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- Conjugador: El conjugador le permite conjugar cualquier verbo, siempre que su terminación coincida con la de un modelo existente. Puede ser un verbo imaginario o mal escrito, pero también verbos recientes que aún no han sido agregados a nuestras tablas de conjugación, como: entocar, vapear, wasapear.
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Un tema cardinal
Etimológicamente “cardinal” viene del latín cardinalis – cardinis que significa “bisagra”. Por extensión, hace referencia a aquello sobre el que pende o giran otras cosas (dependencia, fundamental, principal). De hecho, cuando de un tema dependen otros, decimos del primero que es un tema bisagra.
Así tenemos, por ejemplo, los números cardinales que se refieren a los principales para designar cantidad en forma entera y no a los que hacen mención a la posición con respecto a otros números (número ordinales: primero, duodécimo), ni a los que expresan división de un todo en partes (números partitivos: mitad, cuarta). En teología las virtudes cardinales son: justicia, prudencia, templanza y fortaleza. En la brújula, los puntos más importantes son: norte, sur, este y oeste. En astronomía, las constelaciones más sobresalientes son: Aries, Cáncer, Libra y Capricornio.
La palabra también tiene relación con cardenal, que son cada uno de los prelados (principales) que conforman el colegiado consultivo del Papa.
Seagate Central 2TB Network y Windows 10

Windows 10 desabilita SMB1 (protocolo para acceder a un disco duro en red) lo que hace imposible el acceso a Seagate Central.
Para habilitarlo: Panel de control >> Programas y características >> Activar o desactivar las características de Windows >> Compatibilidad con el protocolo para compartir archivos SMB 1.0/CIFS:
Cliente SMB 1.0/CIFS [Activar esta casilla]
Eliminación autómatica de SMB 1.0/CIFS
Servidor SMB 1.0/CIFS
Seleccionar «Cliente SMB 1.0/CIFS» (en contra de la recomendación en línea).
Por último, reiniciar la PC.
Universidad y competencias
¿Cómo la Universidad está respondiendo al encargo social con la que fue creada?
Entiendo que esta cuestión connota dos dimensiones: una de ellas se instala en el ámbito trascendental, y otra, en lo inmanente. Desde la primera perspectiva, creo que el encargo mayor de la universidad es, como nos dice Derrida, la verdad. “La universidad hace profesión de la verdad. Declara, promete un compromiso sin límite para con la verdad. […] [E]sa inmensa cuestión de la verdad y de la luz, la cuestión de las Luces –Aufklärung, Enlightenment, Illuminismo, Ilustración, Iluminismo– siempre ha estado vinculada con la del hombre” (Derrida 2002, 10). En este sentido, la profesión de verdad se establece desde la misión que la universidad ha asumido. Así, sin entrar en discusión sobre el estatus, el devenir y el valor de la verdad, encontramos expresiones y modos de aparecer de la verdad. Desde esta premisa, entonces, entiendo que la Universidad responde a su encargo social desde sus elementos configuradores e identitarios. Ahora, si nos atenemos a los resultados, al plano inmanente, es decir, si entendemos la pregunta como: ¿podríamos decir que la Universidad, en nuestro país, ha cumplido con el rol o misión para la cual fue creada?, ¿encontramos en nuestro medio avances, desarrollo, respuestas a las interrogantes (de todo tipo) que nos han surgido?, ¿hemos producido suficientemente como para poder decir que aquello en lo que hemos invertido todos nuestros esfuerzos han sido suficientes?, ¿valió la pena apostar por proyectos de tal envergadura, como la Universidad, en nuestra sociedad? En este plano veo una cierta frustración en la apuesta por tales y cuales proyectos. Esto me permite decir que no se ha respondido y no se responde adecuadamente a las demandas de nuestra sociedad. Creo que la Universidad se está convirtiendo en un centro ideológico, antes que en un espacio crítico como nos pedía Derrida en su “Universidad sin condición”. De ahí, me parece interesante la propuesta de Luis Alberto Vaca Cuéllar al decir que “convendría realizar una autoevaluación del cumplimiento de la misión asumida para precisar los juicios en torno a si se está respondiendo” a aquello para la cual fue concebido la Universidad. Sin embargo, esto no es fácil ya que, como nos dice Elizabeth Cadima Pinto, la Universidad tiene una “tarea compleja”. Esto no significa que sea imposible, pero que sí demanda compromiso, paciencia y dedicación constante. Bibliografía: Derrida, Jacques. Universidad sin condición. Madrid: Trotta, 2002.
¿Cómo a partir del enfoque de Formación Basada en Competencias (FBC) la Universidad puede responder de manera adecuada a los requerimientos y necesidades del contexto?
En su “Tesis sobre Feuerbach”, Marx nos dice que “[l]os filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversas maneras; de lo que se trata es de transformarlo” (Marx, Tesis sobre Feuerbach, Cit. por F. Canals en “Textos de los grandes filósofos: edad contemporánea”. Barcelona: Herder: 1990, p. 22). Bajo esta premisa, entiendo que la Universidad no se ha instalado más que en ese plano cognoscitivo, teórico, trascendente, idealista y no se ha atenido a lo que justamente permitía todo ese movimiento: digamos, la vida misma. Por ello nos dirá Ortega y Gasset: “La tragedia del idealismo radicaba en que habiendo transmutado alquímicamente el mundo en «sujeto», en contenido de un sujeto, encerraba a éste dentro de sí y luego no había manera de explicar claramente cómo si este teatro es sólo una imagen mía y trozo de mí, parece tan completamente distinto de mí. […] Es, sencillamente, que la realidad primordial, el hecho de todos los hechos, el dato para el Universo, lo que me es dado es… «mi vida»” (Ortega y Gasset 1966-1969). En su comprensión de la verdad en un plano netamente trascendental la Universidad se ha desprendido de su plano inmanente y se ha quedado como lo que todo mundo llama “teoría”, pues la realidad es otra cosa. Por lo menos ésta es la experiencia de la mayoría de nuestros profesionales: que cuando son contratados por alguna empresa o proyecto entienden que deben aprender todo de nuevo, ya que la “realidad” es diferente a la teoría que aprendieron. Esta dicotomía, creo, es peligrosa, alienante y frustrante. Con todos estos elementos, encuentro que la FBC, trata de recomponer esa dicotomía entre “teoría” y “realidad”. Es una suerte de recuperación de los elementos vitales de nuestra existencia. Así, la FBC recupera al ser humano en sus múltiples aspectos (no sólo idealista o ser cognitivo) y nos devuelve una humanidad más “capaz” de atender sus asuntos (problemas, cuestiones, dudas). Por lo tanto, La FBC, comprendo, atiende a todas las dimensiones del ser humano (pensamiento complejo y los principales saberes humanos), y permitirá, a la Universidad, dar una respuesta “adecuada” a las principales demandas sociales. Bibliografía: Ortega y Gasset, José. ¿Qué es filosofía?,. Vol. VII, de Obras Completas, de José Ortega y Gasset, 401-411. Madrid: Revista de Occidente, 1966-1969.
Domingo G-A
Lenguaje y amistad
La exposición de Daniel Cassany[1] presenta tres propuesta de comprensión sobre el lenguaje a partir de la cual desarrollará sus principales temas de interés. En su trabajo, el experto, claramente defiende una lectura y escritura que van más allá de la codificación y decodificación (más allá de la lingüística y psicolinguística). ¿Qué más podemos encontrar a favor de la mirada sociocultural sobre el lenguaje a partir de la identidad narrativa y la deconstrucción?
El lenguaje apunta más allá de ser meramente una capacidad del indivíduo. Su destino nos permite mucho más de lo que pensamos o creemos. Mediante ella participamos de la herencia cultural de nuestros padres y ancestros. Dicha participación se da en una dialéctica de tradición e innovación. Tanto es así que la comprensión del lenguaje es imposible sin la comunidad (habla).
En la historia del pensamiento esto nos remite al “zoon logon ekhon”de Aristóteles quien resaltaba con ello la capacidad (logos) que permite relacionarnos entre nosotros (seres humanos) y que en definitiva es promotora de la comunidad (polis). Esta es comprendida como una imbricación de relatos-narraciones que configuran, al fin, nuestra identidad personal.
Nuestras historias no son pues aisladas, sino que están más bien enredadas con las de los otros. Por ello afirma Ricœur que “[l]as historias vividas de unos se imbrican en las historias de la vida de los otros, de mis padres, de mis amigos, de mis compañeros de trabajo y de ocio”[2]. Al recibir tales relatos como parte de nuestra historia efectiva se constituye en elementos de nuestra identidad.
Aquí se establece un círculo entre la identidad del pueblo y sus relatos sobre ella misma. El pueblo expresa en sus relatos su identidad, y esos relatos, a su vez, refiguran la identidad del pueblo[3]. Esto nos muestra que el lenguaje-relato es mucho más complejo de lo que presentan los enfoques lingüista y psicolinguista, centrados en el individuo: el estructuralismo lingüístico y el neopositivismo.
Para estructuralismo linguístico el lenguaje es una estructura cerrada, autónoma de dependencias internas entre los propios signos. Mientras que para el neopositivismo el lenguaje «se ve reducido a su función apofántica y descriptiva en aras de un lenguaje “más preciso, más unívoco, en una palabra más técnico, más apto a esas formalizaciones integrales que llamamos lógica simbólica”»[4].
Derrida entiende que estas posturas sobre el lenguaje son pobres. Más bien, rescata aquellas formas olvidadas y que despiertan malos entendidos en el texto: metáforas, símbolos, u otro tipo de recursos linguísticos y literarios para demostrar que «el significado del texto no es justamente el que se está proponiendo, sino otro»[5]. Esto hace posible la expansión de la cretividad, la poética, la hermenéutica.
De esta manera «el valor de la verdad de un enunciado no está garantizado por la ligadura de éste a un sujeto emisor, el emisor y su mensaje están necesariamente distanciados por la propia esencia del lenguaje»[6]. El lenguaje, en última instancia, permite humanizarnos y humanizar el mundo: construir comunidad, establecer una cultura, heredar unas tradiciones, aprender a vivir. Es más que codificar y decodificar. Ya por algo Aristóteles decía que: «Es absurdo hacer al hombre dichoso solitario, porque nadie querría poseer todas las cosas a condición de estar solo. Por tanto, el hombre feliz necesita amigos»[7].
[1] Cassany, Daniel. Enseñar a leer y escribir hoy en la universidad. 26 de julio de 2014. https://www.youtube.com/watch?v=xCOHurJ04fM (último acceso: 29 de enero de 2018).
[2] Ricœur, Paul. Tiempo y Narración II. Configuración del tiempo en el relato de ficción. México: Siglo Veintiuno, 1995, pp. 772
[3] cf. Ricœur, Paul. Tiempo y narración III. El tiempo narrado. México: Siglo Veintiuno, 1996, pp. 999
[4] Rodríguez, Francisco Javier. «Paul Ricoeur y posmodernidad. Hermenéutica y esperanza para unos tiempos en crisis.» Paideia. Revista de filosofía y didáctica filosófica, nº 25 (enero-marzo 1994), pp.11.
[5] Derrida, Jacques. Márgenes de la filosofía. 2ª. Madrid: Cátedra, 1994, pp. 9.
[6] Ibid.
[7] Aristóteles. Ética Nicomáquea. Ética Eudemia. Madrid: Gredos, 1985, pp. 370.

