Ella está de Óscar, él de Razzie.
Es fácil adivinar que Hendler debe ser un gran fan de Marini y que, entre los objetivos que perseguía con esta película, estaba el de darle un vehículo para su lucimiento. La mala noticia es que su personaje es tan excesivo que, aunque en ocasiones puede resultar gracioso, también puede acabar siendo cargante. El desarrollo de la historia (algo parecido a una investigación) no es precisamente apasionante y Hendler tampoco es capaz de hacer una película atractiva desde la dirección. En su tramo final busca de manera desesperada emocionar al espectador pero lo único que consigue es dar 'cringe'.