Un respeto absoluto por el tema y por cada uno de los personajes del guion. A eso, súmale una sobria dirección de actores y de puesta en escena, y un clímax sutil que funciona con brillantez a la hora de resolver la historia.
La guinda la pone una pieza musical de Víctor Cerrejón que no ha dejado de resonar en mi cabeza desde ayer por la tarde, cuando salí de una sesión vespertina en el cine.
Después de "Cinco lobitos"…