The One and Only (Parte 2 de 2)
Parejas: Jensen/Jared y algún espontáneo por medio
Personajes: Jensen/Jared, Chris, Steve, Brian y alguno que otro más
Temática: RPS y peleas navideñas acompañadas de mucho fluffy
Palabras: 14.317 (o eso es lo que dice Word)
Rating: NC-17
Dedicado a Nuska87 como regalo del amigo invisible 2011
Resumen: una discusión un poco fuera de tono y una tormenta de nieve son motivos más que suficientes para que las vacaciones navideñas de los chicos se vean un poco alteradas.
Neumonía. En sus primeros coletazos pero al fin y al cabo neumonía. La tomografía de tórax y una gasometría hacían que el diagnóstico fuese claro.
Jensen no había tardado en recobrar el conocimiento, pero dado que tenía una fiebre alta y se mostraba confuso, el equipo médico del aeropuerto no había dudado en subirlo a una ambulancia y llevarlo a Pine Creek, el hospital más cercano que tenía convenio con el seguro médico privado del rubio.
El médico había sido tranquilizador sobre el estado de su hijo mediano, aunque no había podido evitar mostrar curiosidad por saber como era posible que se le hubiese ocurrido viajar en ese estado, a lo que Donna le había respondiendo con un – Si no le importa doctor, hágale usted esa pregunta a Jensen, porque yo con mi hijo, cuando se le mete algo en la cabeza, pido papas.
- Se lo preguntaré en cuanto esté un poco más lúcido.
Había sido claro con ellos. Se quedaría ingresado esa noche para poder hidratarlo y ponerle antibióticos en vena, siempre más efectivos y ya de paso controlarle la fiebre. No creía que fuese necesario continuar con la oxigenoterapia, así que por la mañana podría irse a casa, por supuesto a descansar, olvidándose de viajes y cualquier otra tontería.
Donna había entrado en la habitación donde habían instalado a Jensen tras las pruebas. Los antibióticos habían empezado a hacer su trabajo y así como la fiebre había bajado algo, su cuerpo, claramente agotado por la neumonía y por la falta de descanso, se había rendido y finalmente parecía descansar tranquilo. Aunque también sabía que esa tranquilidad no iba a durar demasiado.
Iba a sentarse en el sofá de la habitación para leer una revista cuando el teléfono de Jensen empezó a vibrar en su chaqueta.
Fue ver quien estaba llamando y tras un gesto de negación con la cabeza, acompañado de una sonrisa compresiva, salió de la habitación para poder hablar en un tono normal.
- ¿Jared?
El castaño se dejó caer en la cama así como oyó la voz de Donna
- ¿Donna?... Soy Jared – Vale, era obvio y más cuando ella lo acababa de llamar por su nombre, pero estaba jodidamente nervioso.
- Los sé cielo. ¿Todo bien? Acabo de ver en las noticias lo que ha pasado en Nevada.
- Sí, sí. Nos quedamos incomunicados pero ya todo está controlado. ¿Y Jensen? ¿Cómo está Jen? Steve me ha llamado para decirme que le estaban haciendo unas pruebas. ¿Se sabe ya algo?
Donna sintió pena de ese chico que se notaba que estaba como un flan al otro lado del teléfono.
- Jared, tranquilo cielo. Jen está descansando y está bien.
- Steve me dijo que se desmayó en el aeropuerto y que le… - Donna lo interrumpió para evitar que siguiese tan acelerado.
- Y así es. Le han detectado un pequeño foco de neumonía en el pulmón derecho, pero el médico nos ha dicho que con antibióticos y descanso en unos días estará como nuevo.
- Pero… ¿dónde estáis? ¿Seguís en el hospital?
- Sólo se va a quedar esta noche y más que nada por precaución. A partir de mañana se recuperará en casa.
Eso al menos sonaba mucho mejor que lo del hospital.
- Pero, ¿seguro que está bien?
- En serio cielo, no te preocupes. Ha sido el típico catarro que se ha complicado rápido. Sólo que lo siento porque creo que vuestros planes de fin de año se han echado a perder.
- Eso no me importa. Lo que me importa es que Jen esté bien. Mañana a primera hora salgo para Dallas. Buscaré un hotel cerca vuestra si os parece bien.
- ¿Un hotel? De eso nada. Sería la primera vez en tu vida que te alojas en otro sitio que no sea mi casa.
- No quiero molestar Donna.
- ¡Jared Padalecki! Tú nunca molestas en nuestra casa. Además, Jen tiene para dos semanas y sólo imaginármelo subiéndose por las paredes… Gracias pero no. Más vale que lo aguantes tú por la parte que te toca.
- ¿Estás segura?
- Completamente. Alan y yo teníamos pensado cenar el día treinta y uno con unos amigos, pero si es necesario lo cancelamos y organizo algo sencillo en casa. ¿A qué hora embarcas?
- No, no lo sé. En el primer avión que me den. ¿Le dirás a Jensen que está todo bien?
- Claro, por supuesto cariño.
- Explícale que he estado incomunicado. Debe de pensar lo peor de mí.
- Cielo, si Jensen creyese eso, no habría hecho la tontería de irse al aeropuerto. En cuanto esté despierto se lo diré.
Donna volvió a la habitación contando con que Jensen estaría durmiendo, pero en su lugar el rubio se estaba semi incorporando tratando de buscar algo en el cajón de la mesilla donde habían dejado el resto de sus pertenencias.
- ¡Jensen Ross Ackles! ¿Se puede saber que narices crees que estás haciendo?
Por los movimientos lentos de su hijo o todavía estaba algo confuso o los antibióticos lo atontaban más de lo que a Jensen le habría gustado y menos de lo que ella habría preferido.
- Busco mi teléfono – su voz sonaba tan torpe como lo eran sus movimientos – necesito llamar a Jared.
- Lo que necesitas es recostarte y dejar de moverte si no quieres que las intravenosas te hagan un desastre en la mano y tratar de descansar si lo que quieres es que te den el alta.
Con suavidad lo cogió por los hombros y ella misma lo ayudó a recostarse, dándose cuenta de lo agotado que tenía que estar para apenas oponer resistencia.
Una vez contra la almohada le puso la mano en la frente. Todavía estaba algo caliente, pero al menos esa bolsa de antibióticos estaba haciendo bien su trabajo.
- Estoy bien mamá… - bufó -… sólo quiero saber donde está mi teléfono para… - Un absceso de de tos lo obligó a callarse. - ¡Joder! – Toser era en ese momento un puto suplicio. Era como si le faltase fuerza para hacerlo y a su vez le dolía lo suficiente como para desear no tener que hacerlo de nuevo - ¡Mierda! – masculló.
- No me vengas con que estás bien Jen porque no lo estás ni lo vas a estar en unos cuantos días. Así que ve mentalizándote.
- Pero si solo es una gripe con algo de catarro.
- ¿Gripe? Cariño no seas cabezota. Tienes neumonía por si no lo sabes, por lo que nada de tomarte estas cosas a la ligera.
No. No podía tener eso. No cuando tenía que coger un vuelo. Se tomaría sus antigripales como había hecho esos días atrás y en nada estaría como nuevo.
- Deja de darle vueltas a la cabeza porque puedo leer tus pensamientos y no, no vas a viajar.
- Pero… tengo que hablar con Jared antes de que todo vaya a peor, si es que eso es posible. Y ¿cómo voy a hacerlo si no me coge el maldito teléfono? Lo único que me queda es viajar hasta allí.
Definitivamente no recordaba nada de la última parte de la conversación con la azafata en el aeropuerto, aunque por otra parte era del todo comprensible, teniendo en cuenta que cuando había llegado al hospital tenía casi cuarenta grados y medio.
- Jensen… - Donna trató de tomar una posición firme pero conciliadora -… Jared ha estado incomunicado estos dos días y por eso no has podido hablar con él.
- ¿Qué?
- Ha habido una tormenta en nevada y las comunicaciones de Reno y alrededores estuvieron cortadas hasta hace apenas unas horas. Acabo de hablar con él y me ha dicho que te diga que todo está bien.
Ante la cara de confusión de su hijo, Donna le explicó como se había desarrollado la conversación lo más detallado posible.
Despues de eso, Jensen sintió como si su cuerpo estuviese deshaciéndose de un lastre que pesaba toneladas y sin darse cuenta empezó a llorar.
- Quiero hablar con él.
- Es tarde cielo y tú necesitas descansar.
- Lo que necesito es oír su voz… Dame el teléfono, por favor. Después te juro que te haré caso.
La verdad es que no tenía muchas opciones. Sabía que Jensen no iba a bajar la guardia hasta que consiguiese su cometido. Así que cogió el móvil de su bolsillo y se lo puso en la mano.
Jared estaba a puntito de darse un baño para relajar los músculos que notaba completamente agarrotados de tanta tensión acumulada cuando escuchó una vez más la voz de Adele. Supuso que sería Donna y por un momento tuvo miedo de que hubiese pasado algo.
- Donna. ¿Ha pasado algo? ¿Todo bien?
Casi se le sale el corazón del pecho cuando escuchó la voz fatigada de Jensen al otro lado del teléfono.
- ¡Hey!
- ¡Hey! ¿Qué haces llamando por teléfono cuando se supone que tendrías que estar descansando? – Aunque la verdad es que esa llamada era lo mejor que le había pasado en todos esos días.
- Yo… ¿cómo estás?
- ¿Qué cómo estóy? Dios Jen, no tienes arreglo. Yo estoy bien. ¿Cómo estás tú, mi vida?
- Estoy bien…, sólo un poco cansado por culpa de este maldito trancazo.
- ¿Trancazo? Tienes una forma muy curiosa de rebautizar a una neumonía, ¿sabes?
- Los médicos son unos exagerados.
- Claro, por supuesto – se le escapó una risa suave que a Jensen le supo a gloria – Ya sabes que les interesa tener a la gente hospitalizada para que no se les acabe el chollo.
- Jay… - cambió de tercio – Yo… lo siento mucho. Siento no haberte llamado, siento haberme puesto como me puse y siento haberte fastidiado las vacaciones.
- No, escucha Jen. Yo tampoco debería haberme puesto tan borde el otro día. Estaba molesto por otra cosa y lo descargué contigo en vez de preocuparme por si estabas bien. En cuanto a no llamarme, eso no es lo que dice mi registro de llamadas perdidas. Y bueno…, lo de las vacaciones, son cosas que pasan. Lo único que me fastidia es que no estés aquí conmigo. Esto es una pasada.
- Pero el treinta y uno puedo viajar seguro. Aunque creo que lo del snow va a tener quedar para otro día.
- Ni de coña se te ocurra mover tu culo de casa. Para hacer snow nos sobran montañas en Vancouver.
- Pero yo quiero…, necesito verte – Sólo pensar que podría pasarse las navidades sin verlo y más después de toda esa movida lo hacía ponerse peor de lo que estaba.
¡Vale! Así que Donna aún no le había dicho que su idea era viajar al día siguiente.
- Te prometo que nos vamos a ver. ¿O crees que tengo ganas de escaquearme de ti en vacaciones?
Podría haberle dicho que estaría allí al día siguiente, pero prefirió callárselo, para darle una sorpresa pero también por si había algún problema con los vuelos. Si le decía al rubio que llegaría a Dallas al día siguiente, así como los vuelos se retrasasen algo, Jensen no iba a hacer ni puñetero caso y lo de descansar pasaría a otra dimensión.
- ¿Seguro que está todo bien? – preguntó receloso
- Ahora que puedo hablar contigo está todo más que perfecto. Y ahora prométeme que vas a descansar y que no le vas a hacer la vida imposible a la gente del hospital.
- Es que así como se vacíen estas bolsas que me han enchufado me voy para casa.
- De eso nada Jen. Tu madre me ha dicho que te tienes que quedar esta noche.
- ¿Qué? Yo no me quedo aquí. ¿Navidades en un hospital? No gracias.
- Vale. Pues avísame cuando después de salir de esa cama te tengan que recoger con una escoba y un recogedor para devolverte a ella.
- Eso no me va a pasar – Aunque la verdad es que no estaba muy seguro de ello, porque ahora que se había incorporado ligeramente era como si en ve de una cabeza tuviese dos – O tal vez sí – masculló.
- Pero si es sólo una noche – trató de hacerlo razonar – y así tienes la tranquilidad de que si te encuentras te van a atender rápido y mejor que en ningún otro sitio.
- Eso no es verdad – protestó el rubio – seguro que tú lo harías mejor.
- ¡Ah! Eso por supuesto – soltó esa carcajada que necesitaba soltar desde hacía tres días - ¿Me prometes que me vas a hacer caso?
- Te lo prometo pero porque eres tú.
- Vale, pero que sepas que si no lo haces me enteraré.
- No sé por qué estoy seguro de eso – miró para su madre como si fuese la culpable de cualquier posible chivatazo.
- Y ahora desconecta por hoy, ¿vale?
- Te quiero mucho
- Más te vale – tras un suspiro de alivió continuó – Y yo a ti.
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Puede que no fuesen muchas horas las que había pasado en ese hospital, pero descansar con unas intravenosas conectadas y tumbado boca arriba, no era precisamente el mejor modo de garantizar un descanso en condiciones. Esa era la principal causa de que Donna lo hubiese tenido que despertar para que saliese del coche y entrase en su casa.
Las instrucciones del médico eran sencillas: dos semanas de antibióticos a tomar con puntualidad, mucho líquido. A ser posible un humidificador de agua caliente para hacer inhalaciones de vapor y todo el descanso del mundo entre noches y siestas.
En principio tampoco eran unas normas del otro mundo, sólo que las llevaría cien mil veces mejor si estuviese en su casa de Vancouver, recuperando el tiempo perdido con Jared.
Pero la verdad es que en ese momento no estaba para pensar demasiado. En nada le tocarían los antibióticos y no se le ocurría ningún otro sitio mejor para tomárselos que su cama.
Jared le había enviado un par de mensajes diciéndole que estaría un buen rato en las pistas y que lo llamaría más tarde. Así que por mucho que quisiese hablar con él, tendría que quedarse con las ganas. Y aunque eso lo frustraba bastante, al menos en esta ocasión sabía que todo estaba bajo control.
Así que se había hundido debajo de su edredón de plumas y había dejado que el cansancio le ganase la batalla. Total, si iba a pasar tantos días encerrado, tal vez no sería tan mala idea si pasaba gran parte del tiempo dormido.
Lo que no se imaginaba el rubio es que ese “estaré en las pistas un rato” tenía más que ver con las pistas de asfalto del aeropuerto que con cualquier otra cosa.
Se había pegado el madrugón del siglo para llegar pronto a Reno y poder buscar una combinación que le permitiese estar lo antes posible en Dallas. Aún así, no había podido encontrar un maldito vuelo directo y había tenido que aceptar la combinación Reno-LAX-Houston-Dallas.
En fin, que eso, más que un puente aéreo iba a ser un viaducto, pero sin duda merecía la pena, aunque se pasase entre unas cosas y otras unas diez horas en tránsito.
Y justo estaba en haciendo tiempo en el aeropuerto de LAX cuando se le había ocurrido enviarle ese mensaje de mentirijilla. Así, cuando lo llamase por teléfono cuatro horas más tarde, lo que menos se esperaría el rubio es que estuviese apenas a unos cuatrocientos kilómetros de su casa.
Jensen se despertó con el sonido del teléfono, descolgándolo por inercia aún sin tener ni idea quien lo estaba llamando.
- Sí…
- ¡Hey! – La voz sonaba de los más animada - ¿Te he despertado?
- ¡Hey! – trató de desperezarse lo más rápido posible – es por culpa de los antibióticos. Creo que son un poco fuertes. ¿Qué tal ha ido la sesión de snow?
- ¡Bien! Genial. Con la tormenta, media estación se ha quedado vacía y casi es como tener las pistas para uno – exageró.
- Seguro que te has lanzado por la pista más jodida.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque te conozco y porque estás loco.
- ¿Y tú cómo estás? ¿Mejor que ayer?
- Supongo que sí. A parte del sueño ya no me siento como un dragón de tres cabezas. Aunque esta tos es un asco.
- Toser viene bien. Es la forma de limpiar los pulmones – lo que daban de sí las horas muertas de aeropuerto, que se había dedicado a leer información sobre las neumonías.
- ¿No ves? Serías un enfermero perfecto. Mi enfermero perfecto. Lástima que estés tan lejos.
- Siento estar tan jodidamente lejos - recalcó - Me encantaría poder tele transportarme.
- ¿Dónde está Cas cuando se le necesita? – Bromeó Jensen.
- O el Halcón Milenario.
- De eso nada. El Halcón milenario es mío, que para algo soy Solo y tu Luke.
- Pero me lo dejarías si fuese por una buena causa.
- Si con eso consiguiese que estuvieses aquí ahora mismo, te lo regalaría.
- Eso lo dices ahora, porque te pones jodidamente mimoso cuando estás enfermo, pero te lo recordaré de aquí a dos semanas.
- Eso no es del todo cierto. Sólo me pongo mimoso contigo.
- Uhmm… vale…, me lo creo pero porque me gusta que sea así. Y ahora cuéntame tus planes de hoy.
- ¡Un planazo! Beber dos litros de agua – oyó como Jared se reía – acompañados de unas deliciosas pastillas que parece ladrillos…
- Cada vez suena mejor.
- Y rescataré mi antigua PS2 para echar alguna partida que otra hasta que me entre el sueño – tuvo que parar para toser una cuantas veces – Lo dicho, un planazo.
- Prometo que te lo compensaré en cuanto pueda.
- Sigo diciendo que no hay razón para que no pueda viajar en dos días.
- Y yo digo que voy a creer que es la fiebre la que te hace hablar sin pensar.
El castaño vio como en los paneles de salida le asignaban por fin una puerta de embarque y empezó a caminar hacia ella. Con un poco de suerte embarcaría en unos cuarenta y cinco minutos, así que aún tenía tiempo para seguir hablando con Jensen o más bien mintiéndole descaradamente, como si fuese un mentiroso patológico, sobre sus planes en la estación con Brian y el resto de los chicos.
- Jen se me está muriendo la batería – volvió a mentirle así como una azafata se ponía en el pequeño mostrador de la puerta de embarque – Te llamo en cuanto esté cargado, ¿vale?
- ¡Vale, claro! – Puedo notar la decepción del rubio por tener que cortar la conversación, pero llevaban prácticamente una hora hablando sin parar y al fin y al cabo eso no dejaba de ser un sobre esfuerzo.
- Si te vuelvo a decir que te echo de menos, ¿me llamarás pesado?
- No, pero me vas a provocar un complejo de culpabilidad por no estar ahí.
- No seas tonto y disfruta por los dos.
- ¿Estarás bien?
- Estaré bien – No sonó muy convincente pero era lo que había.
Tras los “te quiero” de rigor y alguna que otra proposición de Jared para cuando estuviese recuperado, Jensen había vuelto a la realidad de aquellas cuatro paredes.
De repente ya no tenía ganas de jugar a ningún videojuego o para ser más exactos, de hacer nada de nada.
Apenas fue capaz de tomarse la mitad del caldo que su madre le había preparado, aunque quiso achacarlo a los antibióticos. Lo que ya no puedo achacar a éstos, fue el que de repente lo invadiese una sensación de soledad. Quería demasiado a ese gigante de hoyuelos irresistibles que le había fundido los plomos casi siete años atrás y lo echaba jodidamente de menos. Más de lo que cualquiera se pudiese esperar.
El caso es que una vez más se enterró en la cama, cubriéndose hasta la cabeza, permaneciendo así, hecho un ovillo, hasta que el cansancio se volvió a apoderar de él, quedándose nuevamente dormido.
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Cuando Jared se bajó del taxi que lo dejaba delante del porche de los Ackles podía jurar que hasta le temblaban las piernas.
Alguno lo achacaría a las interminables horas de avión, pero de sobra sabía que no era así.
Por mucho que tratase de disimularlo, Alan seguía sin llevar “demasiado bien” que él y su hijo fuesen pareja. No porque tuviese algo contra él exactamente, sino porque no terminaba de asumir que su hijo fuese gay. Debía de ser de los pocos allegados que quería creer que su boda con Danneel había tenido lugar porque realmente Jensen estaba enamorado de ella. Pero en fin, cada uno creía lo que quería creer.
El caso es que por mucho que Donna lo siguiese tratando como siempre o incluso de un modo más cercano, podía notar las miradas de desaprobación de Alan en su nuca. De ahí sus intenciones de irse a un hotel tal cual harían Chris y Steve, que por cierto, llegaría para fin de año, tal y como le acababan de contar, acompañado de un “no le digas nada a Jen, ¿vale?”
Respiró profundo un par de veces antes de llamar al timbre, sintiéndose de lo más aliviado cuando fue Donna y no Alan quien le abrió la puerta.
- ¡Cariño! Así que has podido viajar. ¡Cómo me alegro!
Tras un abrazo, lo ayudó con el equipaje.
- ¿Cómo ha ido el viaje? Debes de estar agotado.
- No mucho. Por suerte soy de los que duermen sin problemas hasta de pie. ¿Cómo está Jen?
- No debe de estar muy allá cuando ni siquiera ha intentado salir de la habitación, pero sabes que no lo va a reconocer en la vida.
- Si lo reconociese no sería Jensen.
- No ha estado muy bien estos días y no me refiero sólo a la neumonía.
- Se a lo que te refieres, porque yo me he sentido igual.
- Lo sé, cielo. ¡Anda! Te llevaré a la antigua habitación de Josh para que te puedas dar una ducha.
Por la cara del castaño, Donna dedujo que se moría por ver a Jensen.
- Se tomó la medicación no hace mucho, por lo que como mínimo dormirá una hora más. Lo noquean bastante la verdad. Así que, ¿por qué no aprovechas para ponerte cómodo?
La idea era de lo más apetecible. Llevaba desde las cinco de la mañana con la misma ropa, así que lo de darse una ducha y ponerse ropa de andar por casa estaría bien.
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Jensen sintió el olor del café recién hecho invadiendo su habitación. Y si a eso le sumaba la agradable sensación de una mano conocida acariciándole el pelo, entonces la combinación era perfecta.
Lástima que sólo fuese un sueño, porque esa mano y esa forma de tocarle la conocía demasiado bien como para no saber que se trataba de Jared y eso era imposible. Pero ya que se trataba de un sueño, al menos que durase lo máximo posible, por lo que intención de despertarse en resumen era igual a cero.
Jared sonrió al ver como, aún dormido, Jensen parecía estar disfrutando de las caricias. Había subestimado los efectos del cansancio y de la medicación y había creído que sería suficiente para despertarlo. Así que decidió dar un paso más allá, sobre todo porque se moría de ganas de hacerlo.
Dejó aparcadas las zapatillas al lado de la cama y descubriendo el edredón con cuidado se metió en la cama, pegando su cuerpo al de Jensen y rodeándolo con su brazo.
Sabía de sobra que estando allí dentro, Donna respetaría la intimidad de su hijo y que salvo en el caso de que se estuviese quemando la casa no entraría allí para nada.
Decidió no despertarlo. Le apetecía estar abrazado a él y disfrutar de su reacción. Así que permaneció pegado a él, acariciándole suavemente la nuca y dejándose llevar a un estado de duermevela, pero sin dejar de disfrutar del momento.
Tendría que pasar casi una hora hasta que el rubio se diese cuenta de que el brazo que lo rodeaba era real y que ese calor que lo invadía poco tenía que ver con tener de nuevo fiebre.
Aun así tuvo que palpar el cuerpo que se aferraba a él para que no le quedasen dudas de que no estaba alucinando.
Fue precisamente ese movimiento el que confirmó Jared que el rubio estaba despierto.
- ¡Feliz navidad! – Le susurró al oído.
Ojalá hubiese podido ver la expresión de su novio y la sonrisa genuina que se había dibujado al momento en su cara.
- O me has robado el Halcón o me has mentido descaradamente.
- Tuve tentaciones con lo de la nave pero al final cambié de idea – el castaño fingió voz de culpabilidad.
- O sea, que me has engañado como si fuera un pringado.
- Pero ha sido por una buena causa, ¿no?
El rubio asintió con la cabeza mientras ya no podía hacer nada por ocultar una sonrisa que parecía que no iba a querer desaparecer de su cara en un buen rato. A continuación se giró para poder ver el rostro de Jared.
- Y encima vienes moreno que das envidia.
La verdad es que su piel contrastaba con el aspecto todavía pálido y algo ojeroso de Jensen. Pero aún así, le pareció que el rubio estaba jodidamente guapo, con el pelo arremolinado como cada vez que se despertaba cada mañana y esa expresión todavía somnolienta.
- Eso lo arreglamos enseguida. Llamamos al set y que nos manden a una de las chicas para que traigan sus brochas y potingues y te pongan como si acabases de llegar de las Bahamas. Aunque yo personalmente te prefiero al natural y con todas esas pecas para mí.
- ¿Cómo… cómo has…?
- Por si no te lo creías yo también te echaba de menos y no iba a permitir que fueses a coger un avión saltándote a la torera todas las normas. Además, me diste envidia con eso de jugar a la PS2 y no me pude resistir.
- Mentiroso – le dio un pellizco en el culo – e invasor de camas ajenas.
- Si quieres me voy – Enarcó una ceja imitando ese gesto tan del rubio.
- Si haces eso te mato. Pero podías haber avisado para no estar con este aspecto.
- ¿Y perderme tu cara de sorpresa? ¡Ni de coña! Además, estás perfecto.
- Sí, seguro que lo estoy – se rió con timidez e incredulidad.
- Para mí siempre lo estás.
- Jay… yo, ya te lo he dicho, pero…
- Shhhh… Jen, ya te he dicho que está todo bien. Cuando queremos, los dos podemos ser un par de capullos que se comportan como críos – Le empezó a dar suaves besos en las sienes y en el pelo - Ninguno de los dos quiso decir lo que nos dijimos por teléfono hace unos días. Lo único que me preocupa es que puedas dudar en algún momento sobre lo que yo siento por ti.
- Es que… soy un jodido inseguro que a veces necesitaría que se lo tratasen. Te quiero demasiado y a veces tengo miedo. Pero no es por ti. Soy yo que me como la cabeza solo y no sé que hacer para que no pase.
- Puedes hablar, no guardarte las cosas. Sé que esto no es fácil. Ojalá ella se desmarcase tanto como lo hace Danneel, pero ya sabes como puede llegar a ser. Pero por lo que más quieras no dudes sobre lo claro que tengo mis sentimientos hacia ti, ¿vale?
- Vale – se acurrucó contra su cuerpo para poder sentir todavía más su presencia, hasta el punto que de poder se fundiría con él.
- Te traje café hace un rato, pero tiene que estar helado.
- No me importa el café. Ahora mismo tengo exactamente lo que necesito.
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Desde ese momento, todo empezó a ir bien. Ni siquiera protestaba por no poder hacer apenas nada. Habían pasado dos días y todavía se sentía desinflado físicamente, pero por el contrario, su estado de ánimo estaba como si se hubiese puesto una armadura de inmunidad.
Sólo se movía a su habitación de noche. El resto del tiempo lo pasaba en el salón, donde él y el castaño se habían hecho fuertes convirtiendo esa estancia de la casa en su pequeño feudo. Y por las noches Jared se las ingeniaba para pasar el máximo tiempo con él.
Lo de colarse en su cuarto se había convertido casi en una especie de travesura que Jensen aceptaba feliz. Lo único que llevaba peor era el caso omiso que Jared le hacía en relación a un posible contagio.
- No seas tonto Jen. No me vas a contagiar. Y si lo haces, después te tocará a ti cuidar de mí, así que visto de ese modo no suena en absoluto mal – y dicho eso, buscaba con su boca los labios del rubio, besándolo con suavidad. Controlando en todo momento que no se agotase o que pudiese tener algún problema al respirar.
Sí que la tranquilidad se vio un poco trastocada con la llegada de Chris y de Steve, o más bien con la llegada de Chris, como siempre en su línea de revolucionarlo todo, a pesar de que Steve le había dejado claro que por el bien del rubio se limitase a tomarse las cosas con calma. Y cuando hablaba del calma se refería tanto al tema de la bronca que había ido planeando durante todo el camino, como si del discurso de la investidura de Obama se tratase, hasta los planes que tenía previsto para esa noche, en la que finalmente Donna y Alan saldrían como tenían pensado y en la que los cuatro disfrutarían de una cena de fin de año atípica a base de una barbacoa típicamente tejana y en la que tendrían como cocinero de excepción al propio Steve.
Después de eso, cervezas para los adultos y refresco para los niños, tal y como Chris se había decidido en catalogar a Jensen en un intento por torturarlo y a continuación, un poco de buena música. Que por algo se habían hecho el viaje a Dallas con sus respectivas guitarras.
La verdad es que podían no estar en Reno, en una cabaña idílica en medio de la tranquilidad de la montaña, pero en ese momento, no echaban para nada en falta el no poder estar allí. Habían recibido el año juntos y acompañados por dos de sus mejores amigos. ¿Qué más podían pedir?
Donna y Alan habían llegado de la cena y se habían retirado a su dormitorio saludando rápidamente para felicitarles el año y proponiéndoles a Steve y a Chris que se quedaran en casa, aunque ellos, como era de esperar, rechazasen amablemente la invitación, puesto que aún tenían que celebrar unas cuantas cosas más en la intimidad de su habitación de hotel.
Eran cerca de las tres de la mañana cuando el castaño los echó sutilmente con la excusa barata, según el propio Chris, de que Jensen se tenía que ir de retirada.
- Haz el favor de no abusar de él, que todavía es un pobre convaleciente.
- El convaleciente vas a ser tú, de la patada que te voy a dar en todas tus partes como no dejes de tratarme como si fuera un inválido – protestó Jensen medio en broma, medio en serio.
- Desagradecido – Chris acompañó el comentario con un gesto burlón y un guiño de ojo dirigido al Castaño antes de salir por la puerta diciendo un – No lo destroces más de lo que está, ¿vale?
Una vez solos ambos se habían dirigido al cuarto del rubio, porque si algo tenían claro es que al igual que habían acabado el año juntos, también iban a empezar el año nuevo en la misma línea.
Ni siquiera les preocupaba hasta donde podrían llegar. Es más, Jared podría entender que así como ambos se dejasen caer en la cama el rubio cayese rendido.
Pero aparentemente Jensen no estaba dispuesto a dejarse vencer. Por algo se había pegado el siestón que se había pegado esa tarde y parecía que había hecho efecto. O eso o sencillamente las ganas de hacer el amor con Jared superaban cualquier estado de fatiga que pudiese amenazarlo.
Por eso fue él quien empezó a juguetear con su mano cerca de la polla del castaño. Quería demostrarle que estaba perfectamente para que ambos pudiesen disfrutar al máximo y por la reacción del cuerpo del este último, era evidente que disfrutaba con la idea.
Aún así, Jared tuvo que preguntar.
- Jen, ¿estás seguro? No es necesario…
- Sí que lo es… Yo lo necesito y creo que tú también, aunque lo siento cariño, pero creo que te va a tocar a ti la parte dura.
- Eso no va a ser ningún problema – sonrió con picardía – recuerda que yo soy tu enfermero, así que ya sabes. Tú sólo preocúpate por dejarte hacer.
Y eso efectivamente nunca había sido un problema para ellos. En todos sus años juntos habían aprendido el uno del otro. Se conocían perfectamente y no importaba si el sexo entre ellos era desenfrenado o por el contrario era pausado, suave…, eterno. Porque cada sensación, cada orgasmo siempre era diferente, y a su vez sencillamente perfectos.
Y esa noche no iba a ser distinta. Llevaban más de una semana sin tenerse el uno al otro y era el momento de disfrutarse plenamente.
Jared se tomó su tiempo, dedicándose a recorrer cada centímetro de ese cuerpo que tanto deseaba. Sustituyendo los besos en esa boca que tanto adoraba por besos repartidos en otros puntos del cuerpo que al rubio lo hacían gemir de placer de de ese modo tan especial que lo hipnotizaba.
Y en medio de todos esos besos, se mezclaban las caricias repartidas por ambos, mientras que el contacto de sus cuerpos rozándose iba dando suelta a todas ese cúmulo de sensaciones empapando cada poro de su piel.
Podía notar como su miembro y el del rubio se iban endureciendo casi sincronizados. Sentía el calor de la mano de Jensen recorriéndole la polla, jugueteando con sus pelotas, mientras trataba de controlar su respiración, acelerada como respuesta a sus propios juegos.
Al igual que pudo notar el suave gruñido al alejarse ligeramente de él, dificultándole seriamente el poder continuar masturbándolo y que se convirtió en un jadeo suplicante así como sintió los labios del castaño succionando su propia polla, recorriéndole el glande casi maquiavélicamente con la lengua, obligándolo a agarrase casi con desesperación a su cuello para poder aguantar los calambres de placer que le recorrían la espalda una y otra vez.
Estiraron ese previo tanto como su propio cuerpo se lo permitió. Para ese momento, Jensen estaba ya tan dilatado que Jared podría haberlo penetrado sin problemas. Pero como habían acordado no había prisa y haciéndolo de ese modo el disfrute sería sin duda mayor.
Se acercó a su entrada, recorriéndola en círculos con la lengua, ascendiendo juguetonamente hacia sus pelotas y volviendo a descender una y otra vez, tratando de controlar las sacudidas de su propia polla incitándole o más bien rogándole ir más allá.
Sólo cuando Jensen le pidió que por favor entrase en él, si no quería terminar de volverlo loco, el castaño cesó en ese juego y aproximó su miembro a esa entrada jodidamente caliente y expuesta que no oponía ninguna resistencia.
Lentamente se fue enfundando en su interior, disfrutando del calor y de la ligera presión que los músculos de Jensen ejercían contra su glande. Teniendo que hacer un esfuerzo doble para no dejarse llevar y correrse en ese momento.
Y entre avance y avance, juegos en círculo, recorriendo cada anillo y cada pliegue, estimulándose mutuamente, hasta que supo que de seguir así ninguno de los dos podría aguantar mucho más y empezó a embestir despacio, moviendo sus caderas con lentitud casi a modo de vaivén, mientras Jensen hacía lo mismo buscando la fricción de sus pelotas contra el cuerpo de Jared.
- Tócate Jen… despacio mi vida. Quiero ver como te corres cariño mientras disfruto con esos increíbles ojos.
Como si fuese una orden, Jensen empezó a masturbarse al tiempo que Jared seguía con las embestidas, cada vez más profundas, cada vez más próximas a ese punto mágico en el que se doblegaba hasta el hombre más racional.
A Jared se le escapó un gemido al ver como su novio no sólo lo miraba de la forma que lo estaba haciendo. Verlo morderse el labio mientras hacía todo lo posible por mantener de algún modo el poco control que le quedaba sobre su cuerpo, sentir el calor irradiando de sus mejillas, la sobre exposición de ese sinfín de pecas era la cosa más jodidamente excitante que cualquiera podría desear en su pareja.
Jensen sintió el orgasmo naciendo en la forma baja de su abdomen al tiempo que Jared aumentaba el ritmo.
- No puedo aguantar más… si me sigo tocando, dios… Jay córrete conmigo, por favor.
El castaño le agarró ambas manos, liberando su polla enrojecida y lubricada del placer tortuoso de sus propias manos y se dejó caer con su cuerpo lo suficiente para seguir dándole fricción con su propio roce.
No tardó el en sentir el calor del rubio empapándole su abdomen, los temblores de su cuerpo golpeándolo con fuerza en medio del placer del orgasmo, hasta que instantes después fue incapaz de distinguir si esos temblores eran los de su pareja o los suyos propios mientras se vaciaba por completo en su interior fundiéndose por completo el uno en el otro.
Así como volvió a tener control sobre su cuerpo, el rubio tiró de él dándole a entender con un cariñoso “no” que necesitaba permanecer así algo más de tiempo, hasta que el leve tiritar de su cuerpo fue la señal para Jared, que saliendo con suavidad de su interior se recostó a su lado arropándolo con su propio cuerpo en una perfecta cuchara.
- Crees que siempre será así – le preguntó Jensen ligeramente adormilado.
- No – notó como el cuerpo del rubio se estremecía tras esa respuesta e inmediatamente empezó a acariciarlo – creo que cada vez será mejor.
- Pues yo con estar así el resto de mi vida firmaba ahora mismo.
- Eso es porque siempre has sido un conformista – bromeó mientras le recorría la nuca con suaves besos.
- Yo no soy conformista – protestó el rubio – si lo fuera no tendría conmigo a la mejor persona con la que jamás pensé que podría estar.
- Pues en eso estamos a la par, porque yo a estas alturas no puedo imaginarme con ninguna otra persona que no seas tú.
- ¿Con ninguna?
- Con ninguna…, ni aunque fuese tu clon, porque seguro que sería peor que tú… Tú eres uno y único.
- ¿Qué? – El rubio no pudo evitar reírse - ¿Me estás comparando con una canción de Adele? ¿Sabes que te estás volviendo un blando?
- No me ablando – hizo esa afirmación de un modo tajante - directamente me fundo cuando estoy cerca de ti y lo sabes.
- Uhmmmm… eso me gusta.
- ¿Y tú sabes una cosa?
- Ni idea.
- Pues que te parecerá una tontería, pero estas han acabado siendo unas de las mejores navidades de mi vida.
- Tontería no sé, pero que te estás quedando conmigo, eso sí que lo tengo claro.
- Que no, en serio. Piénsalo bien. Al final hemos podido estar juntos más días de los que pensábamos y con la excusa de descansar te he tenido prácticamente en exclusiva. En serio, ¿puedo pedir más?
- Bueno… visto así – vaciló el rubio.
- De verdad Jen, todo lo que quiero. Contigo aquí y ahora tengo todo lo que quiero.
- Y yo te quiero a ti, tío cursi.
- Serán las navidades, que sacan mi vena más romántica – le dio un último beso y un suave mordisco en el cartílago de la oreja, antes de susurrarle al oído – Feliz año nuevo mi amor.
Jensen ronroneó un casi imperceptible – Feliz año nuevo – mientras se dejaba invadir por esa sensación de seguridad que le daba el tenerlo tan cerca.
Había pedido un único deseo para el dos mil doce: poder estar con Jay tal y como estaban en ese momentos. Sabía que tendrían momentos difíciles. Eso era algo que ambos debían asumir, pero también tenía la seguridad de que esos momentos los superarían y siempre serían compensados con creces por instantes como el que estaban viviendo en esa habitación en ese mismo momento. Al fin y al cabo, cuando una pareja se complementaba como ellos lo llevaban haciendo desde hacía años, poco importaba que los atacasen por distintos frentes, porque por mucho que lo intentasen, lo único que iban a conseguir es que el amor que sentían el uno por el otro no hiciese más que salir reforzado.
- Fin -
Personajes: Jensen/Jared, Chris, Steve, Brian y alguno que otro más
Temática: RPS y peleas navideñas acompañadas de mucho fluffy
Palabras: 14.317 (o eso es lo que dice Word)
Rating: NC-17
Dedicado a Nuska87 como regalo del amigo invisible 2011
Resumen: una discusión un poco fuera de tono y una tormenta de nieve son motivos más que suficientes para que las vacaciones navideñas de los chicos se vean un poco alteradas.
Neumonía. En sus primeros coletazos pero al fin y al cabo neumonía. La tomografía de tórax y una gasometría hacían que el diagnóstico fuese claro.
Jensen no había tardado en recobrar el conocimiento, pero dado que tenía una fiebre alta y se mostraba confuso, el equipo médico del aeropuerto no había dudado en subirlo a una ambulancia y llevarlo a Pine Creek, el hospital más cercano que tenía convenio con el seguro médico privado del rubio.
El médico había sido tranquilizador sobre el estado de su hijo mediano, aunque no había podido evitar mostrar curiosidad por saber como era posible que se le hubiese ocurrido viajar en ese estado, a lo que Donna le había respondiendo con un – Si no le importa doctor, hágale usted esa pregunta a Jensen, porque yo con mi hijo, cuando se le mete algo en la cabeza, pido papas.
- Se lo preguntaré en cuanto esté un poco más lúcido.
Había sido claro con ellos. Se quedaría ingresado esa noche para poder hidratarlo y ponerle antibióticos en vena, siempre más efectivos y ya de paso controlarle la fiebre. No creía que fuese necesario continuar con la oxigenoterapia, así que por la mañana podría irse a casa, por supuesto a descansar, olvidándose de viajes y cualquier otra tontería.
Donna había entrado en la habitación donde habían instalado a Jensen tras las pruebas. Los antibióticos habían empezado a hacer su trabajo y así como la fiebre había bajado algo, su cuerpo, claramente agotado por la neumonía y por la falta de descanso, se había rendido y finalmente parecía descansar tranquilo. Aunque también sabía que esa tranquilidad no iba a durar demasiado.
Iba a sentarse en el sofá de la habitación para leer una revista cuando el teléfono de Jensen empezó a vibrar en su chaqueta.
Fue ver quien estaba llamando y tras un gesto de negación con la cabeza, acompañado de una sonrisa compresiva, salió de la habitación para poder hablar en un tono normal.
- ¿Jared?
El castaño se dejó caer en la cama así como oyó la voz de Donna
- ¿Donna?... Soy Jared – Vale, era obvio y más cuando ella lo acababa de llamar por su nombre, pero estaba jodidamente nervioso.
- Los sé cielo. ¿Todo bien? Acabo de ver en las noticias lo que ha pasado en Nevada.
- Sí, sí. Nos quedamos incomunicados pero ya todo está controlado. ¿Y Jensen? ¿Cómo está Jen? Steve me ha llamado para decirme que le estaban haciendo unas pruebas. ¿Se sabe ya algo?
Donna sintió pena de ese chico que se notaba que estaba como un flan al otro lado del teléfono.
- Jared, tranquilo cielo. Jen está descansando y está bien.
- Steve me dijo que se desmayó en el aeropuerto y que le… - Donna lo interrumpió para evitar que siguiese tan acelerado.
- Y así es. Le han detectado un pequeño foco de neumonía en el pulmón derecho, pero el médico nos ha dicho que con antibióticos y descanso en unos días estará como nuevo.
- Pero… ¿dónde estáis? ¿Seguís en el hospital?
- Sólo se va a quedar esta noche y más que nada por precaución. A partir de mañana se recuperará en casa.
Eso al menos sonaba mucho mejor que lo del hospital.
- Pero, ¿seguro que está bien?
- En serio cielo, no te preocupes. Ha sido el típico catarro que se ha complicado rápido. Sólo que lo siento porque creo que vuestros planes de fin de año se han echado a perder.
- Eso no me importa. Lo que me importa es que Jen esté bien. Mañana a primera hora salgo para Dallas. Buscaré un hotel cerca vuestra si os parece bien.
- ¿Un hotel? De eso nada. Sería la primera vez en tu vida que te alojas en otro sitio que no sea mi casa.
- No quiero molestar Donna.
- ¡Jared Padalecki! Tú nunca molestas en nuestra casa. Además, Jen tiene para dos semanas y sólo imaginármelo subiéndose por las paredes… Gracias pero no. Más vale que lo aguantes tú por la parte que te toca.
- ¿Estás segura?
- Completamente. Alan y yo teníamos pensado cenar el día treinta y uno con unos amigos, pero si es necesario lo cancelamos y organizo algo sencillo en casa. ¿A qué hora embarcas?
- No, no lo sé. En el primer avión que me den. ¿Le dirás a Jensen que está todo bien?
- Claro, por supuesto cariño.
- Explícale que he estado incomunicado. Debe de pensar lo peor de mí.
- Cielo, si Jensen creyese eso, no habría hecho la tontería de irse al aeropuerto. En cuanto esté despierto se lo diré.
Donna volvió a la habitación contando con que Jensen estaría durmiendo, pero en su lugar el rubio se estaba semi incorporando tratando de buscar algo en el cajón de la mesilla donde habían dejado el resto de sus pertenencias.
- ¡Jensen Ross Ackles! ¿Se puede saber que narices crees que estás haciendo?
Por los movimientos lentos de su hijo o todavía estaba algo confuso o los antibióticos lo atontaban más de lo que a Jensen le habría gustado y menos de lo que ella habría preferido.
- Busco mi teléfono – su voz sonaba tan torpe como lo eran sus movimientos – necesito llamar a Jared.
- Lo que necesitas es recostarte y dejar de moverte si no quieres que las intravenosas te hagan un desastre en la mano y tratar de descansar si lo que quieres es que te den el alta.
Con suavidad lo cogió por los hombros y ella misma lo ayudó a recostarse, dándose cuenta de lo agotado que tenía que estar para apenas oponer resistencia.
Una vez contra la almohada le puso la mano en la frente. Todavía estaba algo caliente, pero al menos esa bolsa de antibióticos estaba haciendo bien su trabajo.
- Estoy bien mamá… - bufó -… sólo quiero saber donde está mi teléfono para… - Un absceso de de tos lo obligó a callarse. - ¡Joder! – Toser era en ese momento un puto suplicio. Era como si le faltase fuerza para hacerlo y a su vez le dolía lo suficiente como para desear no tener que hacerlo de nuevo - ¡Mierda! – masculló.
- No me vengas con que estás bien Jen porque no lo estás ni lo vas a estar en unos cuantos días. Así que ve mentalizándote.
- Pero si solo es una gripe con algo de catarro.
- ¿Gripe? Cariño no seas cabezota. Tienes neumonía por si no lo sabes, por lo que nada de tomarte estas cosas a la ligera.
No. No podía tener eso. No cuando tenía que coger un vuelo. Se tomaría sus antigripales como había hecho esos días atrás y en nada estaría como nuevo.
- Deja de darle vueltas a la cabeza porque puedo leer tus pensamientos y no, no vas a viajar.
- Pero… tengo que hablar con Jared antes de que todo vaya a peor, si es que eso es posible. Y ¿cómo voy a hacerlo si no me coge el maldito teléfono? Lo único que me queda es viajar hasta allí.
Definitivamente no recordaba nada de la última parte de la conversación con la azafata en el aeropuerto, aunque por otra parte era del todo comprensible, teniendo en cuenta que cuando había llegado al hospital tenía casi cuarenta grados y medio.
- Jensen… - Donna trató de tomar una posición firme pero conciliadora -… Jared ha estado incomunicado estos dos días y por eso no has podido hablar con él.
- ¿Qué?
- Ha habido una tormenta en nevada y las comunicaciones de Reno y alrededores estuvieron cortadas hasta hace apenas unas horas. Acabo de hablar con él y me ha dicho que te diga que todo está bien.
Ante la cara de confusión de su hijo, Donna le explicó como se había desarrollado la conversación lo más detallado posible.
Despues de eso, Jensen sintió como si su cuerpo estuviese deshaciéndose de un lastre que pesaba toneladas y sin darse cuenta empezó a llorar.
- Quiero hablar con él.
- Es tarde cielo y tú necesitas descansar.
- Lo que necesito es oír su voz… Dame el teléfono, por favor. Después te juro que te haré caso.
La verdad es que no tenía muchas opciones. Sabía que Jensen no iba a bajar la guardia hasta que consiguiese su cometido. Así que cogió el móvil de su bolsillo y se lo puso en la mano.
Jared estaba a puntito de darse un baño para relajar los músculos que notaba completamente agarrotados de tanta tensión acumulada cuando escuchó una vez más la voz de Adele. Supuso que sería Donna y por un momento tuvo miedo de que hubiese pasado algo.
- Donna. ¿Ha pasado algo? ¿Todo bien?
Casi se le sale el corazón del pecho cuando escuchó la voz fatigada de Jensen al otro lado del teléfono.
- ¡Hey!
- ¡Hey! ¿Qué haces llamando por teléfono cuando se supone que tendrías que estar descansando? – Aunque la verdad es que esa llamada era lo mejor que le había pasado en todos esos días.
- Yo… ¿cómo estás?
- ¿Qué cómo estóy? Dios Jen, no tienes arreglo. Yo estoy bien. ¿Cómo estás tú, mi vida?
- Estoy bien…, sólo un poco cansado por culpa de este maldito trancazo.
- ¿Trancazo? Tienes una forma muy curiosa de rebautizar a una neumonía, ¿sabes?
- Los médicos son unos exagerados.
- Claro, por supuesto – se le escapó una risa suave que a Jensen le supo a gloria – Ya sabes que les interesa tener a la gente hospitalizada para que no se les acabe el chollo.
- Jay… - cambió de tercio – Yo… lo siento mucho. Siento no haberte llamado, siento haberme puesto como me puse y siento haberte fastidiado las vacaciones.
- No, escucha Jen. Yo tampoco debería haberme puesto tan borde el otro día. Estaba molesto por otra cosa y lo descargué contigo en vez de preocuparme por si estabas bien. En cuanto a no llamarme, eso no es lo que dice mi registro de llamadas perdidas. Y bueno…, lo de las vacaciones, son cosas que pasan. Lo único que me fastidia es que no estés aquí conmigo. Esto es una pasada.
- Pero el treinta y uno puedo viajar seguro. Aunque creo que lo del snow va a tener quedar para otro día.
- Ni de coña se te ocurra mover tu culo de casa. Para hacer snow nos sobran montañas en Vancouver.
- Pero yo quiero…, necesito verte – Sólo pensar que podría pasarse las navidades sin verlo y más después de toda esa movida lo hacía ponerse peor de lo que estaba.
¡Vale! Así que Donna aún no le había dicho que su idea era viajar al día siguiente.
- Te prometo que nos vamos a ver. ¿O crees que tengo ganas de escaquearme de ti en vacaciones?
Podría haberle dicho que estaría allí al día siguiente, pero prefirió callárselo, para darle una sorpresa pero también por si había algún problema con los vuelos. Si le decía al rubio que llegaría a Dallas al día siguiente, así como los vuelos se retrasasen algo, Jensen no iba a hacer ni puñetero caso y lo de descansar pasaría a otra dimensión.
- ¿Seguro que está todo bien? – preguntó receloso
- Ahora que puedo hablar contigo está todo más que perfecto. Y ahora prométeme que vas a descansar y que no le vas a hacer la vida imposible a la gente del hospital.
- Es que así como se vacíen estas bolsas que me han enchufado me voy para casa.
- De eso nada Jen. Tu madre me ha dicho que te tienes que quedar esta noche.
- ¿Qué? Yo no me quedo aquí. ¿Navidades en un hospital? No gracias.
- Vale. Pues avísame cuando después de salir de esa cama te tengan que recoger con una escoba y un recogedor para devolverte a ella.
- Eso no me va a pasar – Aunque la verdad es que no estaba muy seguro de ello, porque ahora que se había incorporado ligeramente era como si en ve de una cabeza tuviese dos – O tal vez sí – masculló.
- Pero si es sólo una noche – trató de hacerlo razonar – y así tienes la tranquilidad de que si te encuentras te van a atender rápido y mejor que en ningún otro sitio.
- Eso no es verdad – protestó el rubio – seguro que tú lo harías mejor.
- ¡Ah! Eso por supuesto – soltó esa carcajada que necesitaba soltar desde hacía tres días - ¿Me prometes que me vas a hacer caso?
- Te lo prometo pero porque eres tú.
- Vale, pero que sepas que si no lo haces me enteraré.
- No sé por qué estoy seguro de eso – miró para su madre como si fuese la culpable de cualquier posible chivatazo.
- Y ahora desconecta por hoy, ¿vale?
- Te quiero mucho
- Más te vale – tras un suspiro de alivió continuó – Y yo a ti.
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Puede que no fuesen muchas horas las que había pasado en ese hospital, pero descansar con unas intravenosas conectadas y tumbado boca arriba, no era precisamente el mejor modo de garantizar un descanso en condiciones. Esa era la principal causa de que Donna lo hubiese tenido que despertar para que saliese del coche y entrase en su casa.
Las instrucciones del médico eran sencillas: dos semanas de antibióticos a tomar con puntualidad, mucho líquido. A ser posible un humidificador de agua caliente para hacer inhalaciones de vapor y todo el descanso del mundo entre noches y siestas.
En principio tampoco eran unas normas del otro mundo, sólo que las llevaría cien mil veces mejor si estuviese en su casa de Vancouver, recuperando el tiempo perdido con Jared.
Pero la verdad es que en ese momento no estaba para pensar demasiado. En nada le tocarían los antibióticos y no se le ocurría ningún otro sitio mejor para tomárselos que su cama.
Jared le había enviado un par de mensajes diciéndole que estaría un buen rato en las pistas y que lo llamaría más tarde. Así que por mucho que quisiese hablar con él, tendría que quedarse con las ganas. Y aunque eso lo frustraba bastante, al menos en esta ocasión sabía que todo estaba bajo control.
Así que se había hundido debajo de su edredón de plumas y había dejado que el cansancio le ganase la batalla. Total, si iba a pasar tantos días encerrado, tal vez no sería tan mala idea si pasaba gran parte del tiempo dormido.
Lo que no se imaginaba el rubio es que ese “estaré en las pistas un rato” tenía más que ver con las pistas de asfalto del aeropuerto que con cualquier otra cosa.
Se había pegado el madrugón del siglo para llegar pronto a Reno y poder buscar una combinación que le permitiese estar lo antes posible en Dallas. Aún así, no había podido encontrar un maldito vuelo directo y había tenido que aceptar la combinación Reno-LAX-Houston-Dallas.
En fin, que eso, más que un puente aéreo iba a ser un viaducto, pero sin duda merecía la pena, aunque se pasase entre unas cosas y otras unas diez horas en tránsito.
Y justo estaba en haciendo tiempo en el aeropuerto de LAX cuando se le había ocurrido enviarle ese mensaje de mentirijilla. Así, cuando lo llamase por teléfono cuatro horas más tarde, lo que menos se esperaría el rubio es que estuviese apenas a unos cuatrocientos kilómetros de su casa.
Jensen se despertó con el sonido del teléfono, descolgándolo por inercia aún sin tener ni idea quien lo estaba llamando.
- Sí…
- ¡Hey! – La voz sonaba de los más animada - ¿Te he despertado?
- ¡Hey! – trató de desperezarse lo más rápido posible – es por culpa de los antibióticos. Creo que son un poco fuertes. ¿Qué tal ha ido la sesión de snow?
- ¡Bien! Genial. Con la tormenta, media estación se ha quedado vacía y casi es como tener las pistas para uno – exageró.
- Seguro que te has lanzado por la pista más jodida.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque te conozco y porque estás loco.
- ¿Y tú cómo estás? ¿Mejor que ayer?
- Supongo que sí. A parte del sueño ya no me siento como un dragón de tres cabezas. Aunque esta tos es un asco.
- Toser viene bien. Es la forma de limpiar los pulmones – lo que daban de sí las horas muertas de aeropuerto, que se había dedicado a leer información sobre las neumonías.
- ¿No ves? Serías un enfermero perfecto. Mi enfermero perfecto. Lástima que estés tan lejos.
- Siento estar tan jodidamente lejos - recalcó - Me encantaría poder tele transportarme.
- ¿Dónde está Cas cuando se le necesita? – Bromeó Jensen.
- O el Halcón Milenario.
- De eso nada. El Halcón milenario es mío, que para algo soy Solo y tu Luke.
- Pero me lo dejarías si fuese por una buena causa.
- Si con eso consiguiese que estuvieses aquí ahora mismo, te lo regalaría.
- Eso lo dices ahora, porque te pones jodidamente mimoso cuando estás enfermo, pero te lo recordaré de aquí a dos semanas.
- Eso no es del todo cierto. Sólo me pongo mimoso contigo.
- Uhmm… vale…, me lo creo pero porque me gusta que sea así. Y ahora cuéntame tus planes de hoy.
- ¡Un planazo! Beber dos litros de agua – oyó como Jared se reía – acompañados de unas deliciosas pastillas que parece ladrillos…
- Cada vez suena mejor.
- Y rescataré mi antigua PS2 para echar alguna partida que otra hasta que me entre el sueño – tuvo que parar para toser una cuantas veces – Lo dicho, un planazo.
- Prometo que te lo compensaré en cuanto pueda.
- Sigo diciendo que no hay razón para que no pueda viajar en dos días.
- Y yo digo que voy a creer que es la fiebre la que te hace hablar sin pensar.
El castaño vio como en los paneles de salida le asignaban por fin una puerta de embarque y empezó a caminar hacia ella. Con un poco de suerte embarcaría en unos cuarenta y cinco minutos, así que aún tenía tiempo para seguir hablando con Jensen o más bien mintiéndole descaradamente, como si fuese un mentiroso patológico, sobre sus planes en la estación con Brian y el resto de los chicos.
- Jen se me está muriendo la batería – volvió a mentirle así como una azafata se ponía en el pequeño mostrador de la puerta de embarque – Te llamo en cuanto esté cargado, ¿vale?
- ¡Vale, claro! – Puedo notar la decepción del rubio por tener que cortar la conversación, pero llevaban prácticamente una hora hablando sin parar y al fin y al cabo eso no dejaba de ser un sobre esfuerzo.
- Si te vuelvo a decir que te echo de menos, ¿me llamarás pesado?
- No, pero me vas a provocar un complejo de culpabilidad por no estar ahí.
- No seas tonto y disfruta por los dos.
- ¿Estarás bien?
- Estaré bien – No sonó muy convincente pero era lo que había.
Tras los “te quiero” de rigor y alguna que otra proposición de Jared para cuando estuviese recuperado, Jensen había vuelto a la realidad de aquellas cuatro paredes.
De repente ya no tenía ganas de jugar a ningún videojuego o para ser más exactos, de hacer nada de nada.
Apenas fue capaz de tomarse la mitad del caldo que su madre le había preparado, aunque quiso achacarlo a los antibióticos. Lo que ya no puedo achacar a éstos, fue el que de repente lo invadiese una sensación de soledad. Quería demasiado a ese gigante de hoyuelos irresistibles que le había fundido los plomos casi siete años atrás y lo echaba jodidamente de menos. Más de lo que cualquiera se pudiese esperar.
El caso es que una vez más se enterró en la cama, cubriéndose hasta la cabeza, permaneciendo así, hecho un ovillo, hasta que el cansancio se volvió a apoderar de él, quedándose nuevamente dormido.
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Cuando Jared se bajó del taxi que lo dejaba delante del porche de los Ackles podía jurar que hasta le temblaban las piernas.
Alguno lo achacaría a las interminables horas de avión, pero de sobra sabía que no era así.
Por mucho que tratase de disimularlo, Alan seguía sin llevar “demasiado bien” que él y su hijo fuesen pareja. No porque tuviese algo contra él exactamente, sino porque no terminaba de asumir que su hijo fuese gay. Debía de ser de los pocos allegados que quería creer que su boda con Danneel había tenido lugar porque realmente Jensen estaba enamorado de ella. Pero en fin, cada uno creía lo que quería creer.
El caso es que por mucho que Donna lo siguiese tratando como siempre o incluso de un modo más cercano, podía notar las miradas de desaprobación de Alan en su nuca. De ahí sus intenciones de irse a un hotel tal cual harían Chris y Steve, que por cierto, llegaría para fin de año, tal y como le acababan de contar, acompañado de un “no le digas nada a Jen, ¿vale?”
Respiró profundo un par de veces antes de llamar al timbre, sintiéndose de lo más aliviado cuando fue Donna y no Alan quien le abrió la puerta.
- ¡Cariño! Así que has podido viajar. ¡Cómo me alegro!
Tras un abrazo, lo ayudó con el equipaje.
- ¿Cómo ha ido el viaje? Debes de estar agotado.
- No mucho. Por suerte soy de los que duermen sin problemas hasta de pie. ¿Cómo está Jen?
- No debe de estar muy allá cuando ni siquiera ha intentado salir de la habitación, pero sabes que no lo va a reconocer en la vida.
- Si lo reconociese no sería Jensen.
- No ha estado muy bien estos días y no me refiero sólo a la neumonía.
- Se a lo que te refieres, porque yo me he sentido igual.
- Lo sé, cielo. ¡Anda! Te llevaré a la antigua habitación de Josh para que te puedas dar una ducha.
Por la cara del castaño, Donna dedujo que se moría por ver a Jensen.
- Se tomó la medicación no hace mucho, por lo que como mínimo dormirá una hora más. Lo noquean bastante la verdad. Así que, ¿por qué no aprovechas para ponerte cómodo?
La idea era de lo más apetecible. Llevaba desde las cinco de la mañana con la misma ropa, así que lo de darse una ducha y ponerse ropa de andar por casa estaría bien.
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Jensen sintió el olor del café recién hecho invadiendo su habitación. Y si a eso le sumaba la agradable sensación de una mano conocida acariciándole el pelo, entonces la combinación era perfecta.
Lástima que sólo fuese un sueño, porque esa mano y esa forma de tocarle la conocía demasiado bien como para no saber que se trataba de Jared y eso era imposible. Pero ya que se trataba de un sueño, al menos que durase lo máximo posible, por lo que intención de despertarse en resumen era igual a cero.
Jared sonrió al ver como, aún dormido, Jensen parecía estar disfrutando de las caricias. Había subestimado los efectos del cansancio y de la medicación y había creído que sería suficiente para despertarlo. Así que decidió dar un paso más allá, sobre todo porque se moría de ganas de hacerlo.
Dejó aparcadas las zapatillas al lado de la cama y descubriendo el edredón con cuidado se metió en la cama, pegando su cuerpo al de Jensen y rodeándolo con su brazo.
Sabía de sobra que estando allí dentro, Donna respetaría la intimidad de su hijo y que salvo en el caso de que se estuviese quemando la casa no entraría allí para nada.
Decidió no despertarlo. Le apetecía estar abrazado a él y disfrutar de su reacción. Así que permaneció pegado a él, acariciándole suavemente la nuca y dejándose llevar a un estado de duermevela, pero sin dejar de disfrutar del momento.
Tendría que pasar casi una hora hasta que el rubio se diese cuenta de que el brazo que lo rodeaba era real y que ese calor que lo invadía poco tenía que ver con tener de nuevo fiebre.
Aun así tuvo que palpar el cuerpo que se aferraba a él para que no le quedasen dudas de que no estaba alucinando.
Fue precisamente ese movimiento el que confirmó Jared que el rubio estaba despierto.
- ¡Feliz navidad! – Le susurró al oído.
Ojalá hubiese podido ver la expresión de su novio y la sonrisa genuina que se había dibujado al momento en su cara.
- O me has robado el Halcón o me has mentido descaradamente.
- Tuve tentaciones con lo de la nave pero al final cambié de idea – el castaño fingió voz de culpabilidad.
- O sea, que me has engañado como si fuera un pringado.
- Pero ha sido por una buena causa, ¿no?
El rubio asintió con la cabeza mientras ya no podía hacer nada por ocultar una sonrisa que parecía que no iba a querer desaparecer de su cara en un buen rato. A continuación se giró para poder ver el rostro de Jared.
- Y encima vienes moreno que das envidia.
La verdad es que su piel contrastaba con el aspecto todavía pálido y algo ojeroso de Jensen. Pero aún así, le pareció que el rubio estaba jodidamente guapo, con el pelo arremolinado como cada vez que se despertaba cada mañana y esa expresión todavía somnolienta.
- Eso lo arreglamos enseguida. Llamamos al set y que nos manden a una de las chicas para que traigan sus brochas y potingues y te pongan como si acabases de llegar de las Bahamas. Aunque yo personalmente te prefiero al natural y con todas esas pecas para mí.
- ¿Cómo… cómo has…?
- Por si no te lo creías yo también te echaba de menos y no iba a permitir que fueses a coger un avión saltándote a la torera todas las normas. Además, me diste envidia con eso de jugar a la PS2 y no me pude resistir.
- Mentiroso – le dio un pellizco en el culo – e invasor de camas ajenas.
- Si quieres me voy – Enarcó una ceja imitando ese gesto tan del rubio.
- Si haces eso te mato. Pero podías haber avisado para no estar con este aspecto.
- ¿Y perderme tu cara de sorpresa? ¡Ni de coña! Además, estás perfecto.
- Sí, seguro que lo estoy – se rió con timidez e incredulidad.
- Para mí siempre lo estás.
- Jay… yo, ya te lo he dicho, pero…
- Shhhh… Jen, ya te he dicho que está todo bien. Cuando queremos, los dos podemos ser un par de capullos que se comportan como críos – Le empezó a dar suaves besos en las sienes y en el pelo - Ninguno de los dos quiso decir lo que nos dijimos por teléfono hace unos días. Lo único que me preocupa es que puedas dudar en algún momento sobre lo que yo siento por ti.
- Es que… soy un jodido inseguro que a veces necesitaría que se lo tratasen. Te quiero demasiado y a veces tengo miedo. Pero no es por ti. Soy yo que me como la cabeza solo y no sé que hacer para que no pase.
- Puedes hablar, no guardarte las cosas. Sé que esto no es fácil. Ojalá ella se desmarcase tanto como lo hace Danneel, pero ya sabes como puede llegar a ser. Pero por lo que más quieras no dudes sobre lo claro que tengo mis sentimientos hacia ti, ¿vale?
- Vale – se acurrucó contra su cuerpo para poder sentir todavía más su presencia, hasta el punto que de poder se fundiría con él.
- Te traje café hace un rato, pero tiene que estar helado.
- No me importa el café. Ahora mismo tengo exactamente lo que necesito.
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Desde ese momento, todo empezó a ir bien. Ni siquiera protestaba por no poder hacer apenas nada. Habían pasado dos días y todavía se sentía desinflado físicamente, pero por el contrario, su estado de ánimo estaba como si se hubiese puesto una armadura de inmunidad.
Sólo se movía a su habitación de noche. El resto del tiempo lo pasaba en el salón, donde él y el castaño se habían hecho fuertes convirtiendo esa estancia de la casa en su pequeño feudo. Y por las noches Jared se las ingeniaba para pasar el máximo tiempo con él.
Lo de colarse en su cuarto se había convertido casi en una especie de travesura que Jensen aceptaba feliz. Lo único que llevaba peor era el caso omiso que Jared le hacía en relación a un posible contagio.
- No seas tonto Jen. No me vas a contagiar. Y si lo haces, después te tocará a ti cuidar de mí, así que visto de ese modo no suena en absoluto mal – y dicho eso, buscaba con su boca los labios del rubio, besándolo con suavidad. Controlando en todo momento que no se agotase o que pudiese tener algún problema al respirar.
Sí que la tranquilidad se vio un poco trastocada con la llegada de Chris y de Steve, o más bien con la llegada de Chris, como siempre en su línea de revolucionarlo todo, a pesar de que Steve le había dejado claro que por el bien del rubio se limitase a tomarse las cosas con calma. Y cuando hablaba del calma se refería tanto al tema de la bronca que había ido planeando durante todo el camino, como si del discurso de la investidura de Obama se tratase, hasta los planes que tenía previsto para esa noche, en la que finalmente Donna y Alan saldrían como tenían pensado y en la que los cuatro disfrutarían de una cena de fin de año atípica a base de una barbacoa típicamente tejana y en la que tendrían como cocinero de excepción al propio Steve.
Después de eso, cervezas para los adultos y refresco para los niños, tal y como Chris se había decidido en catalogar a Jensen en un intento por torturarlo y a continuación, un poco de buena música. Que por algo se habían hecho el viaje a Dallas con sus respectivas guitarras.
La verdad es que podían no estar en Reno, en una cabaña idílica en medio de la tranquilidad de la montaña, pero en ese momento, no echaban para nada en falta el no poder estar allí. Habían recibido el año juntos y acompañados por dos de sus mejores amigos. ¿Qué más podían pedir?
Donna y Alan habían llegado de la cena y se habían retirado a su dormitorio saludando rápidamente para felicitarles el año y proponiéndoles a Steve y a Chris que se quedaran en casa, aunque ellos, como era de esperar, rechazasen amablemente la invitación, puesto que aún tenían que celebrar unas cuantas cosas más en la intimidad de su habitación de hotel.
Eran cerca de las tres de la mañana cuando el castaño los echó sutilmente con la excusa barata, según el propio Chris, de que Jensen se tenía que ir de retirada.
- Haz el favor de no abusar de él, que todavía es un pobre convaleciente.
- El convaleciente vas a ser tú, de la patada que te voy a dar en todas tus partes como no dejes de tratarme como si fuera un inválido – protestó Jensen medio en broma, medio en serio.
- Desagradecido – Chris acompañó el comentario con un gesto burlón y un guiño de ojo dirigido al Castaño antes de salir por la puerta diciendo un – No lo destroces más de lo que está, ¿vale?
Una vez solos ambos se habían dirigido al cuarto del rubio, porque si algo tenían claro es que al igual que habían acabado el año juntos, también iban a empezar el año nuevo en la misma línea.
Ni siquiera les preocupaba hasta donde podrían llegar. Es más, Jared podría entender que así como ambos se dejasen caer en la cama el rubio cayese rendido.
Pero aparentemente Jensen no estaba dispuesto a dejarse vencer. Por algo se había pegado el siestón que se había pegado esa tarde y parecía que había hecho efecto. O eso o sencillamente las ganas de hacer el amor con Jared superaban cualquier estado de fatiga que pudiese amenazarlo.
Por eso fue él quien empezó a juguetear con su mano cerca de la polla del castaño. Quería demostrarle que estaba perfectamente para que ambos pudiesen disfrutar al máximo y por la reacción del cuerpo del este último, era evidente que disfrutaba con la idea.
Aún así, Jared tuvo que preguntar.
- Jen, ¿estás seguro? No es necesario…
- Sí que lo es… Yo lo necesito y creo que tú también, aunque lo siento cariño, pero creo que te va a tocar a ti la parte dura.
- Eso no va a ser ningún problema – sonrió con picardía – recuerda que yo soy tu enfermero, así que ya sabes. Tú sólo preocúpate por dejarte hacer.
Y eso efectivamente nunca había sido un problema para ellos. En todos sus años juntos habían aprendido el uno del otro. Se conocían perfectamente y no importaba si el sexo entre ellos era desenfrenado o por el contrario era pausado, suave…, eterno. Porque cada sensación, cada orgasmo siempre era diferente, y a su vez sencillamente perfectos.
Y esa noche no iba a ser distinta. Llevaban más de una semana sin tenerse el uno al otro y era el momento de disfrutarse plenamente.
Jared se tomó su tiempo, dedicándose a recorrer cada centímetro de ese cuerpo que tanto deseaba. Sustituyendo los besos en esa boca que tanto adoraba por besos repartidos en otros puntos del cuerpo que al rubio lo hacían gemir de placer de de ese modo tan especial que lo hipnotizaba.
Y en medio de todos esos besos, se mezclaban las caricias repartidas por ambos, mientras que el contacto de sus cuerpos rozándose iba dando suelta a todas ese cúmulo de sensaciones empapando cada poro de su piel.
Podía notar como su miembro y el del rubio se iban endureciendo casi sincronizados. Sentía el calor de la mano de Jensen recorriéndole la polla, jugueteando con sus pelotas, mientras trataba de controlar su respiración, acelerada como respuesta a sus propios juegos.
Al igual que pudo notar el suave gruñido al alejarse ligeramente de él, dificultándole seriamente el poder continuar masturbándolo y que se convirtió en un jadeo suplicante así como sintió los labios del castaño succionando su propia polla, recorriéndole el glande casi maquiavélicamente con la lengua, obligándolo a agarrase casi con desesperación a su cuello para poder aguantar los calambres de placer que le recorrían la espalda una y otra vez.
Estiraron ese previo tanto como su propio cuerpo se lo permitió. Para ese momento, Jensen estaba ya tan dilatado que Jared podría haberlo penetrado sin problemas. Pero como habían acordado no había prisa y haciéndolo de ese modo el disfrute sería sin duda mayor.
Se acercó a su entrada, recorriéndola en círculos con la lengua, ascendiendo juguetonamente hacia sus pelotas y volviendo a descender una y otra vez, tratando de controlar las sacudidas de su propia polla incitándole o más bien rogándole ir más allá.
Sólo cuando Jensen le pidió que por favor entrase en él, si no quería terminar de volverlo loco, el castaño cesó en ese juego y aproximó su miembro a esa entrada jodidamente caliente y expuesta que no oponía ninguna resistencia.
Lentamente se fue enfundando en su interior, disfrutando del calor y de la ligera presión que los músculos de Jensen ejercían contra su glande. Teniendo que hacer un esfuerzo doble para no dejarse llevar y correrse en ese momento.
Y entre avance y avance, juegos en círculo, recorriendo cada anillo y cada pliegue, estimulándose mutuamente, hasta que supo que de seguir así ninguno de los dos podría aguantar mucho más y empezó a embestir despacio, moviendo sus caderas con lentitud casi a modo de vaivén, mientras Jensen hacía lo mismo buscando la fricción de sus pelotas contra el cuerpo de Jared.
- Tócate Jen… despacio mi vida. Quiero ver como te corres cariño mientras disfruto con esos increíbles ojos.
Como si fuese una orden, Jensen empezó a masturbarse al tiempo que Jared seguía con las embestidas, cada vez más profundas, cada vez más próximas a ese punto mágico en el que se doblegaba hasta el hombre más racional.
A Jared se le escapó un gemido al ver como su novio no sólo lo miraba de la forma que lo estaba haciendo. Verlo morderse el labio mientras hacía todo lo posible por mantener de algún modo el poco control que le quedaba sobre su cuerpo, sentir el calor irradiando de sus mejillas, la sobre exposición de ese sinfín de pecas era la cosa más jodidamente excitante que cualquiera podría desear en su pareja.
Jensen sintió el orgasmo naciendo en la forma baja de su abdomen al tiempo que Jared aumentaba el ritmo.
- No puedo aguantar más… si me sigo tocando, dios… Jay córrete conmigo, por favor.
El castaño le agarró ambas manos, liberando su polla enrojecida y lubricada del placer tortuoso de sus propias manos y se dejó caer con su cuerpo lo suficiente para seguir dándole fricción con su propio roce.
No tardó el en sentir el calor del rubio empapándole su abdomen, los temblores de su cuerpo golpeándolo con fuerza en medio del placer del orgasmo, hasta que instantes después fue incapaz de distinguir si esos temblores eran los de su pareja o los suyos propios mientras se vaciaba por completo en su interior fundiéndose por completo el uno en el otro.
Así como volvió a tener control sobre su cuerpo, el rubio tiró de él dándole a entender con un cariñoso “no” que necesitaba permanecer así algo más de tiempo, hasta que el leve tiritar de su cuerpo fue la señal para Jared, que saliendo con suavidad de su interior se recostó a su lado arropándolo con su propio cuerpo en una perfecta cuchara.
- Crees que siempre será así – le preguntó Jensen ligeramente adormilado.
- No – notó como el cuerpo del rubio se estremecía tras esa respuesta e inmediatamente empezó a acariciarlo – creo que cada vez será mejor.
- Pues yo con estar así el resto de mi vida firmaba ahora mismo.
- Eso es porque siempre has sido un conformista – bromeó mientras le recorría la nuca con suaves besos.
- Yo no soy conformista – protestó el rubio – si lo fuera no tendría conmigo a la mejor persona con la que jamás pensé que podría estar.
- Pues en eso estamos a la par, porque yo a estas alturas no puedo imaginarme con ninguna otra persona que no seas tú.
- ¿Con ninguna?
- Con ninguna…, ni aunque fuese tu clon, porque seguro que sería peor que tú… Tú eres uno y único.
- ¿Qué? – El rubio no pudo evitar reírse - ¿Me estás comparando con una canción de Adele? ¿Sabes que te estás volviendo un blando?
- No me ablando – hizo esa afirmación de un modo tajante - directamente me fundo cuando estoy cerca de ti y lo sabes.
- Uhmmmm… eso me gusta.
- ¿Y tú sabes una cosa?
- Ni idea.
- Pues que te parecerá una tontería, pero estas han acabado siendo unas de las mejores navidades de mi vida.
- Tontería no sé, pero que te estás quedando conmigo, eso sí que lo tengo claro.
- Que no, en serio. Piénsalo bien. Al final hemos podido estar juntos más días de los que pensábamos y con la excusa de descansar te he tenido prácticamente en exclusiva. En serio, ¿puedo pedir más?
- Bueno… visto así – vaciló el rubio.
- De verdad Jen, todo lo que quiero. Contigo aquí y ahora tengo todo lo que quiero.
- Y yo te quiero a ti, tío cursi.
- Serán las navidades, que sacan mi vena más romántica – le dio un último beso y un suave mordisco en el cartílago de la oreja, antes de susurrarle al oído – Feliz año nuevo mi amor.
Jensen ronroneó un casi imperceptible – Feliz año nuevo – mientras se dejaba invadir por esa sensación de seguridad que le daba el tenerlo tan cerca.
Había pedido un único deseo para el dos mil doce: poder estar con Jay tal y como estaban en ese momentos. Sabía que tendrían momentos difíciles. Eso era algo que ambos debían asumir, pero también tenía la seguridad de que esos momentos los superarían y siempre serían compensados con creces por instantes como el que estaban viviendo en esa habitación en ese mismo momento. Al fin y al cabo, cuando una pareja se complementaba como ellos lo llevaban haciendo desde hacía años, poco importaba que los atacasen por distintos frentes, porque por mucho que lo intentasen, lo único que iban a conseguir es que el amor que sentían el uno por el otro no hiciese más que salir reforzado.
- Fin -