hellopinkie wrote in obsessedwriting 😊content 1984.

Listens: Fight for ourselves - Spandau Ballet.

[FF conjunto] Ashes On Mars. (Prólogo/12)

Titulo: Ashes on Mars
Autoras: jshepard , hellopinkie & ocsarah
Fandom: Life on Mars & Ashes to ashes
Rating: Adulto en general, especialmente por lenguaje. AU.
Pairings: Gene/Alex, Sam/Annie, principalmente. O al menos, ellos son los que llevan el peso canon de todo esto. No está en nuestras manos que de esto surja un nuevo fandom...
Dedicatorias:
jshepard: a mis compañeras, hellopinkie y ocsarah, sin las que esta idea que apareció en mi mente un buen día, no habría sido posible. Gracias por las tardes de risas, por Onda Tyler, los momentos “she can’t remember the line” y todo lo demás. Siempre seréis Bolls y Guv. Ha sido un placer ser Sam.

Mención especial para a mi iTunes, por tener la increíble capacidad de saltar a la canción adecuada en cada momento. Eres una puta máquina y solo por eso no te desinstalo. Te quiero.

Hellopinkie: Qué puedo decir que no se haya dicho ya. Que he" sido" uno de mis personajes de televisión favoritos durante un mes y que no lo cambio por nada. Also, tenemos que repetir esto, como sea. Aunque en mi opinión nada se va a comparar a esto que hemos creado. Os quiero mucho, pero a estas alturas ya os lo he dicho lo suficiente, así que se da por hecho. Seguid así. Y hasta la próxima, seguiremos compartiendo delirios por mail ;-)

Ocsarah: En primer lugar, Lau y Almu, por dejarme formar parte de este proyecto. Por las risas, las reuniones, las divagaciones, los emails, los bloopers incluso (XD) y por un mes inolvidable. Y por ser tan fantásticas como personas y como escritoras. En segundo, para nuestra screen-tester (??), Elena, por estar siempre ahí y prestarnos sus ojos de lectora, de amiga, y de fan. A Matthew Graham, Ashley Pharoah & co. porque un fic no existiría sin un maravilloso canon, y por último, a Philip, Keeley, John, Liz y demás because you are our inspiration (y no sabéis hasta qué punto, xD).



- PRÓLOGO -

Hacía calor. Tanto que si hubiera habido moscas por ahí, estarían pegadas a las paredes. Por suerte para él, los gritos le llegaban amortiguados. No soportaba los gritos. No le daban pena, en absoluto, simplemente le parecían débiles. Él había conseguido hacerse valer, demostrar que era útil y se había librado de estar donde estaban ellos. Pandilla de imbéciles, en lugar de rogar y suplicar, tendrían que haberse adaptado a la nueva situación, tal y como él había hecho.

La puerta que estaba frente a él se abrió y escuchó su nombre. Se levantó y alisó sus impecables pantalones grises. Avanzó con tranquilidad hasta atravesar la puerta.

- Cierra la puerta, James.

Cerró la puerta con cuidado. Dentro del despacho hacía menos calor, aunque no se veía ningún aparato que ayudara a regular la temperatura. “Privilegios de ser el jefe” pensó. Esperó de pie, sin moverse, a que le invitara a acercarse o a sentarse. Miró a su alrededor aunque conocía de sobra esa habitación. No era la primera vez que estaba allí. Había estado innumerables veces, cada vez que tenía una misión y cada vez que volvía con éxito. Había estado allí casi un año antes. No pudo evitar que su cara se contrajera en un gesto de rabia. El maldito Gene Hunt se salió con la suya aquella vez, pero no volvería a pasar, no si él podía evitarlo.

- Siéntate, James – una voz profunda le sacó abruptamente de sus pensamientos. Avanzó hasta la solitaria silla que había delante del lujoso escritorio y se sentó – Veo que has cumplido...
- Sí, señor, terminé hace tres días.
- Bien, bien... no creo que haya sido suficiente, pero todos tus años de leal servicio han servido de algo. Tu error fue imperdonable, James. Sabes perfectamente que es imperativo que... – se hizo el silencio mientras pasaba una tras otra las hojas del informe que tenía delante - ... Hunt desaparezca, a cualquier precio.
- Señor, si me permite puntualizar, estuvimos muy cerca de alcanzar el éxito...
- No, tu alcanzaste el fracaso – podía sentir su ira llegando hasta él en oleadas, provocándole un escalofrío involuntario – Solo uno, James, solo hacía falta uno de ellos para destruirle. Y no fuiste capaz. Pero tu incapacidad nos ha ayudado, al menos no eres completamente inútil.

Un golpe certero y directo a su orgullo, y el altivo James Keats supo que iba a unirse a los gritos. Todo el esfuerzo, todo su trabajo para no terminar donde siempre debió estar se había ido al traste por culpa de un niñato borracho, maleducado y violento, con complejo de John Wayne. Escuchó como la puerta se abría y pensó que iban a por él. Sabía lo que vendría a continuación: le cogerían por los brazos y le arrastrarían hasta las Puertas delante de todo el mundo. El primer premio para alguien como él era el orgullo; el primer castigo, la humillación. Pero no sintió brazos que le levantaran en volandas de la silla y le sacaran de la habitación; no hubieron uñas que se clavaran en su carne ni alientos que le quemaran la nuca. Solo silencio y la inconfundible sensación de alguien detrás de ti.

- James, permíteme que te presente a Howard Kemper – un joven de unos 25 años avanzó hasta colocarse delante de él y extendió la mano.

Keats imitó su gesto y le miró detenidamente: casi tan alto como él aunque algo más delgado, con el pelo corto, rizado y muy negro; podría decirse que guapo, pero tenía la misma mirada que veía cada vez que se miraba al espejo: oscura, profunda y con un innegable velo de maldad que parecía poder disimular con un parpadeo

- Howard se ha estado haciendo cargo de tus responsabilidades durante tu... ausencia. Y he de decir que satisfactoriamente – otro golpe directo a su orgullo y casi podía sentir el calor lacerante del hierro al rojo en su piel – muy satisfactoriamente.
- Me he limitado a aprender de usted – “adulador y mentiroso. Ya sabemos por qué estás aquí” pensó Keats mientras sonreía con condescendencia – Si me permite, señor, es un honor estar ante usted.
- Howard y yo hemos hablado mucho durante tus vacaciones, James – otro escalofrío involuntario, solo que esta vez no pudo reprimirlo del todo y supo que Él lo había visto por la inmensa sonrisa de satisfacción que se dibujó en su rostro – y tiene una gran idea. Una idea que terminará con mis problemas para siempre y que, a lo mejor, te permite continuar una temporada más entre nosotros.

Keats miró al joven que estaba a su lado intrigado. ¿Qué podía haber pensado que no se le ocurriera antes a él? El joven sonrió y le miró fijamente.

- Oh, no creas que es un castigo... James – lo dijo con desprecio y una dosis nada desdeñable de satisfacción. Keats pudo imaginarle en esa misma habitación, meses antes, poniendo su aparentemente gran imaginación al servicio de su castigo – Este departamento necesitaba sangre nueva, nuevas ideas. Y es lo que yo he traído. Pero, por supuesto, nada de esto habría sido posible sin tu detallado informe preliminar – “¿informe preliminar?” pensó con rabia “Fue un trabajo impecable o lo habría sido de no haber estado implicada esa maldita Drake” – Es una pena que no puedas verlo todo desde el principio. Pero tranquilo, me aseguraré de que estés ahí al final.
- ¿Puedo preguntar cuál es el gran plan?
- Oh, es muy simple, James – de nuevo, su nombre dicho con desprecio y, de nuevo, un patada directa a su orgullo – Intentaste separar a ese Hunt de su equipo. La idea era buena, pero no supiste enfocarlo de forma adecuada. No había que mostrarles lo que había hecho – Keats le miró sin entender.
- Era la única forma de separarles de él, mostrarles que era un mentiroso y que les había estado utilizando todo ese tiempo.
- Te equivocas. Ellos le conocían de sobra, sabían que Hunt utiliza cualquier medio a su alcance para conseguir sus objetivos. Ellos le aceptaban tal y como es, y por eso fallaste. No había que mostrarles lo que había hecho, si no hacerles dudar de lo que es capaz de hacer, James. No importa lo que hubiera hecho con ellos, porque siempre pensarían que lo había hecho por ellos. Lo importante es que dejen de confiar en él.
- No entiendo...
- Claro que no lo entiendes, James – dijo su jefe levantándose y rodeando la mesa para sentarse delante de él. Nunca le había parecido tan alto, tan amenazador. Jamás antes había percibido el poder que emanaba de él como en ese momento – Los tiempos cambian, amigo mío. Tu tiempo ha terminado, igual que el tiempo de Hunt.

Media hora más tarde, James Keats salía del despacho junto a Kemper. Se sentía aturdido y estupefacto a partes iguales. Ahora le parecía un plan tan sencillo que no entendía cómo era posible que no se le hubiera ocurrido a él antes. Tan simple que hasta uno de los pequeños bastardos que se encargaban de vigilar a los pobres diablos que tenían que pasar allí toda la eternidad, podían haberlo imaginado.