Balduino IV de Jerusalén

rey de Jerusalén
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Balduino IV de Jerusalén (1161–1185), conocido como el Rey Leproso, gobernó el reino de Jerusalén desde 1174. Ascendió al trono con apenas trece años, pese a padecer lepra, y dedicó gran parte de su reinado a contener el poder creciente de Saladino. Su gobierno estuvo marcado por las disputas internas entre la nobleza, así como por la preocupación constante por la sucesión, lo que lo llevó a buscar consejeros capaces y a asegurar un heredero que evitara una crisis dinástica. Bajo su dirección, el reino cruzado mantuvo su vitalidad y resistió las ofensivas musulmanas.

Balduino IV de Jerusalén

Balduino IV representado a los 16 años, dirigiendo a sus tropas en la batalla de Montgisard, en un cuadro pintado desde 1842 hasta 1844 por Charles-Philippe Larivière.

Rey de Jerusalén
11 de julio de 1174 – marzo de 1185
Predecesor Amalarico
Sucesor Balduino V
Información personal
Coronación 15 de julio de 1174
Nacimiento Mediados de 1161
Reino de Jerusalén
Fallecimiento Entre marzo y mayo de 1185 (24 años)
Reino de Jerusalén
Sepultura Iglesia del Santo Sepulcro
Familia
Casa real Anjou
Padre Amalarico I de Jerusalén
Madre Inés de Courtenay

Hijo de Amalarico I de Jerusalén e Inés de Courtenay, creció en una familia complicada: sus padres se separaron cuando él tenía dos años. A los nueve quedó bajo la tutela del arzobispo Guillermo de Tiro, quien notó los primeros signos de lepra, confirmados tras la muerte de su padre. Con el tiempo, la enfermedad deformó sus manos y su rostro, aunque no le impidió aprender a cabalgar ni participar en campañas militares hasta sus últimos años. Durante su minoría de edad, el reino fue gobernado primero por Miles de Plancy y luego por Raimundo III de Trípoli, hasta que el príncipe alcanzó la mayoría en 1176. El regreso de su madre a la corte reforzó la influencia de los Courtenay, pues Inés tuvo un papel importante en las decisiones de su hijo y en la vida política del reino.

Al asumir el gobierno, planeó invadir Egipto, pero la falta de apoyo de sus vasallos frustró la campaña. La lepra le impidió casarse y, en 1176, pensó en abdicar tras la boda de su hermana Sibila, condesa de Jaffa y Ascalón con Guillermo de Montferrato. Sin embargo, la muerte temprana de Guillermo en 1177 cambió sus planes. Ese mismo año, Saladino atacó el reino, pero el rey, junto con Reinaldo de Châtillon, lo derrotó en Montgisard, y ganó buen prestigio. En 1180, para evitar un golpe de Estado de Raimundo III y Bohemundo III de Antioquía, dispuso el matrimonio de su hermana con Guido de Lusignan. La decisión provocó fuerte oposición entre la nobleza, y pronto Guido rompió su relación con el rey por su insubordinación. Aunque quería abdicar, las tensiones internas lo obligaron a seguir en el trono, pues solo su autoridad mantenía unida a la nobleza enfrentada.

En 1182, el monarca derrotó otra vez al sultán en la batalla de Le Forbelet, aunque al año siguiente la lepra lo dejó casi incapacitado. Tras el fracaso de Guido de Lusignan como comandante, el rey lo desheredó y nombró co-rey a su sobrino Balduino V, hijo de Sibila. Durante el asedio de Kerak por el ejército árabe, pese a su estado de salud, el rey se trasladó en litera para encabezar la expedición destinada a levantarlo. Sin embargo, la negativa de varios nobles a acudir a la corte le impidió anular el matrimonio de la condesa con Guido y quitarle el señorío de Ascalón. A comienzos de 1185, organizó que Raimundo III de Trípoli ejerciera la regencia en nombre de su sobrino. Poco después, murió de fiebre antes del 16 de mayo de ese año. Dos años más tarde, Saladino destruyó el reino en la batalla de Hattin.

Biografía

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Infancia

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Mientras sus compañeros lo pellizcaban, Balduino mostró los primeros signos de lepra que Guillermo de Tiro registró en la Estoire d'Eracles, manuscrito ilustrado en Francia hacia 1250.

Balduino nació hacia mediados de 1161,[1] probablemente en Ascalón, aunque no hay constancia oficial.[2] Sus padres fueron Amalarico, entonces conde de Jaffa y Ascalón, e Inés de Courtenay, lo que lo convirtió en el primer príncipe cuyos progenitores habían nacido en los Estados cruzados.[3] Su padrino fue su tío, el rey Balduino III, quien bromeó diciendo que su regalo de bautismo era el propio reino de Jerusalén.[1][4] El reino y los demás principados cruzados, rodeados por estados musulmanes árabes, estaban gobernados por francos, católicos de lengua francesa llegados de Europa occidental que conservaron su cultura. Aunque parecía improbable que un sobrino heredara —Balduino III era joven y recién casado—, el monarca murió sin descendencia en 1163.[1][5] Amalarico heredó el trono, pero la nobleza rechazó a su esposa Inés y temía su influencia. La Alta Corte obligó a Amalarico a anular el matrimonio por consanguinidad como condición para ser reconocido rey.[1][6] Aun así, consiguió que sus hijos fueran declarados legítimos.[7]

Tras la anulación del matrimonio, Inés se casó primero con Hugo de Ibelín y luego con Reinaldo de Sidón, por lo que el príncipe creció sin su madre,[8][9]viéndola solo en actos públicos.[10]También tuvo poco contacto con su hermana, criada en el convento de San Lázaro bajo la tutela de su tía abuela Ioveta.[7][3]Cuando Balduino tenía seis años, Amalarico se casó con María Comnena, quien tampoco tuvo una relación cercana con él. Según el historiador Bernard Hamilton, la reina era ambiciosa y probablemente veía a su hijastro como un obstáculo para los intereses de sus propios hijos.[11]

Para asegurar la buena formación de su heredero, el rey Amalarico envió a su heredero a vivir con Guillermo de Tiro, un clérigo culto y reconocido por su erudición.[12] Guillermo notó que, a diferencia de otros niños nobles, no reaccionaba al dolor cuando lo pellizcaban. Tras observarlo, concluyó que no sentía su brazo derecho y comenzó a preocuparse por su salud.[11]Amalarico recurrió al médico árabe Abu Sulayman Dawud y encargó a su pariente Abul'Khair enseñarle equitación, habilidad esencial para un noble franco. Con sensibilidad reducida en una mano, Balduino aprendió a controlar el caballo solo con las rodillas y llegó a dominar la monta pese a la limitación. Se sospechaba que padecía lepra, pero al no mostrar síntomas visibles los médicos evitaron diagnosticarlo, conscientes del estigma y las restricciones que implicaba.[13] De haber sido confirmado en la infancia, la ley lo habría obligado a ingresar en la Orden de San Lázaro, integrada por caballeros y sargentos afectados por la enfermedad.[14]

Guillermo de Tiro describió al príncipe como un adolescente precoz, firme y optimista frente a su enfermedad. De su padre heredó la buena apariencia, la complexión, y la forma de caminar y expresarse. Aprendía rápido, aunque sufría de tartamudez. Le gustaba escuchar relatos y lecciones de historia, y tenía buena memoria, capaz de recordar tanto los favores como las ofensas recibidas.[15]

En 1169, Amalarico buscó un esposo mayor para Sibila, con el fin de asegurar un regente en caso de morir mientras Balduino aún fuese menor de edad. El conde Esteban I de Sancerre aceptó al principio la propuesta. Sin embargo, cuando aparecieron los síntomas de la enfermedad del joven, la sucesión se volvió incierta y la atención se centró en su hermana y Esteban, aunque el compromiso no prosperó.[16] En junio de 1174, Amalarico contrajo disentería y murió el 11 de julio de ese año, y dejó como heredero a un hijo todavía menor de edad, tal como había temido.[17][18]

Coronación

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Coronación de Balduino IV por el patriarca Amalrico, ilustrada en la Histoire d'Outre Mer hacia finales del siglo XIII.

Tras la muerte de Amalarico, la Alta Corte se reunió para decidir la sucesión del reino.[17] Aunque Balduino no había sido diagnosticado formalmente, el historiador Bernard Hamilton sostiene que los jueces conocían las sospechas de los médicos reales sobre su lepra.[19] Sin embargo, no había otra opción viable: era el único hijo varón del rey, mientras que del segundo matrimonio de Amalarico solo sobrevivía una hija, Isabel, aún niña.[20][21] Las leyes permitían la sucesión femenina, pero Sibila era una adolescente soltera e Isabel tenía apenas dos años. Los candidatos masculinos —los primos de Amalarico, Bohemundo III de Antioquía, Balduino de Antioquía y Raimundo III de Trípoli— resultaron políticamente inadecuados: Bohemundo estaba ocupado en Antioquía, Balduino servía al emperador bizantino Manuel I Comneno y Raimundo, tras nueve años de cautiverio musulmán, era casi un desconocido para los barones del reino.[22]

Tras tres días de deliberaciones,[17]la Alta Corte eligió al príncipe por unanimidad, con la expectativa de que se encontrara un esposo para su hermana que pudiera sucederlo si la enfermedad lo incapacitaba.[23]El patriarca latino de Jerusalén, Amalarico de Nesle, coronó al joven rey en la iglesia del Santo Sepulcro.[23] Aunque lo habitual era celebrar las coronaciones en domingo, se eligió el 15 de julio de 1174 por coincidir con el 75.º aniversario de la toma de Jerusalén por la Primera cruzada.[24]

Regencia

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Unción de Balduino IV, miniatura realizada por Jean Colombe en Passages d'outremer, hacia 1474.

Hasta alcanzar la mayoría de edad —fijada en quince años en el reino de Jerusalén—, Balduino necesitaba un regente que gobernara en su nombre.[25] El cargo lo asumió primero el senescal Miles de Plancy.[26][21] Poco después, Raimundo III de Trípoli llegó a Jerusalén y reclamó la regencia como pariente más cercano del rey.[27][28][29] En octubre de 1174, Miles fue asesinado mientras intentaba consolidar su poder.[30][31] Tras dos días de debate, presididos por el propio monarca, Raimundo fue designado regente con el apoyo unánime de los obispos y de la mayoría de los nobles.[29] Durante los dos años siguientes, el reino permaneció sin senescal,[32] lo que obligó al joven rey a presidir las largas sesiones de la Alta Corte en ausencia de Raimundo, ocupado en campañas militares o en Trípoli.[33]

La madre del joven rey, Inés de Courtenay, regresó a la corte cuando Raimundo asumió la regencia. Tradicionalmente, se le ha acusado de aprovechar la enfermedad de su hijo en beneficio propio. Bernard Hamilton señala, sin embargo, que las fuentes contemporáneas —incluido Guillermo de Tiro muestran un fuerte sesgo en su contra.[34] Según Hamilton, el rey no tenía recuerdos de su madre, ya que había crecido sin ella desde muy pequeño, pero con el tiempo Inés se mostró afectuosa y desarrolló un gran apego hacia ella.[35]

A comienzos de 1175, Saladino, fundador del sultanato ayubí, puso sitio a Alepo, entonces en manos de los zengíes, cuyos habitantes pidieron ayuda a los cruzados.[36] Fue la primera vez que el rey pudo ejercer el mando en campaña.[37] Al final de la primavera partió de Jerusalén y atravesó Samaria y Galilea[38]rumbo a Damasco, donde las tropas cruzadas saquearon e incendiaron los alrededores.[39] La operación se repitió con éxito en agosto del año siguiente.[40] Según el historiador Pierre Aubé, Balduino y Raimundo III de Trípoli derrotaron en Ain Anjar a un ejército damasceno dirigido por Turan Shah, hermano del sultán.[41]

Durante la regencia de Raimundo se confirmó que el monarca padecía lepra, aunque se desconoce de quién la contrajo.[42] El historiador médico Piers Mitchell sostiene que debió provenir de alguien con quien el niño pasaba mucho tiempo —un familiar, una nodriza o un sirviente— y que no mostraba síntomas evidentes.[43]La pubertad pudo acelerar el desarrollo de la forma lepromatosa, que avanzó con rapidez. Las extremidades y el rostro fueron las zonas más afectadas, lo que generaba incomodidad entre quienes se acercaban a él.[44] Sin embargo, para sorpresa de los observadores musulmanes y en contra de la práctica habitual, Balduino nunca fue apartado de la sociedad. Como leproso, no podía casarse ni tener descendencia,[45]por lo que se volvió prioritario asegurar un matrimonio para su hermana y heredera presunta, Sibila. Raimundo eligió como candidato a Guillermo de Montferrato, primo del emperador del Sacro Imperio Federico Barbarroja y del rey Luis VII de Francia.[44]

Reinado

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Batalla de Montgisard

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Si pudiera librarme de la enfermedad de Naamán, me bañaría siete veces en el Jordán. Pero en mi tiempo no hallé ningún Eliseo que me sanara. No es justo que una mano tan débil sostenga las riendas del reino, mientras el temor a un ataque árabe pesa cada día sobre Jerusalén.»
Balduino IV pidiendo ayuda a Luis VII de Francia.[46]

El rey recibió la noticia de que Saladino, tras conocer las dificultades del reino y la presencia de Felipe más al norte, había cruzado la frontera egipcia el 18 de noviembre y avanzaba con su ejército hacia Ascalón. Para enfrentarlo, el rey reunió sus escasas fuerzas junto a los señores que lo acompañaban: Balian de Ibelin, Reinaldo de Châtillon, Balduino de Ibelin, Reinaldo Granier y Joscelino III de Edesa.[47] También pidió refuerzos a los templarios de Gaza a través de su maestre, Eudes de Saint-Amand.[48]

El 25 de noviembre de 1177, el ejército de Jerusalén se enfrentó finalmente al árabe en la batalla de Montgisard.[49] Las fuerzas musulmanas quedaron totalmente sorprendidas y, pese a su amplia superioridad numérica, sufrieron una rápida derrota.[50] Aun debilitado por la enfermedad, Balduino participó en el combate hasta el anochecer, momento en que Saladino se retiró.[51]

El rey persiguió al sultán hasta la península del Sinaí, donde este logró escapar.[52] El rey regresó primero a Ascalón y luego a Jerusalén, donde fue recibido con un triunfo.[53] La inesperada victoria de Montgisard tuvo un enorme impacto en toda la cristiandad, incluso en sus regiones más alejadas, donde se interpretó como un signo divino.[54] Como la batalla coincidió con la festividad de santa Catalina de Alejandría, el monarca mandó construir en Montgisard un monasterio en su honor, confiado al orden benedictino.[55]

A pesar de la contundencia de la victoria, la situación del reino apenas cambió. El ejército árabe seguía contando con amplios recursos, mientras que Balduino continuaba sufriendo la escasez de hombres. Sin capacidad para sostener una ofensiva prolongada en Egipto, dedicó los meses siguientes a reforzar la frontera con Damasco y ordenó la construcción del Chastelet, una fortaleza en el vado de Jacob destinada a proteger el paso del Jordán.[56]

Incursiones en Damasco

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A comienzos de abril de 1179, Balduino participó en una incursión para saquear los alrededores de Damasco.[57] Durante una cabalgata cerca de Panéas, en el Señorío de Banias, él y Reinaldo Granier fueron sorprendidos y derrotados por Farrukh-Shah, sobrino de Saladino.[58]Lograron escapar gracias al sacrificio del condestable Onofre II de Torón, que murió tras combatir junto al rey.[59]La pérdida afectó profundamente al monarca.[60]

Para responder a las incursiones árabes cerca de Sidón, reunió en junio una fuerza bajo su mando, acompañado por Raimundo III de Trípoli y Eudes de Saint-Amand. Partió del castillo de Torón el 10 de junio.[61]En un primer choque, sus tropas vencieron a las fuerzas de Farrukh-Shah en la batalla de Marjayoun, pero la llegada del ejército árabe cambió el curso y provocó la derrota franca. Balduino, Raimundo y parte de los cruzados lograron refugiarse en la fortaleza de Beaufort.[62] Posteriormente, el rey reunió sus tropas en Tiberíades, donde se le unió el conde Enrique I de Champaña.[63]

El 25 de agosto de 1179, tras la batalla del vado de Jacob, Saladino puso sitio al Chastelet, aún inconcluso.[62]Cuando la expedición organizada por Balduino acudió en su auxilio,[64]ya era tarde: la fortaleza había sido destruida y su guarnición templaria aniquilada.[62]Esta acción fue la única victoria de Saladino que afectó de manera tangible la integridad del reino de Jerusalén en ese entonces.[65]

Ascenso de las facciones

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Matrimonio de Guido de Lusignan y Sibila, miniatura de 1280 en el Eracles de Guillermo de Tiro.

En febrero de 1180, el rey envió a Guillermo de Tiro a Constantinopla para negociar con el emperador bizantino Manuel I Comneno y reforzar las relaciones entre ambos Estados.[66]La misión duró más de siete meses y obtuvo buenos resultados, pero el emperador murió en septiembre, poco después de la partida de Guillermo.[67]

Según una tradición historiográfica, en el reino coexistían dos orientaciones políticas: la de Balduino, favorable a mantener una paz relativa con los árabes para asegurar la supervivencia del Estado, y la de Guido de Lusignan y otros cruzados recién llegados de Europa, poco dispuestos a aceptar esa política de compromiso y partidarios de reanudar la guerra contra los musulmanes.[68]Las leyes del reino, que exigían la aprobación de los barones para reconocer a un monarca, permitían que este segundo grupo aspirara al trono.[69]

Pese a la oposición del monarca, en la primavera de 1180, Sibila y Guido de Lusignan contrajeron matrimonio, organizado por la reina madre Inés de Courtenay, después de que fracasaran los intentos anteriores de casarla con Hugo III de Borgoña y luego con Balduino de Ibelin.[70] Como Guido era el hijo menor de un pequeño señor del Poitou, el rey temía que la unión buscara debilitar su autoridad.[71]La tensión en el reino aumentó con el nombramiento de un protegido de Inés, Heraclio de Auvernia, como patriarca de Jerusalén.[72]

En mayo de 1180, el rey envió embajadores a Saladino para negociar una tregua de dos años.[73][62] El acuerdo fue aceptado, aunque este mantuvo las hostilidades contra el condado de Trípoli, vasallo del reino de Jerusalén, que no había participado en las negociaciones.[74]

Retorno de los enfrentamientos con los musulmanes

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En el verano de 1181, Reinaldo de Châtillon, señor de Transjordania, rompió la tregua firmada por ambos líderes al atacar una caravana árabe. El rey tuvo que dar explicaciones al sultán y, debilitado por las intrigas internas, evitó sancionar a Reinaldo. Como represalia, Saladino tomó como rehenes a unos mil quinientos peregrinos cerca de Damieta y exigió la devolución de las mercancías saqueadas, a lo que Reinaldo se negó. Para el monarca, la reanudación de la guerra parecía inevitable.[75]

Balduino IV confía la regencia a Guido de Lusignan, miniatura de Jean Colombe en Passages d'outremer, hacia 1474.

A partir de mayo de 1182, la situación volvió a tensarse. Balduino presenció impotente la matanza de los latinos en Constantinopla, provocada por el ascenso de Andrónico Comneno, que puso fin de manera definitiva a la alianza franco-bizantina.[67] Al concluir la tregua, Saladino reunió su ejército en Damasco y descendió hacia Galilea. Las fuerzas francas salieron a su encuentro frente a la fortaleza de Belvoir. El enfrentamiento fue indeciso y ambos bandos reclamaron la victoria.[76]

En agosto, Balduino marchó rápidamente hacia Tiro para organizar la defensa del reino.[77] Ordenó requisar los barcos del puerto y formar una flota capaz de enfrentar a la marina egipcia. El reino armó treinta y tres galeras, en su mayoría de Génova, Pisa y Venecia, que partieron al norte.[78] Al mismo tiempo, la flota de Saladino intentaba sitiar Beirut.[79] Balduino envió un mensajero anunciando que llegaría en tres días, pero el sultán interceptó el mensaje y, ante la amenaza de su regreso, decidió retirarse.[80]

Desvió entonces su atención del reino de Jerusalén hacia los zengíes: tomó Edesa, Saruŷa y Nísibis, e intentó sitiar Mosul.[81] Al no lograr conquistarla, avanzó hacia Sinyar, Diyarbakir y finalmente Alepo en junio de 1183.[82] En ese momento, contaba con más recursos respecto a sus batallas anteriores, dueño de un sultanato ayubí que se extendía desde Cirenaica hasta el Tigris y preparado para emprender la reconquista de Jerusalén.[81] Desde San Juan de Acre, el rey envió una fuerza de trescientos caballeros hacia Antioquía para protegerla, siguiendo la recomendación de Bohemundo III.[83]

El estado del rey empeoraba. Estaba casi ciego y no podía caminar. Siguiendo el consejo de su hermana y del patriarca Heraclio, confió la regencia a Guido de Lusignan. Paralelamente, Reinaldo de Châtillon emprendió en secreto una expedición contra La Meca.[84] Tras apoderarse de Eilat, en el golfo de Aqaba, construyó una flota y lanzó un ataque marítimo contra la costa africana del mar Rojo. Continuó su incursión en el Hiyaz y destruyó las flotas musulmanas en Medina y La Meca, desobedeciendo las órdenes del monarca.[85] El ataque causó indignación en todo el mundo islámico y deterioró aún más las relaciones entre el rey y el sultán. Este último recuperó Eilat y destruyó la flota de Reinaldo, que ya se había retirado. En septiembre de 1183, Saladino volvió a invadir Palestina.[86]

Una vez más, Guido de Lusignan reunió al ejército y enfrentó a las fuerzas musulmanas en la batalla de Al-Fule. Los francos, en clara inferioridad numérica, adoptaron una postura defensiva que obligó al árabe a retirarse. Irritado por esta actitud, Balduino reaccionó con furia, rompió con su regente y lo destituyó. Con el apoyo de Raimundo III de Trípoli proclamó heredero y sucesor a su sobrino Balduino V, intentó convencer a su hermana de anular su matrimonio y retomó de inmediato la dirección del reino de Jerusalén.[87]

Reinado con Balduino V

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Muerte de Balduino IV y coronación de Balduino V.

En noviembre de 1183, los francos celebraban en el Kerak de Moab el matrimonio de Isabel con Onofre IV de Torón, cuando la llegada de Saladino interrumpió las festividades e inició el asedio de la fortaleza. Mensajeros partieron de inmediato hacia Jerusalén para pedir ayuda al rey. Aunque estaba gravemente debilitado y postrado en cama, aceptó intervenir y ordenó encender una señal de fuego en la torre de David para anunciar su marcha hacia Kerak.[88] Reunió con dificultad las fuerzas que aún quedaban bajo su mando.[89] El 4 de diciembre, Saladino avistó al ejército real cerca de Hebrón, quien decidió levantar el asedio.[90] El rey entró triunfalmente en Kerak, permaneció allí varios días para inspeccionar las defensas, reparar daños y reabastecer víveres antes de regresar a Jerusalén.[91]

Retirado en su condado de Jaffa y Ascalón, Guido de Lusignan seguía en rebeldía.[87] Cada vez más enfermo, el monarca se desplazó en litera para enfrentarlo. Al llegar a Ascalón comprobó que las puertas estaban cerradas y exigió tres veces que las abrieran, sin éxito.[92] Se dirigió entonces a Jaffa, donde destituyó al gobernador, aliado de Guido nombrado por él.[93] Paralelamente, el patriarca Heraclio de Auvernia, también vinculado a Guido, excomulgó al antiguo preceptor Guillermo de Tiro, partidario de Balduino, por un motivo trivial. Guillermo viajó a Roma para defenderse, pero allí murió, quizá envenenado.[72]

En el otoño de 1184, Saladino volvió a sitiar Kerak, pero fracasó por segunda vez y se retiró ante la amenaza de las tropas del reino de Jerusalén.[89]La expedición que permitió liberar el castillo, junto con los conflictos dinásticos, debilitó gravemente al rey. A comienzos de 1185, presentó sus últimas voluntades ante la asamblea de barones. Su sobrino Balduino V asumió la sucesión bajo la regencia de Raimundo III de Trípoli. Este rechazó en un primer momento ejercer la tutela personal del joven rey, que quedó en manos de su tío abuelo Joscelino III de Courtenay. En la iglesia del Santo Sepulcro, coronaron al niño.[94]

Diagnóstico

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Los primeros síntomas de la enfermedad aparecieron en la infancia de Balduino, durante un juego en el que los niños se pellizcaban para medir la resistencia al dolor. Mientras todos reaccionaban con sufrimiento, él no sentía nada, aunque sus compañeros no lo trataban con indulgencia. Su preceptor, Guillermo de Tiro, reconoció enseguida que era señal de una grave dolencia, aunque no pudo identificar cuál.[95]

Se consultaron médicos cristianos y musulmanes, pero sin éxito.[96] En la pubertad se diagnosticó que padecía lepra.[97] Este reconocimiento tardío evitó que ingresara de manera forzada en la orden de San Lázaro de Jerusalén, institución hospitalaria fundada para atender a los cruzados afectados por la enfermedad.[14]

Sufrió además otras enfermedades durante su reinado. En abril de 1177, cayó gravemente enfermo mientras visitaba al conde Guillermo de Montferrat en Ascalón.[98] En 1183, volvió a padecer una dolencia seria, posiblemente tifus, malaria o incluso una septicemia causada por una herida mal tratada en los pies.[99]

Hacia el final de su reinado, la inestabilidad interna del reino de Jerusalén le provocó episodios de ansiedad. En 1184, durante la insubordinación de Guido de Lusignan, el rey sufrió además una fuerte fiebre.[100]

Consecuencias

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Desde la adolescencia, las extremidades y el rostro fueron las zonas más afectadas por la lepra.[97] La enfermedad no limitó su vida cotidiana hasta 1183,[84] cuando su estado empeoró progresivamente y quedó casi ciego, incapaz de desplazarse y sin uso de las manos.[101]A partir de 1184, quedó con las piernas completamente paralizadas y solo podía desplazarse en litera.[92]

Una idea difundida, popularizada por Ridley Scott en Kingdom of Heaven, lo presenta como un monarca que ocultaba las lesiones de su rostro con una máscara de hierro o plata. En realidad, cubría su cara con una muselina blanca, y solo en las audiencias con embajadores durante los últimos años de su vida.[102]

Fallecimiento

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Murió en Jerusalén entre el 16 de marzo[103] y el 16 de mayo de 1185,[104] a los veinticuatro años.[94] Su cuerpo fue depositado en un sepulcro dentro de la iglesia del Santo Sepulcro, junto a otros miembros de su familia y cerca del sepulcro de Jesús, de gran valor simbólico.[103] Aunque hoy desaparecido, el sepulcro se convirtió entonces en lugar de peregrinación, visitado en numerosas ocasiones a lo largo de los siglos.[105]

En su Itinerario de París a Jerusalén, François-René de Chateaubriand afirmó haber sido, en 1806, el último viajero en contemplarlo antes de que la iglesia fuese devastada por un incendio. Sin embargo, otros peregrinos sostienen que los sepulcros habían sido destruidos en 1810 por decisión del patriarcado ortodoxo de Jerusalén, por motivos poco claros.[105]

Valoraciones y legado

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Reformas

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Representación del siglo XIX de Balduino al mando de sus tropas en la batalla de Montgisard, de Charles-Philippe Larivière. Balduino está representado en una litera, pero en ese momento todavía se podía mover y luchó en esta batalla a caballo.

Balduino IV parece haber ejercido su reinado con sentido práctico en la administración.[106] Con la colaboración de Joscelino III de Edesa, senescal del reino, impulsó varias reformas.[107]

En 1177, dentro del proyecto de reconstrucción de las murallas de Jerusalén, estableció un impuesto extraordinario para financiar las obras, pero los recursos fueron insuficientes y el reino cayó en bancarrota.[108] Su medida más célebre fue la promulgación de una ley de finanzas en febrero de 1183, en plena guerra contra los musulmanes.[109] El territorio se dividió en dos circunscripciones fiscales —al norte y al sur de una línea entre Haifa y Tiberíades[110] y se fijaron gravámenes proporcionales: los sectores más acomodados debían aportar un 2 % de sus ingresos declarados y un 1 % del valor de sus bienes, con tasas reducidas para las capas sociales inferiores.[109] Gracias a esta reforma, reunió rápidamente un ejército de más de dos mil soldados para enfrentarse a Saladino.[111]Se considera una de las primeras manifestaciones de impuestos sobre la renta y el patrimonio en la Europa medieval.[112]

Reconocimiento por parte del mundo cristiano

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Desde el primer año de su reinado en nombre propio, marcado por la victoria en Montgisard, Balduino alcanzó gran prestigio en la cristiandad.[54] Su trayectoria fue comparada con la de los líderes de la primera cruzada —Godofredo de Bouillón, Raimundo de Saint-Gilles y Tancredo de Hauteville[52] e incluso con la figura de Jesucristo.[113]

Sin embargo, los Estados Pontificios nunca apoyaron plenamente la causa del rey, pues consideraban su lepra un castigo divino. El papa Alejandro III le dedicó una encíclica:[114]

«Este hombre, Balduino, que gobierna el reino, ha sido castigado por un justo castigo de Dios, tan gravemente que apenas puede soportar los tormentos de su cuerpo. ¡Qué gran daño y pérdida para las personas y los bienes que debe sufrir esta tierra a causa de sus pecados!.»
Alejandro III

El reinado de Balduino IV coincidió con la ruptura entre el reino de Jerusalén y el Imperio bizantino. Al inicio de su gobierno recibió en Jerusalén a Miguel III de Anchialos, patriarca de Constantinopla, garantizándole los derechos de la Iglesia siríaca ortodoxa en el reino.[107] Sin embargo, tras la muerte de Manuel I Comneno —inicialmente favorable a los cruzados— en Bizancio creció un fuerte sentimiento de hostilidad hacia los francos, alimentado por la desconfianza hacia la Santa Sede, que culminó con la masacre de los latinos en Constantinopla.[67]

Ancestros

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Balduino en la ficción

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Libros

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Película

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Sucesión

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Predecesor:
Amalarico I de Jerusalén

Rey de Jerusalén

1174-1185
con Balduino V (1183–1185)
Sucesora:
Balduino V de Jerusalén
  1. Se ha sugerido que la figura del Rey Pescador constituye una personificación de Balduino IV.[115].

Referencias

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  1. 1 2 3 4 Hamilton, 1932, p. 23.
  2. Aubé, 1999, p. 56.
  3. 1 2 Aubé, 1999, p. 58.
  4. Aubé, 1999, p. 57.
  5. Runciman, 1989, p. 361.
  6. Aubé, 1999, p. 60.
  7. 1 2 Hamilton, 1932, p. 26.
  8. Runciman, 1989, p. 407.
  9. Aubé, 1999, p. 61.
  10. Hamilton, 1932, p. 34.
  11. 1 2 Hamilton, 1932, p. 27.
  12. Aubé, 1999, pp. 63-65.
  13. Hamilton, 1932, p. 28.
  14. 1 2 Hamilton, 1932, p. 29.
  15. Hamilton, 1932, p. 43.
  16. Hamilton, 1932, pp. 30-31.
  17. 1 2 3 Hamilton, 1932, p. 32.
  18. Barber, 2012, p. 260.
  19. Hamilton, 1932, p. 38.
  20. Hamilton, 1932, p. 31.
  21. 1 2 Runciman, 1989, p. 404.
  22. Hamilton, 1932, pp. 40–41.
  23. 1 2 Hamilton, 1932, p. 41.
  24. Hamilton, 1932, p. 42.
  25. Hamilton, 1932, p. 30.
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Bibiliografía

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Enlaces externos

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