[FF conjunto] Ashes on Mars (2 - segunda mitad/12)
Titulo: Ashes on Mars
Autoras:
jshepard ,
hellopinkie &
ocsarah
Fandom: Life on Mars & Ashes to ashes
Rating: Adulto en general, especialmente por lenguaje. AU.
Pairings: Gene/Alex, Sam/Annie, principalmente. O al menos, ellos son los que llevan el peso canon de todo esto. No está en nuestras manos que de esto surja un nuevo fandom...
El día había sido largo como una maratón de películas mudas y Annie estaba agotada. Apenas quedaba nadie en el departamento. Steve llevaba prácticamente todo el día fuera y el resto de los chicos se había ido mucho antes.
Seguía revisando los informes preliminares del caso Jackie Queen. Por ahora sabían que había salido de su casa a eso de las 8 porque había quedado con alguien, pero su madre apenas podía respirar cuando hablaron con ella, así que habían decidido seguir con las preguntas al día siguiente. El resto de información provenía directamente de los forenses: había sido golpeada en la cara repetidas veces con el puño, hasta dejarla inconsciente y provocándole la rotura del tabique nasal y del pómulo. El forense había concluido que el agresor era diestro. Una vez en el suelo, el asesino la había golpeado en el abdomen varias veces, causándole hemorragias masivas, y había terminado por descerrajarle un tiro en la cabeza. Murió al instante.
El ruido de la puerta a sus espaldas la sobresaltó. No esperaba que hubiera nadie allí con ella a esas horas. Pensó que sería Steve que había vuelto, así que se dio la vuelta con una sonrisa, esperando poder meterse un rato con él y con su “rapidez” consiguiendo declaraciones. Pero la sonrisa se le congeló en la cara. No era Steve, ni mucho menos, quien le sonreía desde la puerta. No era Steve el que la miraba, no era su olor el que llegaba hasta ella. Se levantó sin poder creer lo que estaba viendo y cada paso que daba le confirmaba quién estaba allí. Sam.
Estaba apenas a unos pasos, sonriendo, como siempre que la veía y fue él quien recortó la distancia que los separaba y la abrazó con fuerza. Dios, como le había echado de menos. Le había necesitado tanto que prefirió no pensar en él, pero ahora estaban de nuevo juntos. Esta vez era real, estaba allí mismo, podía sentir el cuero de su chaqueta bajo sus manos mientras le abrazaba, como iba humedeciendo la chaqueta con sus lágrimas mientras le preguntaba qué hacía allí y cuando había vuelto.
Pero Sam no contestaba. Solo seguía sonriendo, podía ver lo feliz que era estando de nuevo junto a ella. Se separó, solo unos centímetros y le cogió la cara entre sus manos. Su piel era cálida y suave, como la última vez que la tocó. Y entonces ocurrió. Se acercó a ella y la besó. Un beso suave, casi tímido. Como si fuera a romperse. Annie no pudo evitar llorar, porque en ese momento se dio cuenta de que no podría seguir adelante sin él. Sam se separó de ella y limpió sus lágrimas con los pulgares. Ya no sonreía, tenía esa mirada preocupada que no conseguía quitarse de encima cuando tenían un caso difícil... o las pocas veces que hablaban de su pasado en Hyde.
- Sam... ¿Qué te ocurre? ¿Qué pasa?
- No fue culpa suya, Annie. Él no es el culpable – son las primeras palabras que le escuchaba y el choque de su aliento contra su piel envió escalofríos por todo su cuerpo – No dudes de Gene, por favor.
- ¿Dudar de Gene? – se separó de ella y fue caminando hacia atrás – Sam, ¿de qué hablas? ¿A dónde vas? – empujó la puerta con el hombro y la levantó la mano - ¡SAM!
Seguía en la oficina pero no había ni rastro de Sam. Se dio la vuelta y miró la puerta. Estaba cerrada, como correspondía. Había vuelto a soñar con él. Solo que esta vez había sido diferente, tan real que todavía creía que podía captar su olor en su ropa y en su pelo. Pero lo que más le preocupaba eran sus palabras. ¿Por qué había dicho que él no fue el culpable? ¿Y por qué no tenía que dudar de Gene?
- Que estas queriendo decirme... – dijo en voz alta mientras miraba una y otra vez las fotografías de la escena del crimen.
Entonces lo vio. No se había dado cuenta hasta ese momento. ¿Cómo iba hacerlo? Era un simple abrigo. Pero para ella no. Ese abrigo era de Gene Hunt. “No fue culpa suya, Annie. Él no es el culpable”
- ¿A qué te referías exactamente, Sammy? – preguntó descolgando el teléfono y mirando fijamente una fotografía de Sam que había sobre su mesa – Esta bien, acudamos al que sabe.
Sin dudarlo un instante, marcó rápidamente el número del CID de Londres y esperó pacientemente a que alguien lo cogiera.
- Jefa – Steve entró como un vendaval y Annie colgó inmediatamente – He hablado con la hermana de Jackie Queen. Tengo algo.
- Tú dirás
- Según su hermana, Queen recibió una llamada ayer por la tarde. Estaba con ella y el niño y pudo oírla casi toda. Parecía importante, no paraba de repetir que no se preocupara, que se verían y lo solucionarían, que ella no le había pedido nunca nada y no lo iba a hacer ahora. Cuando colgó, parecía algo asustada así que le preguntó quién había llamado...
- ¿Y bien? Steve, te juro que no estoy con ánimos para pausas dramáticas.
- Queen contestó que “el jodido Gene Hunt ha debido olvidar que jamás le he necesitado ni le he pedido nada”
- ¿Cómo? ¿Has dicho Gene Hunt? – no podía dar crédito a lo que estaba oyendo.
- Si, jefa. ¿Le conoce?
- Si, Steve. Gene Hunt fue DCI de este departamento durante años. Un gran policía. No puedo creer...
- Pues la hermana de Queen dice que ella le dijo que estaba muy nervioso y que había quedado en verle ayer a eso de las 9. Salió de casa sobre las 8:30 y ya ha visto donde ha terminado.
Annie guardó silencio. No podía creer que el jefe, su Jefe, estuviera implicado en la muerte de Queen. Vale, tenía mal genio y era de sobra conocido que no se profesaban precisamente cariño y admiración mutuos, pero... ¿matarla?
“No dudes de Gene”
Miró de nuevo la foto de Sam que la sonreía desde detrás del cristal. Él también dudó de Gene en una ocasión, pero como él mismo dijo “si no hay confianza, no tienes nada” y finalmente fue el único que se mantuvo a su lado hasta el final.
- Annie – la voz de Steve la apartó de nuevo de Sam – pareces cansada. Deberías irte a casa y descansar un poco.
- Estoy bien, Steve.
- Estoy preocupado por ti – dijo rodeando la mesa y colocándose detrás de ella – Estas completamente agotada. Vamos a tomar una copa, te despejas un poco y luego te llevo a casa.
- Inspector Limpton, ¿debo recordarle que soy su superior? – dijo Annie levantándose y quedando cara a cara con él – Olvidaré lo que acaba de sugerir. Ahora, es mejor que se marche a casa y centre su pensamiento en el caso que tenemos entre manos.
El hombre se apartó de ella con la mandíbula apretada. Lipmton llevaba poco menos de un año entre ellos y, a pesar de que no podía negar que era un excelente policía, no terminaba de gustarle. Había algo en él que disparaba ese sexto sentido que el Jefe tanto apreciaba... aunque tal vez solo fuera que intentaba por activa y por pasiva que salieran juntos y su insistencia le desagradaba. Decidió dejar de pensar en él y volver su mente al caso.
El viejo abrigo de Gene había sido encontrado en la escena, él la había llamado a su casa... demasiadas coincidencias. Mientras cogía su bolso y su chaqueta, pensó que al día siguiente volvería a llamar a Londres e intentaría hablar con él. Tal vez incluso lo mejor sería que se acercara por allí. Una sonrisa involuntaria asomó a sus labios. Si, sería genial volver a tener al Jefe dando gritos por allí.
Autoras:
Fandom: Life on Mars & Ashes to ashes
Rating: Adulto en general, especialmente por lenguaje. AU.
Pairings: Gene/Alex, Sam/Annie, principalmente. O al menos, ellos son los que llevan el peso canon de todo esto. No está en nuestras manos que de esto surja un nuevo fandom...
El día había sido largo como una maratón de películas mudas y Annie estaba agotada. Apenas quedaba nadie en el departamento. Steve llevaba prácticamente todo el día fuera y el resto de los chicos se había ido mucho antes.
Seguía revisando los informes preliminares del caso Jackie Queen. Por ahora sabían que había salido de su casa a eso de las 8 porque había quedado con alguien, pero su madre apenas podía respirar cuando hablaron con ella, así que habían decidido seguir con las preguntas al día siguiente. El resto de información provenía directamente de los forenses: había sido golpeada en la cara repetidas veces con el puño, hasta dejarla inconsciente y provocándole la rotura del tabique nasal y del pómulo. El forense había concluido que el agresor era diestro. Una vez en el suelo, el asesino la había golpeado en el abdomen varias veces, causándole hemorragias masivas, y había terminado por descerrajarle un tiro en la cabeza. Murió al instante.
El ruido de la puerta a sus espaldas la sobresaltó. No esperaba que hubiera nadie allí con ella a esas horas. Pensó que sería Steve que había vuelto, así que se dio la vuelta con una sonrisa, esperando poder meterse un rato con él y con su “rapidez” consiguiendo declaraciones. Pero la sonrisa se le congeló en la cara. No era Steve, ni mucho menos, quien le sonreía desde la puerta. No era Steve el que la miraba, no era su olor el que llegaba hasta ella. Se levantó sin poder creer lo que estaba viendo y cada paso que daba le confirmaba quién estaba allí. Sam.
Estaba apenas a unos pasos, sonriendo, como siempre que la veía y fue él quien recortó la distancia que los separaba y la abrazó con fuerza. Dios, como le había echado de menos. Le había necesitado tanto que prefirió no pensar en él, pero ahora estaban de nuevo juntos. Esta vez era real, estaba allí mismo, podía sentir el cuero de su chaqueta bajo sus manos mientras le abrazaba, como iba humedeciendo la chaqueta con sus lágrimas mientras le preguntaba qué hacía allí y cuando había vuelto.
Pero Sam no contestaba. Solo seguía sonriendo, podía ver lo feliz que era estando de nuevo junto a ella. Se separó, solo unos centímetros y le cogió la cara entre sus manos. Su piel era cálida y suave, como la última vez que la tocó. Y entonces ocurrió. Se acercó a ella y la besó. Un beso suave, casi tímido. Como si fuera a romperse. Annie no pudo evitar llorar, porque en ese momento se dio cuenta de que no podría seguir adelante sin él. Sam se separó de ella y limpió sus lágrimas con los pulgares. Ya no sonreía, tenía esa mirada preocupada que no conseguía quitarse de encima cuando tenían un caso difícil... o las pocas veces que hablaban de su pasado en Hyde.
- Sam... ¿Qué te ocurre? ¿Qué pasa?
- No fue culpa suya, Annie. Él no es el culpable – son las primeras palabras que le escuchaba y el choque de su aliento contra su piel envió escalofríos por todo su cuerpo – No dudes de Gene, por favor.
- ¿Dudar de Gene? – se separó de ella y fue caminando hacia atrás – Sam, ¿de qué hablas? ¿A dónde vas? – empujó la puerta con el hombro y la levantó la mano - ¡SAM!
Seguía en la oficina pero no había ni rastro de Sam. Se dio la vuelta y miró la puerta. Estaba cerrada, como correspondía. Había vuelto a soñar con él. Solo que esta vez había sido diferente, tan real que todavía creía que podía captar su olor en su ropa y en su pelo. Pero lo que más le preocupaba eran sus palabras. ¿Por qué había dicho que él no fue el culpable? ¿Y por qué no tenía que dudar de Gene?
- Que estas queriendo decirme... – dijo en voz alta mientras miraba una y otra vez las fotografías de la escena del crimen.
Entonces lo vio. No se había dado cuenta hasta ese momento. ¿Cómo iba hacerlo? Era un simple abrigo. Pero para ella no. Ese abrigo era de Gene Hunt. “No fue culpa suya, Annie. Él no es el culpable”
- ¿A qué te referías exactamente, Sammy? – preguntó descolgando el teléfono y mirando fijamente una fotografía de Sam que había sobre su mesa – Esta bien, acudamos al que sabe.
Sin dudarlo un instante, marcó rápidamente el número del CID de Londres y esperó pacientemente a que alguien lo cogiera.
- Jefa – Steve entró como un vendaval y Annie colgó inmediatamente – He hablado con la hermana de Jackie Queen. Tengo algo.
- Tú dirás
- Según su hermana, Queen recibió una llamada ayer por la tarde. Estaba con ella y el niño y pudo oírla casi toda. Parecía importante, no paraba de repetir que no se preocupara, que se verían y lo solucionarían, que ella no le había pedido nunca nada y no lo iba a hacer ahora. Cuando colgó, parecía algo asustada así que le preguntó quién había llamado...
- ¿Y bien? Steve, te juro que no estoy con ánimos para pausas dramáticas.
- Queen contestó que “el jodido Gene Hunt ha debido olvidar que jamás le he necesitado ni le he pedido nada”
- ¿Cómo? ¿Has dicho Gene Hunt? – no podía dar crédito a lo que estaba oyendo.
- Si, jefa. ¿Le conoce?
- Si, Steve. Gene Hunt fue DCI de este departamento durante años. Un gran policía. No puedo creer...
- Pues la hermana de Queen dice que ella le dijo que estaba muy nervioso y que había quedado en verle ayer a eso de las 9. Salió de casa sobre las 8:30 y ya ha visto donde ha terminado.
Annie guardó silencio. No podía creer que el jefe, su Jefe, estuviera implicado en la muerte de Queen. Vale, tenía mal genio y era de sobra conocido que no se profesaban precisamente cariño y admiración mutuos, pero... ¿matarla?
“No dudes de Gene”
Miró de nuevo la foto de Sam que la sonreía desde detrás del cristal. Él también dudó de Gene en una ocasión, pero como él mismo dijo “si no hay confianza, no tienes nada” y finalmente fue el único que se mantuvo a su lado hasta el final.
- Annie – la voz de Steve la apartó de nuevo de Sam – pareces cansada. Deberías irte a casa y descansar un poco.
- Estoy bien, Steve.
- Estoy preocupado por ti – dijo rodeando la mesa y colocándose detrás de ella – Estas completamente agotada. Vamos a tomar una copa, te despejas un poco y luego te llevo a casa.
- Inspector Limpton, ¿debo recordarle que soy su superior? – dijo Annie levantándose y quedando cara a cara con él – Olvidaré lo que acaba de sugerir. Ahora, es mejor que se marche a casa y centre su pensamiento en el caso que tenemos entre manos.
El hombre se apartó de ella con la mandíbula apretada. Lipmton llevaba poco menos de un año entre ellos y, a pesar de que no podía negar que era un excelente policía, no terminaba de gustarle. Había algo en él que disparaba ese sexto sentido que el Jefe tanto apreciaba... aunque tal vez solo fuera que intentaba por activa y por pasiva que salieran juntos y su insistencia le desagradaba. Decidió dejar de pensar en él y volver su mente al caso.
El viejo abrigo de Gene había sido encontrado en la escena, él la había llamado a su casa... demasiadas coincidencias. Mientras cogía su bolso y su chaqueta, pensó que al día siguiente volvería a llamar a Londres e intentaría hablar con él. Tal vez incluso lo mejor sería que se acercara por allí. Una sonrisa involuntaria asomó a sus labios. Si, sería genial volver a tener al Jefe dando gritos por allí.
