Banco de arena

acumulación de arena, grava o guijarros a lo largo del litoral o en el lecho de un río

Un banco de arena (también denominado barra arenosa, bajo, bajío o sirte) es una acumulación natural de arena, grava u otros sedimentos no consolidados que se deposita en el litoral, en el fondo de mares, estuarios, ríos o lagos como resultado de procesos de sedimentación y transporte hidráulico. Estas formas pueden permanecer sumergidas, aflorar parcialmente o emerger durante la marea baja o en periodos de estiaje, constituyendo con frecuencia un obstáculo para la navegación marítima o fluvial.[1]

Banco de arena en el mar de Frisia septentrional (Alemania).

El término sirte es recogido por la Real Academia Española como sinónimo de bajo o banco arenoso.[2] En sentido náutico, se consideran bajos o bajíos cuando la escasa profundidad supone riesgo de varadura.

Su formación responde a la interacción entre el oleaje, las mareas, las corrientes marinas o fluviales y la disponibilidad de sedimentos transportables.[3][4]

Formación

editar

Los bancos de arena se desarrollan cuando la energía del flujo disminuye y los sedimentos transportados por suspensión o arrastre se depositan. Este proceso responde al equilibrio entre la capacidad de transporte del agua y la disponibilidad de material detrítico.[3][1]

La acumulación puede producirse por:

  • pérdida de velocidad de las corrientes marinas o fluviales;
  • rompiente del oleaje y acción de la deriva litoral;
  • interacción y desaceleración de corrientes de marea en estuarios y plataformas someras;
  • aportes aluviales en deltas y desembocaduras;
  • retrabajo de sedimentos costeros durante temporales y tormentas;
  • cambios locales de profundidad (batimetría) que favorecen la decantación del material.

En los ríos, los bancos suelen presentar morfología asimétrica, con pendiente suave aguas arriba y un talud más abrupto aguas abajo. Durante las crecidas, la erosión de la cola y la deposición en el frente provocan su migración progresiva en sentido descendente del cauce, fenómeno típico de los sistemas trenzados o de cauce ancho.[1]

En ambientes marinos, el oleaje y las corrientes pueden generar cordones o bancos lineales paralelos u oblicuos a la costa, así como sistemas asociados a cabos y promontorios. Estos bancos pueden desplazarse, fragmentarse o fusionarse en función de la dinámica hidrodinámica y del régimen sedimentario.[3][5][6]

Los bancos de arena pueden clasificarse según su localización, morfología y proceso de formación, distinguiéndose formas costeras, estuarinas y fluviales.[1][3]

Barras litorales

editar

Se disponen aproximadamente paralelas a la costa, en la zona de rompiente o algo más alejadas de la orilla. Se originan por la acción combinada del oleaje y la deriva litoral, que transportan sedimentos a lo largo de la playa hasta depositarlos en áreas de menor energía. Pueden contribuir al aislamiento de lagunas, marismas o albuferas y actuar como barreras naturales frente al oleaje.[3]

Barras de resaca (o barras longitudinales)

editar

Se forman frente a la zona de rompiente por la redistribución del sedimento mediante corrientes de retorno (resaca). Suelen disponerse como crestas arenosas sumergidas paralelas a la línea de costa y pueden migrar estacionalmente según el régimen de oleaje.[3]

Bancos fluviales

editar

Acumulaciones de arena y grava situadas en el lecho de los ríos, generadas por la pérdida de velocidad del flujo y la deposición de materiales transportados. Son frecuentes en ríos trenzados o de cauce ancho y presentan formas alargadas y asimétricas que migran aguas abajo durante las crecidas.[1]

Barras de desembocadura (barras de boca)

editar

Se desarrollan en bocanas de ríos, puertos o estuarios, donde el contraste entre corrientes fluviales y marinas favorece la decantación del sedimento. Pueden reducir la profundidad navegable y requieren con frecuencia operaciones de dragado para mantener el acceso portuario.[3]

Bancos estuarinos e intermareales

editar

Se localizan en estuarios y llanuras de marea, donde las corrientes de flujo y reflujo redistribuyen continuamente los sedimentos. A menudo forman complejos de crestas y canales que quedan parcialmente expuestos durante la bajamar.[6]

Tómbolos y cordones litorales

editar

Cuando las barras emergen de forma estable, pueden conectar una isla con el continente formando un tómbolo o evolucionar hacia cordones litorales e incluso islas barrera. Estas estructuras pueden consolidarse por vegetación o aporte continuo de sedimentos.[1]

Dinámica

editar

Los bancos de arena son formas sedimentarias altamente móviles y dinámicas. Su posición, volumen y morfología dependen del equilibrio entre erosión, transporte sedimentario y sedimentación, por lo que pueden modificarse en escalas temporales que van desde horas o días (durante temporales) hasta años o décadas.[3]

El desplazamiento del sedimento se produce por arrastre de fondo, saltación y suspensión, procesos controlados por la velocidad de las corrientes y la energía del oleaje. Cuando la energía aumenta, el banco puede erosionarse o fragmentarse; cuando disminuye, se produce la acumulación y el crecimiento del relieve.[3][4]

En costas arenosas es habitual una migración estacional: los temporales invernales tienden a desplazar el sedimento mar adentro, formando barras sumergidas, mientras que el oleaje más suave del verano favorece el retorno del material hacia la playa. En estuarios y llanuras de marea, la interacción entre corrientes de flujo y reflujo genera complejos de crestas y canales que se reorganizan continuamente.[6]

En sistemas fluviales, los bancos pueden migrar aguas abajo durante las crecidas mediante la erosión de su parte posterior y la deposición en el frente, lo que modifica la geometría del cauce y puede originar canales trenzados o anastomosados.[1]

Las intervenciones humanas —como puertos, espigones, diques, presas o dragados— alteran el régimen de corrientes y el balance sedimentario, favoreciendo la aparición, desplazamiento o desaparición de bancos y modificando la estabilidad de playas y marismas.[7]

Esta movilidad constante explica tanto la evolución natural de los sistemas litorales como su peligrosidad para la navegación marítima, ya que la profundidad y localización de los bajos pueden variar con rapidez y no coincidir con cartografías antiguas.

Importancia ecológica

editar

Los bancos de arena desempeñan un papel relevante en la ecología costera y fluvial al constituir hábitats dinámicos de alta productividad biológica. Sus sedimentos sueltos albergan comunidades bentónicas de invertebrados —como moluscos, crustáceos y anélidos— que sirven de base alimentaria para peces y aves acuáticas.[3]

En zonas intermareales y estuarinas, los bancos emergidos durante la bajamar funcionan como áreas de alimentación y descanso para aves marinas y limícolas, mientras que en ambientes marinos someros pueden actuar como lugares de reposo para mamíferos marinos, como focas u otros pinnípedos.[8]

Desde el punto de vista físico, estas formaciones modifican la hidrodinámica local: inducen turbulencias, remolinos y contracorrientes que favorecen la mezcla de nutrientes y la heterogeneidad del medio, lo que incrementa la diversidad biológica.[9]

Asimismo, los bancos de arena actúan como elementos de protección natural frente al oleaje y la erosión costera, disipando parte de la energía de las olas antes de que alcancen la playa o las marismas, contribuyendo a la estabilidad morfológica del litoral.[3]

Riesgos y usos humanos

editar

Debido a su escasa profundidad y a su carácter móvil, los bancos de arena han constituido históricamente un riesgo para la navegación marítima y fluvial, siendo causa frecuente de varaduras, encallamientos y naufragios. La posición y cota de estos bajos pueden variar rápidamente tras temporales o cambios estacionales, por lo que no siempre coinciden con cartografías antiguas o sondeos previos.[1][3]

Para reducir el peligro, los bancos se cartografían mediante levantamientos batimétricos y se señalizan con faros, balizas, boyas u otras ayudas a la navegación. En accesos portuarios y desembocaduras es habitual realizar dragados periódicos para mantener la profundidad operativa de los canales.[3]

Las acumulaciones sedimentarias también pueden afectar a la funcionalidad de puertos, dársenas y bocanas fluviales, favoreciendo la colmatación de canales y alterando el régimen de corrientes, lo que obliga a labores continuas de mantenimiento.

Por otro lado, cuando emergen durante la bajamar o se estabilizan, los bancos pueden ser aprovechados con fines recreativos y económicos. Tradicionalmente se han utilizado como zonas de pesca artesanal, marisqueo o varado de embarcaciones menores, y en algunos casos como áreas de uso turístico y recreativo.[8]

Ejemplos

editar

Algunos bancos de arena destacados se localizan tanto en medios marinos como fluviales y estuarinos, donde su dinámica condiciona la navegación y la morfología costera.

Ejemplos marinos y litorales

editar

Ejemplos estuarinos

editar

Ejemplos fluviales

editar

Véase también

editar

Referencias

editar
  1. 1 2 3 4 5 6 7 8 Neuendorf, K. K. E.; Mehl, J. P.; Jackson, J. A. (2005). Glossary of Geology (5.ª edición). Alexandria: American Geological Institute. ISBN 0-922152-76-4.
  2. Real Academia Española (ed.). «sirte». Diccionario de la lengua española.
  3. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 Soulsby, Richard L. (1997). Dynamics of Marine Sands. Thomas Telford. ISBN 978-0727725844.
  4. 1 2 Grant, William D.; Madsen, Ole S. (1979). «Combined wave and current interaction with a rough bottom». Journal of Geophysical Research 84 (C4): 1797-1808. doi:10.1029/JC084iC04p01797.
  5. Berthot, Alexis; Pattiaratchi, Charitha (2006). «Mechanisms for the formation of headland-associated linear sandbanks». Continental Shelf Research 26: 987-1004. doi:10.1016/j.csr.2006.03.004.
  6. 1 2 3 Pingree, Robin D. (1978). «The formation of the Shambles and other banks by tidal stirring of the seas». Journal of the Marine Biological Association of the United Kingdom 58: 211-226. doi:10.1017/S0025315400024504.
  7. Bertin, X.; Chaumillon, É. (2005). «Apports de la modélisation historique sur la compréhension des évolutions des bancs de sable estuariens». Comptes Rendus Geoscience 337: 1375-1383. doi:10.1016/j.crte.2005.06.007.
  8. 1 2 Rutecki, Deborah; Nestler, Eric; Dellapenna, Timothy; Pembroke, Ann (2014). U.S. Bureau of Ocean Energy Management, ed. «Understanding the Habitat Value and Function of Shoal/Ridge/Trough Complexes to Fish and Fisheries on the Atlantic and Gulf of Mexico Outer Continental Shelf».
  9. Signell, Richard P.; Geyer, W. Rockwell (1991). «Transient Eddy Formation Around Headlands». Journal of Geophysical Research 96 (C2): 2561-2575. doi:10.1029/90JC02029.

Enlaces externos

editar