Fuente de luz y manantial de vida para el amante mozo, el velo rompe de su terrena humanidad y su alma en el dintel del paraíso pone.
--- Y el sol por el firmamento a largo andar se venía, cuando llamó soñoliento desde su oscuro aposento el conde Sancho García. Montero, como le oyó, de la mampara al dintel atento se presentó, y tras algo que le habló cerróse dentro con él.
El clarín tocó tres veces llamada de honor y al apagarse la última nota, al llegar el general en jefe al dintel de la puerta, de tal manera más alevosa, más cobarde, más villana, a quemarropa, sin dar tiempo para empuñar ni las pistolas, los soldados que presentaban armas descargaron dos veces sus fusiles, y nuestro general Zapata cayó para no levantarse más.
Miran todos a la casa Por fuera de las paredes, Como si a través pudieran Ver lo que dentro sucede, Y el dintel los alguaciles A pasar sin atreverse, Se desgañitan de miedo, Y al auditorio ensordecen.
Dijera aquí alguien: ‘A qué tú aquesto, puerta, sabes, a quien nunca de su dueño al umbral faltar lícito es, ni al pueblo auscultar, sino aquí, fijada bajo el dintel, sólo cerrar sueles o abrir la casa.’ 40 A menudo a ella he oído, con furtiva voz, hablando sola con sus doncellas estas sus desvergüenzas, por su nombre diciendo los que dijimos, cual capaz es la que, que yo, esperara, ni legua tenga ni oidillo.
Al entrar al corralón sintió un aire opresor, resistente, que lo obligó a detenerse. Era como si allí, en el dintel, terminara un mundo y comenzara otro fabricado de barro, de rugidos, de absurdas penitencias.
Mi primer movimiento fue arrojarme a las puertas para cerrar el paso; pero al asir sus hojas sentí sobre mis hombros una mano formidable cubierta con un guantelete, que, después de sacudirme con violencia, me derribó sobre el
dintel.
Gustavo Adolfo Bécquer
Y Dios la bendecía, porque consolaba a un alma triste. Una día llegó un brazo hasta el
dintel, otro levantó un renuevo, otro se curvó en arco.
Tomás Carrasquilla
Lo transportaron, entre el ruido de las olas y de los gritos tumultuosos que se oían a su paso, hasta la cabaña donde el otro cuerpo descansaba ya. Pero después de depositar la carga en el dintel, se miraron y se volvieron hacia mí, hablando en voz baja.
tan joven, de tan ilustre prosapia..., el nieto de Rodolfo, de mi emperador, de mi soberano... perseguido por asesino, está allí, en el dintel de mi puerta, en mi pobre dintel..., suplicante...
Sólo tras de la suerte de esa transformación, dulce y divina, hacia el dintel oscuro de la muerte la ancianidad camina, desatando los lazos con que aduna su doble ser la desigual fortuna; y a par que fluye al corazón más lenta la sangre, cobra el corazón más calma, y es más lodo la carne macilenta, más espíritu el alma.
Un escudero apareció en el
dintel con un manojo de llaves en la mano, restregándose los ojos y enseñando al bostezar una caja de dientes capaces de dar envidia a un cocodrilo.
Gustavo Adolfo Bécquer