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A la gente aparentemente le cuesta reconocerlo, pero qué bueno es Kenneth Branagh. Una película sencilla, simpática y muy bien escrita, con golpes de humor que funcionan de mil maravillas y algunos puntos dramáticos (conflictos familiares, soledad, depresión, alcoholismo) que, lejos de romper el tono de la historia, le ofrece ese tono cálido y cercano. Y bendita Emma Thompson, reina de los 90.
Un panfleto burdo, agrio y ruborizantemente doctrinario y categórico, con algunas virtudes (Moore, principalmente; y la música o el apartado visual), pero también excesivos defectos.
Por un lado, es complicado empatizar con un personaje tan antipático y poco desarrollado como el de Martha (Swinton), y sin conexión con su conflicto, la película pierde todo interés. Sí, se deja ver, mantiene un buen ritmo, es entretenida y tiene varios momentos inspirados, pero Almodóvar está tan empecinado en presentarnos un dilema simplificado…