Abstract
Este ensayo propone el concepto de socialismo cultural como categoría analítica para describir la interiorización de axiomas y premisas estatistas en sociedades contemporáneas, con independencia de la etiqueta ideológica que los sujetos declaren. Mediante un paralelismo con la figura del “ateo católico” término acuñado por Gustavo Bueno, y apoyándose en la definición praxeológica de socialismo de Jesús Huerta de Soto como agresión institucional sistemática contra el libre ejercicio de la función empresarial o acción humana, se sostiene que gran parte del debate público ocurre dentro de una lógica moral estatista previamente normalizada. Desde el marco del anarcocapitalismo ético, el texto ofrece un criterio de refutación basado en autopropiedad, realismo moral y la propiedad privada como materialización del tiempo vital. El objetivo es diagnosticar un marco cultural que antecede a las ideologías explícitas y condiciona lo pensable. Se concluye que la disidencia debe ser moral y epistemológica: exige revisar supuestos, recuperar precisión conceptual y reabrir preguntas éticas que el lenguaje político dominante ha dejado a voluntad fuera del debate público.