sus dramas (recordemos el prólogo de La chienne) como en sus comedias. Aquí triunfa tanto en el estilo…