Ya por la calle de la ira descompuesto seguía las pendencias pisando sangre y heridas; ya por la de la
gula veía responder a los brindis turbados.
Francisco de Quevedo
os efectos que todos conocemos del estrés son: ansiedad, cólera, depresión, desesperación, impotencia, resentimiento, hostilidad, irritabilidad, gula, dolor físico, insomnio, problemas de adicción entre otras cosas, según McKay (1985), pero esto ocurre cuando el estrés es negativo, ya que también existe el positivo.
X De espumas sufre el Betis argentado remos que lo conduzgan, ofreciendo el oro al tierno Alcides, que guardado del vigilante fue dragón horrendo; delicias solicita su cuidado a las nudosas redes, exponiendo lo que incógnito más sus aguas mora, que extraña el cónsul, que la gula ignora XI Napea en tanto a descubrir comienza bien peinado cabello...
Y como supo sacar cierta su sospecha, tuvo sospecha de Bruto y de Casio, y no de Marco Antonio y Dolabela, hombres abultados con las desórdenes de la gula, ocupados en afeminar las propias asperezas varoniles, a quien solamente deben temer las rameras por competidores.
Pues todos son hipocresía, y en ella empiezan y acaban, y della nacen y se alimentan la Ira, la
Gula, la Soberbia, la Avaricia, la Lujuria, la Pereza, el Homicidio y otros mil.
Francisco de Quevedo
No hubo en aquellos días cuaresmales promiscuaciones ni excesos de
gula; pero en cambio se fueron derecho al cielo innumerables ánimas, y acontecieron cosas que parecen soñadas.
Esteban Echeverría
Se acercó con cautela y vio en el fondo de la abertura diez o doce bolas oscuras, del tamaño de un huevo. —Esto es miel —se dijo el contador público con íntima
gula—.
Horacio Quiroga
Quieren que se vaya a cazar más allá de Phaso para proveer a su ambiciosa cocina; atrévense a ir en busca de aves hasta entre los Parthos, de los que todavía no nos hemos vengado. De todas partes se hace venir lo que puede satisfacer las exigencias de su desdeñosa gula.
Aquellos hombres, sumidos en las tinieblas de la ignorancia, sin otra luz por gula que el fanatismo de sus absurdas creencias, los consideramos muy lejos de ser la obra completa de la suprema creación, a lo sumo, la tosca piedra arrojada al fango para servir de cimiento al soberbio edificio cuyo coronamiento formamos nosotros.
No así la que sestea sus rebaños de cabras en las grutas de las pardas montañas de Judea; la que adorna su sien con las guirnaldas de las campestres flores, y las frutas maduras lleva en las cogidas faldas; la que en el pozo bíblico, a la sombra de las verdes palmeras, llena el ánfora frágil, y al que nombra tierna en el corazón buscan sus ojos; la que gula el tropel de espigaderas por los largos rastrojos...
Yo anduve de covacha en covacha comprándole su leche al niño ajeno; cada vez que encontraba una muchacha, con cierta gula le miraba el seno.
Otro aún, a quien se ha encomendado la censura de los invitados, permanece el infeliz en pie tratando de aquilatar a quienes la habilidad en la adulación o la intemperancia de la gula o la lengua les vale ser invitados otro día.