Apolo 11

primera misión espacial que permitió a los humanos llegar a la superficie lunar
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El Apolo 11 (16 de julio - 24 de julio de 1969) fue la misión espacial estadounidense que logró el primer alunizaje de seres humanos en la Luna, así como el quinto vuelo tripulado del programa Apolo de la NASA. La tripulación estaba integrada por el comandante Neil Armstrong, el piloto del módulo de mando Michael Collins y el piloto del módulo lunar Edwin «Buzz» Aldrin; para los tres astronautas, esta supuso su segunda y última incursión en el espacio.

Apolo 11

Buzz Aldrin en la Luna, en una fotografía tomada por Neil Armstrong, a quien se puede ver reflejado en la visera junto con la Tierra, el módulo lunar Eagle y la bandera estadounidense.[1]
Tipo de misión Alunizaje tripulado (G)
Operador NASA
ID COSPAR CSM: 1969-059A
LM: 1969-059C
N.º SATCAT CSM: 4039[2]
LM: 4041[3]
Duración de la misión 8 días, 3 horas, 18 minutos, 35 segundos
Órbitas completadas 30
Propiedades de la nave
Nave Apollo CSM-107
Apollo LM-5
Fabricante CSM: North American Aviation[4]
LM: Grumman[4]
Masa de lanzamiento 49 735 kg[5]
Masa de aterrizaje 4932 kg
Tripulación
Tamaño 3
Miembros Neil Armstrong
Michael Collins
Buzz Aldrin
Indicativo CSM: Columbia
LM: Eagle
En la superficie: Base Tranquilidad
Comienzo de la misión
Lanzamiento 16 de julio de 1969, 13:32:00 UTC
(9:32 EDT)[6]
Vehículo Saturno V SA-506
Lugar Kennedy, LC-39A
Fin de la misión
Recuperado por USS Hornet
Aterrizaje 24 de julio de 1969, 16:50:35 UTC
Lugar Norte del océano Pacífico
(13°19′N 169°9′O / 13.317, -169.150 (Amerizaje del Apollo 11.))
Parámetros orbitales
Sistema de referencia Selenocéntrica
Altitud del periselene 100.9 km
(54.5 nmi)[7]
Altitud del aposelene 122.4 km
(66.1 nmi)[7]
Inclinación 1.25º[7]
Período 2 horas[7]
Época 19 de julio de 1969, 21:44 UTC[7]
Orbitador de la Luna
Componente de la nave Módulo de Mando y Servicio de Apolo
Inserción orbital 19 de julio de 1969, 17:21:50 UTC[8]
Extracción orbital 22 de julio de 1969, 04:55:42 UTC[9]
Órbitas 30
Aterrizador lunar
Componente de la nave Módulo Lunar de Apolo
Fecha de aterrizaje 20 de julio de 1969, 20:17:40 UTC[10]
Fecha de despegue 21 de julio de 1969, 17:54:00 UTC[11]
Lugar de aterrizaje Base Tranquilidad,
Mare Tranquillitatis
(0.67416°N 23.47314°E)[12]
Masa de muestras 21.55 kg
EVAs en superficie 1
Tiempo de EVAs 2 horas, 31 minutos, 40 segundos
Acople con el Módulo Lunar
Fecha de acople 16 de julio de 1969, 16:56:03 UTC[8]
Fecha de desacople 20 de julio de 1969, 17:44:00 UTC[13]
Tiempo 96 horas, 47 minutos, 40 segundos
Acople con el Módulo Lunar durante la fase de ascenso
Fecha de acople 21 de julio de 1969, 21:35:00 UTC[9]
Fecha de desacople 21 de julio de 1969, 23:41:31 UTC[9]
Tiempo 2 horas, 6 minutos, 31 segundos

Insignia de la misión Apolo 11

Armstrong, Collins y Aldrin.
  Apolo 10
Apolo 12  

Tras despegar el 16 de julio a las 13:32 UTC desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo de un cohete Saturno V, la nave espacial Apolo se componía de tres secciones: el módulo de mando (CM), que albergaba a los tres astronautas y fue la única parte que regresó a la Tierra; el módulo de servicio (SM), encargado de suministrar propulsión, energía eléctrica, oxígeno y agua al módulo de mando; y el módulo lunar (LM), dividido en dos etapas: una de descenso, equipada con un gran motor y tanques de combustible para el alunizaje, y una etapa de ascenso, más ligera, que contenía la cabina para dos tripulantes y un motor de menor tamaño para reintegrarlos a la órbita lunar. Después de tres días de tránsito, Armstrong y Aldrin descendieron a la superficie en el LM Eagle y alunizaron en el Mar de la Tranquilidad el 20 de julio a las 20:17 UTC, mientras Collins permanecía en órbita lunar a bordo del CM Columbia. Armstrong se convirtió en el primer ser humano en caminar sobre la Luna aproximadamente seis horas después del aterrizaje, seguido por Aldrin diecinueve minutos más tarde. Ambos permanecieron cerca de dos horas y media recorriendo la superficie, tiempo durante el cual plantaron una bandera estadounidense, conversaron telefónicamente con el presidente Richard Nixon, desplegaron instrumentos científicos y recolectaron 21,5 kg de material lunar. Tras pasar más de veintiún horas en la superficie, se reunieron con Collins en la órbita lunar y la tripulación regresó a salvo a la Tierra el 24 de julio, donde amerizaron en el océano Pacífico.

El Apolo 11 representó la culminación de la carrera espacial, una competición geopolítica entre Estados Unidos y la Unión Soviética enmarcada en la rivalidad de la Guerra Fría. La misión cumplió el objetivo nacional establecido por el presidente John F. Kennedy en mayo de 1961, quien desafió al país a llevar a un hombre a la Luna y devolverlo a salvo antes de que finalizara la década. El programa logró superar un grave revés tras el fatal incendio del Apolo 1 en la plataforma de lanzamiento en enero de 1967, en el que se apoyó en las tecnologías desarrolladas durante los programas precedentes Mercury y Gemini. Por su parte, la Unión Soviética, pese a su liderazgo inicial en los vuelos espaciales, no fue capaz de igualar la potencia del cohete Saturno V; de hecho, su sonda lunar no tripulada Luna 15 se estrelló contra la superficie lunar el 21 de julio, mientras Neil Armstrong y Buzz Aldrin todavía se encontraban en ella.

La caminata lunar de Armstrong se transmitió en directo a una audiencia estimada de seiscientos millones de espectadores —aproximadamente una quinta parte de la población mundial de la época—, lo que la convirtió en uno de los eventos televisivos más vistos de la historia. Al pisar la superficie lunar, Armstrong declaró: «Es un pequeño paso para "un" hombre, pero un gran salto para la humanidad». Las muestras lunares traídas por la misión permitieron identificar tres minerales desconocidos hasta entonces, mientras que los instrumentos científicos instalados en la superficie continuaron enviando datos durante años. La tripulación recibió diversos honores, como desfiles multitudinarios, una gira mundial de buena voluntad y la Medalla Presidencial de la Libertad. El módulo de mando Columbia se conserva en el Museo Nacional del Aire y el Espacio en Washington D. C., mientras que la etapa de descenso del Eagle permanece en la superficie de la Luna.

Contexto

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A finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, Estados Unidos se hallaba inmerso en la Guerra Fría, una rivalidad geopolítica con la Unión Soviética,[14] cuyo punto de inflexión ocurrió el 4 de octubre de 1957; ese día, los soviéticos lanzaron el Sputnik 1, el primer satélite artificial, un hito que sorprendió al mundo y alimentó el temor sobre sus capacidades tecnológicas y militares. El éxito de esta misión demostró que la URSS poseía el potencial de lanzar armas nucleares a distancias intercontinentales, un hecho que puso en entredicho la supuesta superioridad militar, económica y tecnológica de los estadounidenses.[15]

Este incidente desencadenó la crisis del Sputnik e inició la carrera espacial, un periodo en el que ambas potencias buscaban demostrar su hegemonía en el ámbito de los vuelos espaciales;[16] ante este desafío, el presidente Dwight D. Eisenhower respondió al desafío planteado por el Sputnik con la creación de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) y la puesta en marcha del Programa Mercury,[17] cuyo objetivo era poner a un hombre en órbita terrestre.[18] Sin embargo, los soviéticos volvieron a tomar la delantera el 12 de abril de 1961, cuando el cosmonauta Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en viajar al espacio y en completar una órbita alrededor de la Tierra,[19] un hito que Alan Shepard no logró igualar casi un mes después, el 5 de mayo de 1961, ya que su vuelo —aunque lo convirtió en el primer estadounidense en el espacio— fue de apenas quince minutos y de carácter suborbital.[20]

Dado que la Unión Soviética disponía de vehículos de lanzamiento con una mayor capacidad de carga, el presidente John F. Kennedy, sucesor de Eisenhower, optó por un desafío que superase las capacidades de la generación de cohetes existente en aquel momento, de modo que ambos países partieran de una posición de igualdad. Una misión tripulada a la Luna cumpliría con dicho propósito.[21]

El 25 de mayo de 1961, Kennedy se dirigió al Congreso de los Estados Unidos en un discurso sobre las «Necesidades nacionales urgentes» y declaró:

Creo que esta nación debe comprometerse a lograr el objetivo, antes de que finalice esta década [la de 1960], de posar a un hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra. Ningún proyecto espacial de este periodo será más impresionante para la humanidad, ni más importante para la exploración del espacio a largo plazo; y ninguno será tan difícil o costoso de lograr. Proponemos acelerar el desarrollo de la nave espacial lunar adecuada. Proponemos desarrollar propulsores alternativos de combustible líquido y sólido, mucho mayores que cualquiera de los que se están desarrollando actualmente, hasta estar seguros de cuál es superior. Proponemos fondos adicionales para el desarrollo de otros motores y para exploraciones no tripuladas, las cuales son particularmente importantes para un propósito que esta nación nunca pasará por alto: la supervivencia del hombre que realice por primera vez este audaz vuelo. Pero, en un sentido muy real, no será un solo hombre quien vaya a la Luna; si tomamos esta decisión afirmativamente, será toda una nación. Porque todos nosotros debemos trabajar para ponerlo allí.

— Discurso de Kennedy ante el Congreso.[22]

El 12 de septiembre de 1962, Kennedy pronunció otro discurso ante una multitud de unas cuarenta mil personas en el estadio de fútbol americano de la Universidad Rice, en Houston (Texas).[23][24] Un fragmento ampliamente citado de la parte central de dicho discurso dice lo siguiente:

Todavía no hay conflictos, ni prejuicios, ni disputas nacionales en el espacio exterior. Sus peligros son hostiles para todos nosotros. Su conquista merece lo mejor de toda la humanidad, y su oportunidad para una cooperación pacífica puede que no se repita jamás. Pero, ¿por qué la Luna?, dicen algunos. ¿Por qué elegirla como nuestra meta? Y bien podrían preguntar: ¿por qué escalar la montaña más alta? ¿Por qué, hace treinta y cinco años, volar sobre el Atlántico? ¿Por qué juega la Universidad Rice contra la de Texas? ¡Elegimos ir a la Luna! Elegimos ir a la Luna... Elegimos ir a la Luna en esta década y hacer las otras cosas, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles; porque ese objetivo servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades, porque ese desafío es uno que estamos dispuestos a aceptar, uno que no estamos dispuestos a posponer y uno que tenemos la intención de ganar, al igual que los demás.[25]
Kennedy, vestido con traje azul y corbata, pronuncia un discurso desde un atril de madera que luce el escudo de la Presidencia de los Estados Unidos. El vicepresidente Lyndon Johnson y otros dignatarios se encuentran detrás de él.
El presidente John F. Kennedy pronunciando un discurso en la Universidad Rice el 12 de septiembre de 1962.

A pesar de ello, el programa propuesto enfrentó una oposición generalizada y fue calificado como un «moondoggle» (un despilfarro lunar) por Norbert Wiener, matemático del Instituto de Tecnología de Massachusetts;[26][27] no obstante, el esfuerzo para llevar a un hombre a la Luna ya tenía nombre: Programa Apolo.[28] En un intento por reducir tensiones, cuando Kennedy se reunió con el líder soviético Nikita Jrushchov en junio de 1961, propuso que el alunizaje fuera un proyecto conjunto, oferta que fue rechazada en primera instancia[29] y que el presidente volvió a plantear ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de septiembre de 1963;[30] sin embargo, la posibilidad de una misión lunar compartida se abandonó definitivamente tras el asesinato del presidente norteamericano.[31]

Una decisión temprana y crucial fue la elección del encuentro en órbita lunar frente a las opciones de ascenso directo o encuentro en órbita terrestre, definiéndose este encuentro como una maniobra orbital en la que dos naves navegan por el espacio hasta encontrarse. En julio de 1962, el director de la NASA, James Webb, anunció oficialmente el uso de esta técnica,[32][33] especificando que la nave espacial Apolo constaría de tres partes principales: un módulo de mando (CM) con cabina para tres astronautas —única pieza que regresaría a la Tierra—, un módulo de servicio (SM) para suministrar propulsión, energía, oxígeno y agua, y un módulo lunar (LM) compuesto por una etapa de descenso para el alunizaje y otra de ascenso para el retorno a la órbita lunar.[34] Este diseño integrado resultaba fundamental, ya que permitía que toda la configuración fuera lanzada por un único cohete Saturno V, que se encontraba entonces en plena fase de desarrollo.[35]

Las tecnologías y técnicas necesarias para el programa Apolo se desarrollaron mediante el Programa Gemini,[36] un esfuerzo que se vio potenciado por la adopción de vanguardistas avances en dispositivos semiconductores. Entre estos hitos tecnológicos destacaron el uso de transistores de efecto de campo metal-óxido-semiconductor (MOSFET) en la Plataforma de Monitoreo Interplanetario (IMP)[37][38] y la integración de chips de circuitos integrados (IC) de silicio en el Computador de Guía del Apolo (AGC),[39] elementos clave que permitieron la miniaturización y fiabilidad necesarias para la misión.

El Programa Apolo se vio interrumpido de forma abrupta por el incendio del Apolo 1 el 27 de enero de 1967, en el que fallecieron los astronautas Gus Grissom, Ed White y Roger B. Chaffee, lo que dio paso a una investigación subsiguiente.[40] Superado este revés, se inició una progresión de misiones clave: en octubre de 1968, el Apolo 7 evaluó el módulo de mando en órbita terrestre;[41] en diciembre, el Apolo 8 lo puso a prueba en órbita lunar;[42] en marzo de 1969, el Apolo 9 sometió al módulo lunar a diversas pruebas en órbita terrestre y,[43] finalmente, en mayo, el Apolo 10 realizó un «ensayo general» en órbita lunar, lo que dejaba todo preparado para que en julio de 1969 el Apolo 11 diera el paso final hacia la Luna[44]

Aunque inicialmente la Unión Soviética parecía liderar la carrera espacial, su ventaja temprana fue superada por el Programa Gemini estadounidense y por el fracaso soviético en el desarrollo del cohete N1, que habría sido comparable al Saturno V.[45] Ante estos contratiempos, los soviéticos intentaron adelantarse a los Estados Unidos en la tarea de traer material lunar a la Tierra mediante el uso de sondas no tripuladas; de hecho, el 13 de julio —tres días antes del lanzamiento del Apolo 11—, la Unión Soviética lanzó el Luna 15, que alcanzó la órbita lunar antes que la misión estadounidense. Sin embargo, durante el descenso, un fallo técnico provocó que el Luna 15 se estrellara en el Mare Crisium unas dos horas antes del despegue de Armstrong y Aldrin de la superficie lunar para regresar a la Tierra. El radiotelescopio de los Laboratorios de Radioastronomía Nuffield, en Inglaterra, registró las transmisiones del Luna 15 durante su descenso, y estas grabaciones se hicieron públicas en julio de 2009 con motivo del 40.º aniversario del Apolo 11.[46]

Personal

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Equipo principal

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Puesto Astronauta
Comandante Neil Armstrong
Segundo y último vuelo
Piloto del módulo de mando Michael Collins
Segundo y último vuelo
Piloto del módulo lunar Edwin «Buzz» Aldrin Jr.
Segundo y último vuelo

El 20 de noviembre de 1967, se anunció oficialmente la asignación inicial de la tripulación de reserva para el Apolo 9, compuesta por el comandante Neil Armstrong, el piloto del módulo de mando (CMP) Jim Lovell y el piloto del módulo lunar (LMP) Buzz Aldrin,[47] destacando que Lovell y Aldrin ya habían volado juntos como tripulantes del Gemini 12. Debido a los retrasos en el diseño y la fabricación del módulo lunar, las tripulaciones principal y de reserva del Apolo 8 y el Apolo 9 se intercambiaron, por lo que el equipo de Armstrong pasó a ser la reserva del Apolo 8. Siguiendo el esquema habitual de rotación de tripulaciones, se esperaba entonces que Armstrong comandara el Apolo 11.[48]

No obstante, se produciría un cambio debido a que Michael Collins, piloto del módulo de mando de la tripulación del Apolo 8, comenzó a experimentar problemas en las piernas causados por un crecimiento óseo entre las vértebras quinta y sexta que requería cirugía;[49] por ello, Lovell ocupó su lugar en la tripulación del Apolo 8 y, una vez recuperado, Collins se unió al equipo de Armstrong como CMP. Mientras tanto, Fred Haise cubrió el puesto de piloto de reserva del módulo lunar y Aldrin el de piloto de reserva del módulo de mando para el Apolo 8.[50] El Apolo 11 fue la segunda misión estadounidense en la que todos los integrantes de la tripulación contaban con experiencia previa en vuelos espaciales,[51] después del Apolo 10,[52] un hecho que no volvería a repetirse hasta la misión STS-26 en 1988.[51]

Deke Slayton ofreció a Armstrong la opción de sustituir a Aldrin por Lovell, dado que algunos consideraban que era difícil trabajar con el primero, pero aunque Armstrong no tenía inconvenientes en trabajar con él, reflexionó sobre la propuesta durante un día antes de rechazarla al considerar que Lovell merecía comandar su propia misión, que finalmente sería el Apolo 13.[53]

La tripulación principal del Apolo 11 no compartía la estrecha y alegre camaradería que caracterizó a la del Apolo 12; en su lugar, forjaron una relación de trabajo cordial. Armstrong, en particular, era conocido por su carácter reservado, mientras que Collins, quien se consideraba a sí mismo un solitario, confesó haber rechazado los intentos de Aldrin por establecer una relación más personal.[54] Aldrin y Collins describieron a la tripulación como «extraños cordiales»,[55] mientras que Armstrong, por su parte, no se mostró de acuerdo con esa valoración y afirmó que «todas las tripulaciones de las que formé parte trabajaron muy bien juntas».[55]

Equipo de reserva

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Puesto Astronauta
Comandante Jim Lovell
Primer vuelo
Piloto del módulo de mando William Anders
Primer vuelo
Piloto del módulo lunar Fred Haise
Primer vuelo

La tripulación de reserva estaba integrada por Lovell como comandante, William Anders como CMP y Haise como LMP, destacando que Anders ya había volado previamente con Lovell en la misión Apolo 8.[51] A principios de 1969, Anders aceptó un puesto en el Consejo Nacional de Aeronáutica y del Espacio que se haría efectivo en agosto de ese año, por lo que anunció que se retiraría como astronauta en esa fecha. Ken Mattingly fue trasladado desde el equipo de apoyo para realizar un entrenamiento paralelo con Anders como CMP de reserva, en previsión de que el Apolo 11 pudiera retrasarse más allá del lanzamiento previsto para julio, momento en el cual Anders ya no estaría disponible.[56]

Bajo el sistema de rotación habitual de las tripulaciones del programa Apolo, a Lovell, Mattingly y Haise les habría correspondido la misión Apolo 14. Sin embargo, debido a que Alan Shepard se había reincorporado recientemente al servicio de vuelo y requería un entrenamiento adicional, la NASA reasignó a su tripulación al Apolo 14 y adelantó a la de Lovell para volar en el Apolo 13 en su lugar.[n. 1] Poco antes del lanzamiento, Mattingly fue sustituido por Jack Swigert ante el temor de que hubiera estado expuesto al sarampión.[56]

Equipo de apoyo

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Mientras que durante los programas Mercury y Gemini cada misión contaba con una tripulación principal y otra de reserva, para el programa Apolo la NASA añadió un tercer grupo, el equipo de apoyo, cuya labor consistía en mantener actualizados el plan de vuelo, las listas de control y las reglas de la misión. Además de informar sobre cualquier cambio, este equipo desarrollaba los procedimientos —especialmente los de emergencia— para que, al entrar en los simuladores, las tripulaciones principal y de reserva pudieran centrarse exclusivamente en practicarlos y dominarlos.[58] El equipo de apoyo del Apolo 11 estuvo integrado por Mattingly, Ronald Evans y Bill Pogue.[59]

Comunicadores de cápsula

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El CAPCOM Charles Duke (izquierda), junto a los miembros de la tripulación de reserva Lovell y Haise, escucha las transmisiones durante el descenso del Apolo 11.

El comunicador de cabina o CAPCOM (capsule communicator) era un astronauta destinado en el Centro de Control de Misión en Houston (Texas) que solía ser la única persona autorizada para comunicarse directamente con la tripulación de vuelo,[60] una práctica que garantizaba que los mensajes procedieran de alguien con la capacidad necesaria para comprender la situación en la nave y transmitir las instrucciones de los controladores de vuelo con la mayor claridad posible. Para el Apolo 11, los CAPCOM fueron los miembros de las tripulaciones de reserva y de apoyo Anders, Evans, Haise, Lovell y Mattingly, junto con Charles Duke, Owen Garriott, Don L. Lind, Bruce McCandless II y Harrison Schmitt.[59]

Directores de vuelo

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Los directores de vuelo de esta misión fueron:[61][62][63][64][65][66]

Directores de vuelo del Apolo 11
Nombre Turno Equipo Actividad
Clifford E. Charlesworth 1VerdeLanzamiento y actividad extravehicular (EVA)
Gerald D. Griffin 1DoradoApoyo para el turno 1
Gene Kranz 2BlancoAlunizaje
Glynn Lunney 3NegroAscenso lunar
Milton Windler 4GranatePlanificación

Otros miembros clave del personal

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Entre el resto del personal clave que desempeñó un papel importante en la misión Apolo 11 se encuentran las siguientes personas.[67]

Otro personal
Nombre Actividades
Farouk El-Baz Geólogo; estudió la geología de la Luna, identificó los lugares de alunizaje y entrenó a los pilotos.
Kurt Debus Científico de cohetes; supervisó la construcción de las plataformas de lanzamiento y la infraestructura.
Jamye Flowers Secretaria de los astronautas.
Eleanor Foraker Costurera que diseñó los trajes espaciales.
Jack Garman Ingeniero informático y técnico.
Millicent Goldschmidt Microbióloga que diseñó las técnicas de recolección aséptica de material lunar y entrenó a los astronautas.
Eldon C. Hall Diseñador del hardware del Computador de Navegación del Apolo.
Margaret Hamilton Ingeniera de software del computador de vuelo de a bordo.
Milton E. Harr Ingeniero geotécnico que diseñó los pies de apoyo del módulo lunar del Apolo.
John Houbolt Planificador de rutas.
Gene Shoemaker Geólogo que entrenó a los astronautas en geología de campo.
Bill Tindall Coordinador de técnicas de misión.

Preparaciones

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Emblema

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El emblema del Apolo 11. El águila lleva una rama de olivo, en representación de una misión pacífica.

El emblema de la misión Apolo 11 fue diseñado por Collins, quien deseaba un símbolo que representara un «alunizaje pacífico de los Estados Unidos», por lo que, a sugerencia de Lovell, eligió como motivo el águila calva, ave nacional del país. A este diseño, Tom Wilson, un instructor de simuladores, propuso añadir una rama de olivo en el pico para reforzar el carácter pacífico de la misión, mientras que Collins incluyó un fondo lunar con la Tierra a lo lejos; no obstante, la luz solar en la imagen se representó de forma errónea, ya que la sombra debería haber estado en la parte inferior de la Tierra en lugar de a la izquierda.[68]

Aldrin, Armstrong y Collins acordaron que el águila y la Luna aparecieran en sus colores naturales y optaron por un borde en azul y dorado. A Armstrong le preocupaba que la palabra «eleven» (once) no fuera comprendida por quienes no hablaran inglés, por lo que se decantaron por la denominación «Apollo 11».[68] Asimismo, decidieron no incluir sus nombres en el parche para que este fuera «representativo de todos los que habían trabajado en favor del alunizaje».[69]

Un ilustrador del Centro de Naves Espaciales Tripuladas (MSC) realizó el arte final que, tras ser enviado a los directivos de la NASA para su aprobación[68] fue rechazado debido a que Bob Gilruth, director del MSC, consideró que las garras del águila parecían «demasiado belicosas».[70] Como solución, y tras deliberarlo, la rama de olivo se trasladó a las garras,[70] lo que creó un diseño tan icónico que sirvió de base para el águila del reverso de la moneda de un dólar de Eisenhower en 1971[71] y, posteriormente, para la moneda de un dólar de Susan B. Anthony presentada en 1979.[72]

Indicativos de llamada

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La cabina original del módulo de mando (CM) con sus tres asientos, fotografiada desde arriba. Se encuentra en el Museo Nacional del Aire y el Espacio. Esta imagen de muy alta resolución fue producida en 2007 por la Institución Smithsonian.

Después de que la tripulación del Apolo 10 bautizara a sus naves como Charlie Brown y Snoopy, el subdirector de asuntos públicos, Julian Scheer, escribió a George Low, director de la Oficina del Programa de la Nave Espacial Apolo en el MSC, para sugerir que la tripulación del Apolo 11 fuera menos informal al nombrar sus vehículos. Durante las primeras fases de planificación de la misión, se utilizaron internamente los nombres Snowcone para el módulo de mando y Haystack para el módulo lunar en las comunicaciones.[73]

Finalmente, el módulo lunar fue nombrado Eagle (Águila), debido al motivo que figuraba de forma destacada en la insignia de la misión. A sugerencia de Scheer, el módulo de mando recibió el nombre de Columbia, en referencia a Columbiad, el cañón gigante que lanzaba una nave espacial (también desde Florida) en la novela de Julio Verne de 1865 De la Tierra a la Luna, además de aludir a Columbia, un nombre histórico de los Estados Unidos.[74][75] En su libro de 1976, Collins afirmó que el nombre Columbia hacía referencia a Cristóbal Colón.[76]

Objetos personales

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Medallón Robbins de plata que viajó al espacio con el Apolo 11.

Los astronautas disponían de kits de preferencia personal (PPK, por sus siglas en inglés), que consistían en pequeñas bolsas con artículos de valor sentimental que deseaban llevar consigo en la misión;[77] concretamente, en el Apolo 11 se transportaron cinco de estos kits de 0,23 kg, de los cuales tres (uno por cada astronauta) se guardaron en el Columbia antes del lanzamiento y dos en el Eagle.[78]

El kit de Neil Armstrong en el módulo lunar contenía un trozo de madera de la hélice izquierda y un fragmento de tela del ala del Wright Flyer de 1903 de los hermanos Wright,[79] junto con un pin de astronauta con diamantes que las viudas de la tripulación del Apolo 1 le habían entregado originalmente a Slayton. Esta joya, que debía haber volado en aquella fatídica misión para serle entregada a Slayton después, terminó en manos de Armstrong, quien la llevó consigo en el Apolo 11 tras el desastroso incendio en la plataforma de lanzamiento y los funerales posteriores.[80]

Selección del lugar de alunizaje

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Un mapa de la Luna en el que se muestran los posibles lugares de alunizaje del Apolo 11. Se eligió el lugar 2, situado en el Mar de la Tranquilidad.

El 8 de febrero de 1968, el Consejo de Selección de Lugares de Alunizaje de la NASA anunció cinco posibles emplazamientos, fruto de dos años de estudios basados en fotografías de alta resolución obtenidas por las cinco sondas no tripuladas del Programa Lunar Orbiter, así como en la información sobre las condiciones del terreno proporcionada por el Programa Surveyor;[81] esta tecnología fue crucial, ya que los mejores telescopios terrestres carecían de la resolución necesaria para las exigencias de la misión.[82] Bajo estos criterios, el lugar del descenso debía situarse cerca del ecuador lunar para minimizar el gasto de propulsor, estar libre de obstáculos y ser llano para no interferir con el radar de aterrizaje, priorizando siempre la seguridad técnica sobre el valor científico.[83]

Zonas que parecían prometedoras en fotografías tomadas desde la Tierra resultaban a menudo totalmente inaceptables, e incluso el requisito original de que el lugar careciera de cráteres tuvo que flexibilizarse al no encontrarse ninguno con tales características.[84] Finalmente, se seleccionaron cinco emplazamientos: los lugares 1 y 2, situados en el Mar de la Tranquilidad (Mare Tranquillitatis); el lugar 3, en la Bahía Central (Sinus Medii); y los lugares 4 y 5, ubicados en el Océano de las Tormentas (Oceanus Procellarum).[81]

La selección final se basó en siete criterios:

  • El lugar debía ser liso y contar con relativamente pocos cráteres.
  • Las rutas de aproximación debían estar libres de grandes colinas, acantilados altos o cráteres profundos que pudieran confundir al radar de aterrizaje y provocar lecturas incorrectas.
  • Debía ser alcanzable con una cantidad mínima de propulsor.
  • Debía permitir retrasos en la cuenta atrás del lanzamiento.
  • Tenía que proporcionar a la nave Apolo una trayectoria de retorno libre, la cual le permitiría circunnavegar la Luna y regresar a la Tierra de forma segura sin necesidad de encender los motores en caso de que surgiera un problema en el trayecto hacia el satélite.
  • Debía contar con buena visibilidad durante la aproximación para el descenso, lo que significaba que el Sol debía estar entre 7 y 20 grados por detrás del módulo lunar (LM).
  • La zona de alunizaje debía presentar una pendiente general inferior a dos grados.[81]

El requisito relativo al ángulo del Sol resultó especialmente restrictivo, pues limitaba la fecha de lanzamiento a un solo día por mes;[81] por ello, se optó por un alunizaje justo después del amanecer lunar para mitigar las temperaturas extremas que los astronautas tendrían que soportar.[85] Bajo estas condiciones, el Consejo de Selección de Lugares de Alunizaje eligió el Lugar 2, dejando los puntos 3 y 5 como reservas en caso de retraso en el lanzamiento, una elección que fue validada en mayo de 1969 cuando el módulo lunar del Apolo 10 voló a menos de quince kilómetros de dicho emplazamiento e informó que era aceptable.[86][87]

La decisión sobre el primer paso

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Durante la primera rueda de prensa tras el anuncio de la tripulación del Apolo 11, la pregunta inicial fue: «¿Cuál de ustedes, caballeros, será el primer hombre en pisar la superficie lunar?».[88][89] Slayton respondió al periodista que aún no se había tomado una decisión, mientras que Armstrong añadió que tal resolución «no se basaría en deseos individuales».[88]

En una de las versiones iniciales de la lista de control de salida, el piloto del módulo lunar debía abandonar la nave antes que el comandante, siguiendo el protocolo de las misiones Gemini,[90] en las que el comandante nunca realizaba los paseos espaciales.[91] A principios de 1969, la prensa afirmaba que Aldrin sería el primer hombre en caminar sobre la Luna, una postura que también sostuvo ante los periodistas el administrador asociado George Mueller. Sin embargo, cuando Aldrin escuchó que Armstrong sería el elegido por su condición de civil, reaccionó con indignación e intentó persuadir a otros pilotos del módulo lunar de que él debía ser el primero; estos, no obstante, respondieron con cinismo ante lo que percibieron como una campaña de presión. Con el fin de frenar este conflicto interdepartamental, Slayton comunicó a Aldrin que Armstrong sería el primero por su rango de comandante, decisión que se hizo pública oficialmente en una rueda de prensa el 14 de abril de 1969.[92]

Durante décadas, Aldrin sostuvo que la decisión final se debió principalmente a la ubicación de la escotilla del módulo lunar, ya que el reducido espacio de la cabina y el volumen de los trajes espaciales dificultaban las maniobras de salida. Aunque el equipo realizó una simulación en la que Aldrin salía primero y este acabó dañando el simulador en el proceso —lo cual fue motivo suficiente para que los planificadores de la misión tomaran una determinación—, tanto él como Armstrong no fueron informados del veredicto hasta finales de la primavera.[93] Slayton le planteó a Armstrong el plan de que fuera él quien abandonara la nave en primer lugar si estaba de acuerdo, a lo que este respondió: «Sí, así es como debe hacerse».[94]

Pese a que los medios de comunicación acusaron a Armstrong de ejercer su prerrogativa de comandante para ser el primero en salir,[95] Chris Kraft reveló en su autobiografía de 2001 que existió una reunión entre Gilruth, Slayton, Low y él mismo para asegurar que Aldrin no fuera quien caminara primero sobre la Luna. Los directivos argumentaron que la primera persona en realizar tal hazaña debía poseer un perfil similar al de Charles Lindbergh, alguien calmado y reservado, por lo que decidieron modificar el plan de vuelo para que el comandante fuera el primero en realizar el descenso.[96]

Preparativos para el lanzamiento

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El cohete Saturno V SA-506, que transporta la nave espacial Apolo 11, sale del Edificio de Ensamblaje de Vehículos en dirección al Complejo de Lanzamiento 39.

La etapa de ascenso del Eagle (LM-5) llegó al Centro Espacial Kennedy el 8 de enero de 1969, seguida cuatro días después por la etapa de descenso y, el 23 de enero, por el Columbia (CSM-107);[6] este último presentaba como único cambio en su configuración la retirada de parte del aislamiento de la escotilla delantera. Por su parte, existían diversas diferencias entre el Eagle y el módulo lunar del Apolo 10 (Snoopy, LM-4), ya que el modelo del Apolo 11 incorporaba una antena de radio VHF para facilitar la comunicación durante la actividad extravehicular, un motor de ascenso más ligero, mayor protección térmica en el tren de aterrizaje y el conjunto de experimentos científicos EASEP.[97][98] Tras el acoplamiento del CSM el 29 de enero, el conjunto completo fue trasladado desde el Edificio de Operaciones y Pruebas al Edificio de Ensamblaje de Vehículos el 14 de abril.[6]

La tercera etapa S-IVB del Saturno V AS-506 llegó el 18 de enero, seguida por la segunda etapa S-II el 6 de febrero, la primera etapa S-IC el 20 de febrero y la Unidad de Instrumentos el 27 del mismo mes. A las 12:30 del 20 de mayo, mientras el Apolo 10 aún se encontraba de camino a la Luna, la estructura de 5443 toneladas partió del Edificio de Ensamblaje de Vehículos sobre el transportador de orugas con destino a la plataforma 39A del Complejo de Lanzamiento 39.[6] El 26 de junio comenzó una prueba de cuenta atrás que concluyó el 2 de julio; posteriormente, la noche del 15 de julio, el complejo se iluminó con reflectores mientras el transportador de orugas devolvía la estructura de servicio móvil a su área de estacionamiento. Durante las primeras horas de la mañana, los tanques de combustible de las etapas S-II y S-IVB se llenaron de hidrógeno líquido,[99] proceso que finalizó tres horas antes del lanzamiento[100] y cuyas operaciones de despegue estaban parcialmente automatizadas mediante cuarenta y tres programas escritos en el lenguaje ATOLL.[101]

Slayton despertó a la tripulación poco después de las 04:00; tras ducharse y afeitarse, los astronautas disfrutaron del tradicional desayuno previo al vuelo —filete con huevos— junto a Slayton y la tripulación de reserva. Posteriormente, se enfundaron sus trajes espaciales y comenzaron a respirar oxígeno puro antes de dirigirse, a las 06:30, hacia el Complejo de Lanzamiento 39.[102] Fred Haise entró en el Columbia unas tres horas y diez minutos antes de la hora prevista para, junto a un técnico, ayudar a Armstrong a acomodarse en el asiento de la izquierda a las 06:54. Cinco minutos después se incorporó Collins en el asiento de la derecha y, finalmente, Aldrin ocupó el asiento central,[100] momento tras el cual Haise abandonó la nave, aproximadamente dos horas y diez minutos antes del despegue.[103] El equipo de cierre selló la escotilla, purgó y presurizó la cabina, y abandonó el complejo una hora antes del lanzamiento; la cuenta atrás pasó a modo automático a falta de tres minutos y veinte segundos,[100] mientras más de cuatrocientas cincuenta personas operaban las consolas en la sala de control de disparo.[99]

Misión

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Lanzamiento y viaje a la órbita lunar

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El cohete Saturno V del Apolo 11 despega con los astronautas Neil A. Armstrong, Michael Collins y Edwin E. Aldrin Jr. a las 9:32 de la mañana (hora del este) del 16 de julio de 1969 desde el Complejo de Lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy.

Se estima que un millón de espectadores presenciaron el lanzamiento del Apolo 11 desde las carreteras y playas cercanas al complejo, entre los cuales se encontraban personalidades como el jefe de Estado Mayor del Ejército, el general William Westmoreland, junto a cuatro miembros del gabinete, diecinueve gobernadores, cuarenta alcaldes, sesenta embajadores y doscientos congresistas. El vicepresidente Spiro Agnew contempló el despegue en compañía del expresidente Lyndon B. Johnson y su esposa, Lady Bird Johnson,[99][104] en un evento que atrajo a unos tres mil quinientos representantes de los medios de comunicación.[105] De estos, aproximadamente dos tercios procedían de los Estados Unidos y el resto de otros cincuenta y cinco países, lo que permitió que el lanzamiento fuera televisado en directo en treinta y tres naciones; la audiencia alcanzó los veinticinco millones de personas solo en territorio estadounidense, mientras otros millones lo seguían por radio en todo el mundo.[104][99] Por su parte, el presidente Richard Nixon vio el despegue desde su despacho en la Casa Blanca junto a Frank Borman, su oficial de enlace de la NASA,[106] en un clima de tal expectación que los alojamientos cercanos a Cabo Cañaveral se habían agotado con meses de antelación.[107]

El Saturno V AS-506 inició su misión el 16 de julio de 1969 a las 13:32:00 UTC (9:32:00 EDT);[6] apenas 13,2 segundos después del despegue, la estructura comenzó una maniobra de rotación hacia su acimut de 72,058°. Tras aproximadamente dos minutos y cuarenta y dos segundos de vuelo, se produjo el apagado total de los motores de la primera etapa, hito que dio paso a la separación del S-IC y a la ignición de la etapa S-II. Los motores de esta segunda etapa se cortaron y separaron a los nueve minutos y ocho segundos, lo que permitió, pocos segundos después, el primer encendido del motor S-IVB.[8]

A los doce minutos de vuelo, la nave entró en una órbita terrestre casi circular, con una altitud de entre 185,9 y 183,2 km; allí permaneció durante una órbita y media hasta que un segundo encendido del S-IVB, a las 16:22:13 UTC, la impulsó en su trayectoria hacia la Luna mediante la maniobra de inyección translunar (TLI). Unos treinta minutos más tarde, con Collins a los mandos, se ejecutó la maniobra de transposición, acoplamiento y extracción. Esta operación consistió en separar al Columbia de la etapa S-IVB ya agotada para girar y acoplarse con el Eagle, que aún permanecía unido a dicha etapa. Una vez extraído el módulo lunar, el conjunto puso rumbo a la Luna mientras la etapa del cohete seguía una trayectoria independiente para evitar colisiones con la nave, la Tierra o el satélite; para ello, aprovechó un efecto de asistencia gravitatoria al rodear la Luna que la lanzó finalmente a una órbita heliocéntrica.[108][8][109]

El 19 de julio a las 17:21:50 UTC, el Apolo 11 pasó por detrás de la Luna y encendió su motor de propulsión de servicio para entrar en órbita lunar;[8][110] durante las treinta órbitas siguientes, la tripulación pudo observar el lugar de alunizaje en el sur del Mar de la Tranquilidad, situado a unos diecinueve kilómetros al suroeste del cráter Sabine D. Este enclave específico fue seleccionado por haber sido descrito como una zona relativamente llana y lisa por las sondas automáticas Ranger 8 y Surveyor 5, así como por el cartografiado del Lunar Orbiter, factores que minimizaron los riesgos para el descenso y las actividades extravehiculares.[111] El punto elegido se encontraba a unos veinticinco kilómetros al sureste del lugar de aterrizaje del Surveyor 5 y a sesenta y ocho kilómetros al suroeste del punto de impacto del Ranger 8.[112]

Descenso lunar

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El Columbia en órbita lunar, fotografiado desde el Eagle.

El 20 de julio a las 12:52:00 UTC, Armstrong y Aldrin accedieron al Eagle para iniciar los preparativos finales del descenso,[8] de modo que lograron separarse del Columbia a las 17:44:00.[13] Collins, quien permaneció solo a bordo del módulo de mando, inspeccionó visualmente el módulo lunar mientras este realizaba una pirueta ante él; esta maniobra le permitió confirmar que la estructura no presentaba daños y que el tren de aterrizaje se había desplegado correctamente,[113][114] lo que provocó que Armstrong exclamara: «¡El Eagle tiene alas!».[114]

Al comenzar el descenso, ambos astronautas notaron que sobrevolaban los puntos de referencia en la superficie con dos o tres segundos de antelación, hecho que indicaba que su trayectoria era demasiado larga y que aterrizarían varios kilómetros al oeste del objetivo previsto. Se especuló que esta desviación, causada por una velocidad excesiva, pudo deberse a los mascones —concentraciones de masa en la corteza lunar que generan anomalías gravitatorias—; no obstante, el director de vuelo Gene Kranz sugirió que el fenómeno también pudo ser consecuencia de un exceso de presión de aire en el túnel de acoplamiento o del propio giro de maniobra del Eagle.[115][116]

Transcurridos cinco minutos de ignición y a unos mil ochocientos metros de altura, el computador de navegación (LGC) distrajo a la tripulación con la primera de varias alarmas de programa inesperadas (códigos 1201 y 1202). Desde el Centro de Control de Misión, el ingeniero Jack Garman comunicó al oficial de guía Steve Bales que era seguro continuar, instrucción que fue transmitida de inmediato a los astronautas; estas alarmas indicaban un «desbordamiento ejecutivo», hecho que significaba que el computador no podía completar todas sus tareas en tiempo real y debía posponer algunas.[117][118] Margaret Hamilton, directora de programación del MIT, recordaría más tarde que culpar al computador por estos problemas era como culpar a quien detecta un incendio y avisa a los bomberos, destacando que el software estaba diseñado precisamente para priorizar las tareas críticas y evitar un aborto de la misión que, de otro modo, habría sido inevitable:

El Eagle en órbita lunar fotografiado desde el Columbia.
Culpar al ordenador de los problemas del Apolo 11 es como culpar a la persona que detecta un incendio y llama a los bomberos. En realidad, el computador estaba programado para realizar tareas más complejas que el simple reconocimiento de condiciones de error: el software incorporaba un conjunto completo de programas de recuperación. En este caso, la acción del sistema consistió en eliminar las tareas de menor prioridad para restablecer las más importantes; de este modo, el ordenador no solo no forzó un aborto, sino que lo evitó. Si la máquina no hubiera reconocido este problema ni hubiera tomado medidas de recuperación, es muy dudoso que el Apolo 11 se hubiera convertido en el aterrizaje lunar exitoso que finalmente fue.[119]

Durante la misión, se diagnosticó que la causa del error fue que el interruptor del radar de encuentro estaba en la posición incorrecta, hecho que obligaba al computador a procesar datos de ambos radares simultáneamente.[120][121] No obstante, el ingeniero de software Don Eyles concluyó en un artículo de 2005 que el problema residía en un fallo de diseño del hardware detectado previamente en las pruebas del primer módulo lunar no tripulado del Apolo 5. El hecho de tener el radar de encuentro encendido —para que estuviera caliente en caso de un aborto de emergencia— debería haber sido irrelevante para el computador; sin embargo, un desajuste en la fase eléctrica entre dos partes del sistema del radar provocaba que la antena fija pareciera oscilar entre dos posiciones a ojos del dispositivo, según cómo se hubiera energizado el hardware aleatoriamente. Este «robo de ciclos» (cycle stealing) de memoria adicional y espurio, el cual se generó mientras el radar de encuentro actualizaba un contador involuntario, fue lo que acabó por provocar las alarmas del computador.[122]

Alunizaje

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Armstrong pilota el Eagle hasta su aterrizaje en la Luna, el 20 de julio de 1969.

Cuando Armstrong volvió a mirar hacia el exterior, se percató de que el sistema de aterrizaje del computador apuntaba a una zona plagada de rocas, situada justo al norte y al este de un cráter de noventa y un metros de diámetro —identificado más tarde como el cráter West—; por ello, decidió tomar el control semiautomático de la nave.[123][124] Aunque Armstrong consideró inicialmente aterrizar antes de llegar al campo de rocas para recolectar muestras geológicas, tuvo que descartar la idea debido a que su velocidad horizontal era demasiado elevada. Durante todo el descenso, Aldrin dictó los datos de navegación a Armstrong, quien permaneció totalmente absorto en el pilotaje del Eagle; al encontrarse a tan solo treinta y tres metros de la superficie, Armstrong fue consciente de que el suministro de propulsor se estaba agotando. Esta situación crítica le obligó a decidirse por el primer lugar de aterrizaje viable que encontrara.[125]

Tras hallar un parche de terreno despejado, maniobró la nave hacia él, pero al aproximarse a unos setenta y seis metros de la superficie, descubrió que este nuevo emplazamiento contenía un cráter; tras rebasarlo, localizó otra zona nivelada cuando se encontraban ya a treinta metros del suelo y con apenas noventa segundos de combustible restante. En ese momento, el polvo lunar que levantó el motor del módulo comenzó a dificultar su capacidad para determinar el movimiento de la nave, por lo que Armstrong se centró en algunas rocas grandes que sobresalían de la nube de polvo para calcular la velocidad de descenso.[126]

Una luz informó a Aldrin de que al menos una de las sondas de ciento setenta centímetros que colgaban de las patas del Eagle había tocado la superficie unos instantes antes del aterrizaje, momento en el que exclamó: «¡Luz de contacto!». Aunque Armstrong debía apagar el motor de inmediato —ya que los ingenieros temían que la presión del escape, al rebotar en la superficie lunar, provocara una explosión—, se le olvidó hacerlo y el motor permaneció encendido hasta tres segundos después de que el Eagle aterrizara.[127] Acto seguido, Aldrin dijo: «De acuerdo, motor parado. ACA—fuera del retén», a lo que Armstrong respondió: «Fuera del retén. Automático». Aldrin continuó con la secuencia técnica de postalunizaje: «Control de modo—ambos en automático. Anulación del mando del motor de descenso—desactivada. Armado del motor—desactivado. El 413 está activado».[128]

El lugar de aterrizaje en relación con el cráter West.

El ACA era el Conjunto de Control de Actitud, la palanca de mando del módulo lunar cuya señal se enviaba al computador de navegación (LGC) para ordenar el disparo de los propulsores del sistema de control de reacción (RCS). La expresión «fuera del retén» (out of detent) indicaba que la palanca se había desplazado de su posición central, la cual contaba con un sistema de centrado por resorte similar al de un intermitente de coche. Por su parte, la dirección 413 del Sistema de Guía de Aborto (AGS) contenía la variable que confirmaba que el módulo lunar efectivamente había alunizado.[10]

El Eagle se posó sobre la superficie a las 20:17:40 UTC del domingo 20 de julio, con noventa y ocho kilogramos de combustible utilizable restante. Según la información de la que disponían la tripulación y los controladores de misión durante el descenso, el módulo lunar contaba con combustible suficiente para otros veinticinco segundos de vuelo propulsado antes de que un aborto sin contacto con el suelo se volviera inseguro;[10][129] no obstante, los análisis posteriores a la misión demostraron que la cifra real probablemente se acercaba más a los cincuenta segundos.[130] El Apolo 11 alunizó con menos combustible que la mayoría de las misiones posteriores debido a que los astronautas se enfrentaron a una advertencia prematura de bajo nivel, la cual fue provocada por un oleaje del propulsor (sloshing) mayor de lo esperado que dejó al descubierto un sensor. Para evitar que esto se repitiera, en las siguientes misiones se añadieron deflectores antioleaje adicionales a los tanques.[10]

Armstrong confirmó que Aldrin había completado la lista de comprobación posterior al aterrizaje diciendo «el armado del motor está apagado», antes de responder al CAPCOM, Charles Duke, con las célebres palabras: «Houston, aquí Base Tranquilidad. El Eagle ha alunizado». El cambio de indicativo de «Eagle» a «Base Tranquilidad», que Armstrong realizó de forma espontánea, subrayó ante los oyentes que el descenso había finalizado con éxito.[131] Duke expresó el alivio que se sentía en el Control de Misión con su respuesta: «Recibido, Twan... Tranquilidad, los recibimos en el suelo. Tienen aquí a un montón de tipos a punto de ponerse azules. Volvemos a respirar. Muchas gracias».[10][132]

Una vista en 3D tomada desde el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) del lugar de alunizaje del Apolo 11.

Dos horas y media después del alunizaje, antes de que comenzaran los preparativos para la actividad extravehicular (EVA), Aldrin se comunicó por radio con la Tierra:

Habla el piloto del módulo lunar. Quisiera aprovechar esta oportunidad para pedir a todas las personas que estén escuchando, quienesquiera y dondequiera que estén, que se detengan un momento y contemplen los eventos de las últimas horas y den las gracias a su manera.[133]

A continuación, Aldrin tomó la comunión en privado. En aquel momento, la NASA todavía se enfrentaba a una demanda presentada por la atea Madalyn Murray O'Hair —quien se había opuesto a que la tripulación del Apolo 8 leyera el libro del Génesis— en la que exigía que los astronautas se abstuvieran de retransmitir actividades religiosas en el espacio. Por este motivo, Aldrin decidió no mencionar directamente el rito en la Luna. Como anciano de la Iglesia Presbiteriana de Webster, su kit de comunión fue preparado por el pastor Dean Woodruff; dicha iglesia conserva actualmente el cáliz utilizado en la Luna y conmemora el evento cada año el domingo más cercano al 20 de julio.[134] Aunque el cronograma de la misión estipulaba que los astronautas debían dormir cinco horas tras el alunizaje, estos optaron por iniciar los preparativos para la actividad extravehicular (EVA) antes de lo previsto, convencidos de que serían incapaces de conciliar el sueño.[135]

Operaciones en la superficie lunar

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Los preparativos para que Neil Armstrong y Buzz Aldrin caminaran sobre la Luna comenzaron a las 23:43 UTC;[13] no obstante, se prolongaron más de lo previsto, pues emplearon tres horas y media en lugar de las dos programadas.[136] A diferencia de los entrenamientos en la Tierra, donde todo el equipo necesario estaba pulcramente dispuesto de antemano, en la Luna la cabina se encontraba abarrotada de otros objetos, como listas de control, paquetes de comida y herramientas que dificultaban la movilidad.[137] Seis horas y treinta y nueve minutos después del alunizaje, Armstrong y Aldrin estaban finalmente listos para salir y se procedió a la despresurización del Eagle.[138]

La escotilla del módulo se abrió a las 02:39:33,[13] momento en el que Armstrong experimentó algunas dificultades iniciales para pasar a través de ella con su sistema portátil de soporte vital (PLSS).[136] De hecho, algunas de las frecuencias cardíacas más altas registradas en los astronautas del programa Apolo se produjeron precisamente durante las maniobras de salida y entrada al módulo lunar.[139] A las 02:51, Armstrong inició su descenso hacia la superficie; la unidad de control remoto que llevaba en el pecho le impedía verse los pies, pero mientras bajaba por la escalera de nueve peldaños, tiró de una anilla en forma de D para desplegar el conjunto de estiba de equipos modulares (MESA) —plegado contra el costado del Eagle— y activar así la cámara de televisión.[140][141]

El Apolo 11 utilizaba un sistema de televisión de barrido lento incompatible con la televisión comercial; por ello, la señal se mostraba en un monitor especial que, a su vez, era grabado por una cámara convencional —proceso que generó la retransmisión de una retransmisión— y que redujo significativamente la calidad de la imagen.[142] Si bien la señal fue captada en Goldstone (Estados Unidos), la estación de seguimiento de Honeysuckle Creek, cerca de Canberra (Australia), obtuvo una mayor fidelidad; minutos después, la señal se desvió al radiotelescopio Parkes, también en Australia, por su mayor sensibilidad.[143] A pesar de ciertas dificultades técnicas y meteorológicas, se recibieron imágenes en blanco y negro de la primera actividad extravehicular que fueron retransmitidas a unos seiscientos millones de personas en la Tierra.[143] Aunque se conservan y difunden ampliamente copias de este vídeo en formato comercial, es muy probable que las grabaciones originales de la transmisión de barrido lento desde la superficie lunar fueran destruidas durante la reutilización rutinaria de cintas magnéticas en la NASA.[142]

Vídeo de Neil Armstrong y el primer paso en la Luna.
Es un pequeño paso...

Tras describir el polvo de la superficie como «de grano muy fino» y «casi como un polvo»,[141] a las 02:56:15[144] —seis horas y media después del alunizaje—, Armstrong bajó de la base de la pata del Eagle y declaró: «Es un pequeño paso para [un] hombre, un gran salto para la humanidad».[n. 2][146][147]

Aunque Armstrong tenía la intención de decir «Es un pequeño paso para un hombre», la palabra «un» (a) no resulta audible en la transmisión; por tanto, no fue reportada inicialmente por la mayoría de los espectadores de la emisión en directo. Al ser preguntado posteriormente sobre su cita, Armstrong afirmó que creía haber dicho «para un hombre», motivo por el cual las versiones impresas posteriores incluyen el artículo entre corchetes. Una de las explicaciones para esta ausencia sugiere que su propio acento pudo provocar que las palabras se fusionaran al pronunciarlas, mientras que otra apunta a la naturaleza intermitente de los enlaces de audio y vídeo con la Tierra, debida en parte a las tormentas cerca del Observatorio Parkes. Un análisis digital más reciente de la cinta sostiene que el artículo pudo ser pronunciado, pero quedó oculto por la estática; no obstante, otros estudios califican estas teorías como una «invención para salvar las apariencias» y señalan que el propio Armstrong admitió más tarde su error al pronunciar la frase.[148][149][150]

Unos siete minutos después de pisar la superficie lunar, Armstrong recolectó una muestra de suelo de contingencia con una bolsa acoplada a un mango, la cual plegó y guardó en un bolsillo de su muslo derecho. Esta maniobra se realizó con el fin de garantizar el regreso de al menos algo de regolito lunar en caso de que una emergencia obligara a los astronautas a abortar la actividad extravehicular y regresar al módulo lunar.[151] Doce minutos después de recoger dicha muestra,[146] retiró la cámara de televisión del MESA, realizó un barrido panorámico y la instaló en un trípode.[136] El cable de la cámara permaneció parcialmente enrollado, hecho que supuso un riesgo de tropiezo durante toda la estancia en el exterior. Las fotografías fijas se realizaron con una cámara Hasselblad que podía manejarse manualmente o montarse en el traje espacial de Armstrong.[152] Poco después, Aldrin se unió a él en la superficie y describió la vista con una frase sencilla pero célebre: «Magnífica desolación».[141]

Armstrong afirmó que desplazarse bajo la gravedad lunar, equivalente a una sexta parte de la terrestre, resultaba «incluso quizás más fácil que en las simulaciones... No supone absolutamente ningún problema caminar por aquí».[141] Tras unirse a él en la superficie, Aldrin probó diversos métodos de locomoción, en los que incluyó los saltos de canguro con ambos pies; aunque la mochila del PLSS generaba una tendencia a inclinarse hacia atrás, ninguno de los dos astronautas tuvo dificultades serias para mantener el equilibrio. Finalmente, establecieron el paso de galope como el método preferido. Ambos informaron de la necesidad de planificar sus movimientos con seis o siete pasos de antelación, puesto que el suelo fino era bastante resbaladizo. Aldrin señaló además que pasar de la luz solar a la sombra del Eagle no producía cambios de temperatura dentro del traje; sin embargo, el casco sí se calentaba bajo el sol, por lo que se sentía más fresco en las zonas sombreadas.[141] El MESA, por su parte, no resultó ser una plataforma de trabajo estable y quedó bajo la sombra, hecho que ralentizó ligeramente las tareas; mientras trabajaban, los astronautas levantaban un polvo grisáceo que acabó por ensuciar la parte exterior de sus trajes.[152]

Aldrin saluda a la bandera estadounidense izada en la superficie lunar.

Frente a la cámara de televisión, los astronautas plantaron el conjunto de la bandera lunar que contenía una bandera de los Estados Unidos, momento sobre el que Aldrin recordaría: «De todas las tareas que tenía que hacer en la Luna, la que quería que saliera mejor era el izado de la bandera».[153] No obstante, tuvieron dificultades con la varilla telescópica y solo lograron insertar el mástil unos cinco centímetros en la dura superficie lunar; a pesar del temor de Aldrin a que la bandera pudiera volcar ante los espectadores de televisión, este finalizó la maniobra y realizó un «enérgico saludo de West Point».[153]

Antes de que Aldrin pudiera fotografiar a Armstrong junto a la bandera, el presidente Richard Nixon se dirigió a ellos mediante una transmisión de radioteléfono, la cual calificó como «la llamada telefónica más histórica jamás realizada desde la Casa Blanca».[154] Aunque originalmente Nixon tenía preparado un discurso extenso para la ocasión, Frank Borman —quien se encontraba en la Casa Blanca como enlace de la NASA durante la misión— logró convencer al presidente de que fuera breve en sus palabras.[155]

Nixon: Hola, Neil y Buzz. Les hablo por teléfono desde el Despacho Oval de la Casa Blanca y esta tiene que ser, sin duda, la llamada telefónica más histórica jamás realizada desde aquí. No alcanzo a expresar lo orgullosos que nos sentimos todos por lo que han logrado; para cada estadounidense, este debe ser el día más glorioso de nuestras vidas, y estoy seguro de que los pueblos de todo el mundo se unen a nosotros para reconocer la inmensidad de esta hazaña. Gracias a lo que han hecho, los cielos han pasado a formar parte del mundo del hombre y, mientras nos hablan desde el Mar de la Tranquilidad, nos inspiran a redoblar nuestros esfuerzos para traer la paz y la tranquilidad a la Tierra. Por un momento inapreciable en toda la historia de la humanidad, todos los habitantes de este planeta somos verdaderamente uno: uno en nuestro orgullo por lo que han hecho y uno en nuestras oraciones para que regresen sanos y salvos a casa.

Armstrong: Gracias, señor presidente. Es un gran honor y un privilegio para nosotros estar aquí representando no solo a los Estados Unidos, sino a los hombres de paz de todas las naciones, a quienes poseen interés y curiosidad, y a aquellos que tienen una visión de futuro. Es un honor poder participar en el día de hoy.

Nixon: Muchas gracias. Todos esperamos con impaciidad verlos el jueves a bordo del Hornet.[156][157]
La huella de Aldrin, parte de un experimento para analizar las propiedades del regolito lunar.

Desplegaron el EASEP, que incluía un paquete de experimentos sísmicos pasivos para medir los sismos lunares y una matriz de retrorreflectores destinada al experimento de medición láser de la distancia lunar.[158] Acto seguido, Armstrong se alejó unos sesenta metros del módulo para fotografiar el borde del Pequeño Cráter West, mientras Aldrin recolectaba dos muestras de núcleo; para ello, utilizó el martillo de geólogo con el fin de clavar los tubos —esta fue la única ocasión en la que se empleó dicha herramienta durante el Apolo 11—, aunque no logró penetrar más de quince centímetros de profundidad. Finalmente, los astronautas recogieron diversas muestras de rocas mediante palas y pinzas con mangos extensibles.[159]

Dado que muchas de las actividades en la superficie se prolongaron más de lo previsto, los astronautas se vieron obligados a interrumpir la documentación de la recogida de muestras a mitad de los treinta y cuatro minutos asignados. Aldrin introdujo seis kilogramos de suelo en la caja de rocas para compactarlas y,[159] en el análisis posterior de estas muestras geológicas, se identificaron dos tipos de rocas: basalto y brecha.[160] Además, se descubrieron tres nuevos minerales en el material recolectado: armalcolita, tranquilitita y piroxferroíta. La armalcolita fue bautizada así en honor a Armstrong, Aldrin y Collins, y cabe destacar que los tres minerales han sido hallados posteriormente también en la Tierra.[161]

La placa que se dejó en la escalera del Eagle.

Durante su estancia en la superficie, Armstrong descubrió una placa montada en la etapa de descenso del módulo lunar que mostraba dos dibujos de la Tierra —en los que se representaban los hemisferios occidental y oriental—, una inscripción y las firmas de los tres astronautas junto a la del presidente Nixon. El texto de la inscripción rezaba:

Aquí, en julio de 1969 d. C., los hombres del planeta Tierra pisaron por primera vez la Luna. Vinimos en nombre de toda la humanidad.[141]

A instancias de la administración Nixon para añadir una referencia a Dios, la NASA incluyó la fecha de forma imprecisa como excusa para emplear las siglas d. C., que corresponden a anno Domini («en el año del Señor»).[162]

El Control de Misión utilizó una frase en clave para advertir a Armstrong de que sus ritmos metabólicos eran elevados y que debía reducir la velocidad; esto se debió a que se desplazaba rápidamente de una tarea a otra conforme se agotaba el tiempo. Sin embargo, dado que los niveles metabólicos de ambos astronautas se mantuvieron, por lo general, más bajos de lo esperado durante toda la caminata, el Control de Misión les concedió una prórroga de quince minutos.[158] En una entrevista realizada en 2010, Armstrong explicó que la NASA limitó el tiempo y la distancia de este primer paseo lunar porque no existían pruebas empíricas de cuánta agua de refrigeración consumirían las mochilas PLSS para procesar el calor corporal que generaban mientras trabajaban en la Luna.[163]

Ascenso lunar

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Tras el ingreso de Aldrin en primer lugar en el Eagle, los astronautas acometieron la ardua tarea de izar la película y dos contenedores con 21,55 kg de material geológico hasta la escotilla, valiéndose para ello del Transportador de Equipo Lunar (LEC): un dispositivo de polea con cable plano que, debido a su manifiesta ineficiencia, sería desplazado en misiones sucesivas en favor de la carga manual del instrumental.[136] Una vez que Armstrong recordó a su compañero la presencia de una bolsa con objetos conmemorativos en el bolsillo de su manga y que este la hubo arrojado hacia la superficie, el comandante ascendió hasta el tercer peldaño de la escalera para acceder finalmente al habitáculo. Tras la transición al sistema de soporte vital del módulo, ambos exploradores procedieron a aligerar la etapa de ascenso mediante la eyección de sus mochilas PLSS, los sobrecalzados lunares, una cámara Hasselblad desprovista de carrete y diverso equipo adicional,[164][165] sellando la escotilla de forma definitiva a las 05:11:13 para iniciar la presurización y el descanso reglamentario.[166]

Aldrin junto al conjunto de experimentos sísmicos pasivos, con el módulo lunar Eagle al fondo.

Ante la eventualidad de que los tripulantes del Apolo 11 quedaran varados en la superficie lunar, el redactor de discursos presidenciales William Safire había elaborado una alocución titulada «En caso de desastre en la Luna», destinada a ser pronunciada por el presidente Nixon.[167] Dichas consideraciones se hallaban integradas en un memorando dirigido a H. R. Haldeman, jefe de Gabinete de la Casa Blanca, donde Safire detallaba el protocolo que la administración debía observar ante tal catástrofe.[168][169] El plan disponía que el Control de Misión procediera a la interrupción definitiva de las comunicaciones con el módulo lunar, tras lo cual un clérigo encomendaría las almas de los astronautas «a lo más profundo de las profundidades» mediante un ritual público cuya solemnidad emularía un entierro en el mar. El texto concluía con una alusión lírica a El soldado, poema de Rupert Brooke vinculado a la Primera Guerra Mundial,[169] omitiendo deliberadamente cualquier referencia a Collins; dado que este permanecía en el Columbia orbitando el satélite, se preveía su retorno solitario a la Tierra si la misión del módulo lunar sucumbía al fracaso.[170]

Durante los preparativos en el interior de la cabina, Aldrin dañó accidentalmente el disyuntor encargado de armar el motor principal para el ascenso desde la superficie lunar, un incidente que suscitó el temor de que la ignición resultara imposible y los astronautas quedaran varados; no obstante, la punta no conductora de un rotulador de fieltro de la marca Duro[171] resultó ser una herramienta suficiente para accionar el interruptor y sortear la crisis.[166]

Tras una estancia de más de veintiuna horas y media en la superficie lunar, los astronautas abandonaron el lecho del Mar de la Tranquilidad dejando atrás, además del instrumental científico, diversos objetos cargados de simbolismo: un parche de la misión Apolo 1 en honor a Roger Chaffee, Gus Grissom y Edward White, cuya vida se extinguió en el incendio de su módulo en 1967; sendas medallas conmemorativas de los cosmonautas soviéticos Vladímir Komarov y Yuri Gagarin, fallecidos en 1967 y 1968 respectivamente; una bolsa con una réplica en oro de una rama de olivo como emblema universal de paz, y un disco de silicio que custodiaba mensajes de buena voluntad de los presidentes Eisenhower, Kennedy, Johnson y Nixon, junto a proclamas de líderes de setenta y tres naciones.[172] Dicho disco contenía, asimismo, una relación de los líderes del Congreso estadounidense, los integrantes de los cuatro comités responsables de la legislación espacial y los nombres de los directivos que habían trazado el rumbo de la agencia hasta ese momento.[173]

Un mapa del lugar de aterrizaje de la Base Tranquilidad y las fotos tomadas.

Tras un descanso de aproximadamente siete horas, Houston despertó a la tripulación para dar comienzo a los preparativos del vuelo de retorno, ignorando los astronautas que, a escasos cien kilómetros de distancia, la sonda soviética Luna 15 se disponía a realizar su impacto inminente. Aun cuando la presencia de la nave en órbita era conocida —fruto de un intercambio de datos preventivo y sin precedentes como gesto de cortesía diplomática—, el control de la misión rusa aceleró inesperadamente su maniobra de retorno de muestras e inició el descenso en un intento agónico por aventajar al Apolo 11.[174] Así, apenas dos horas antes de que el módulo estadounidense abandonara la superficie, la Luna 15 se estrelló a las 15:50 UTC, lo que provocó que uno de los astrónomos británicos que monitorizaba la trayectoria calificara el suceso como «un drama de primer orden»,[175] y elevará con ello la tensión de la carrera espacial hasta su cénit definitivo.[176]

Transcurridas aproximadamente dos horas, a las 17:54:00 UTC, la tripulación del Apolo 11 efectuó con éxito el despegue en la etapa de ascenso del Eagle para acudir a su encuentro con Collins, quien aguardaba a bordo del Columbia en órbita lunar.[146] Las secuencias filmadas desde la propia sección de ascenso durante la maniobra revelan cómo la bandera estadounidense, situada a unos ocho metros de la etapa de descenso, ondeó con violencia bajo el flujo del motor hasta que finalmente sucumbió. Aldrin, en un breve instante de observación, atestiguó el desplome del emblema: «La etapa de ascenso del módulo lunar se separó... Yo estaba concentrado en los ordenadores y Neil estudiaba el indicador de actitud, pero levanté la vista lo suficiente como para ver la bandera caer».[177] Como consecuencia de este incidente, las misiones Apolo sucesivas adoptaron la norma de plantar los estandartes a una distancia considerablemente mayor respecto al módulo lunar.[178]

El Columbia en órbita lunar

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Durante su jornada de navegación en solitario alrededor del satélite, Collins nunca experimentó sentimiento alguno de aislamiento; pese a la célebre afirmación de que «desde Adán, ningún ser humano ha conocido tal soledad»,[179] el astronauta se percibió en todo momento como un pilar fundamental del empeño colectivo. En su autobiografía, manifestó que la empresa había sido estructurada para tres hombres y reivindicó su tercio de responsabilidad como una pieza tan necesaria como cualquiera de las otras dos.[179] Durante los cuarenta y ocho minutos de cada órbita en los que el Columbia transitaba por la cara oculta de la Luna y se interrumpía el contacto radial con la Tierra, la sensación que dominó su ánimo no fue el temor ni la desolación, sino más bien una mezcla de «conciencia, anticipación, satisfacción, confianza y casi exultación».[179]

Una de las prioridades iniciales de Collins consistió en la identificación visual del módulo lunar sobre la superficie; con el fin de orientar su búsqueda, el Control de Misión le notificó por radio que el alunizaje se había producido, presumiblemente, a unos 6,4 kilómetros del objetivo fijado. Pese a sus esfuerzos, el astronauta intentó localizar la nave sin éxito en cada sobrevuelo del área estimada. Durante sus primeras incursiones en la cara oculta, Collins atendió diversas labores de mantenimiento, entre las cuales destacaron la purga del exceso de agua generado por las pilas de combustible y el acondicionamiento de la cabina para el inminente retorno de Armstrong y Aldrin.[180]

Instantes antes de alcanzar la cara oculta en su tercera órbita, el Control de Misión notificó a Collins una anomalía en la temperatura del refrigerante cuya persistencia amenazaba con congelar diversos componentes del Columbia. Ante tal escenario, el centro de control le sugirió asumir el mando manual y ejecutar el Procedimiento 17 de Fallo del Sistema de Control Ambiental; no obstante, Collins optó por una solución más directa: conmutó el interruptor del sistema de automático a manual y regresó de inmediato a la posición inicial. Tras esta maniobra, prosiguió con sus tareas ordinarias de acondicionamiento mientras mantenía una vigilancia constante sobre los indicadores térmicos.[181]

En cuanto el Columbia emergió nuevamente por el horizonte de la cara visible, Collins notificó la resolución de la anomalía térmica y calificó sus tránsitos por el hemisferio oculto como «relajantes». Tras la conclusión de la actividad extravehicular de Armstrong y Aldrin, el piloto se entregó al sueño con el fin de reunir las fuerzas necesarias para la maniobra de aproximación. Si bien el plan de vuelo prescribía que el Eagle debía acudir al encuentro del Columbia, Collins permanecía alerta ante cualquier contingencia que le obligara a pilotar la nave nodriza hacia una órbita inferior para rescatar al módulo lunar.[181]

Regreso

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Etapa de ascenso del Eagle aproximándose al Columbia.

El encuentro entre el Eagle y el Columbia se produjo a las 21:24 UTC del 21 de julio, lo que permitió completar el acoplamiento apenas once minutos después; finalmente, la etapa de ascenso del módulo fue abandonada en órbita lunar a las 23:41.[9] En vísperas del lanzamiento del Apolo 12, se estimó que la nave todavía orbitaba el satélite, si bien informes posteriores de la NASA señalaron que el decaimiento de su trayectoria habría provocado un impacto en una «ubicación incierta» de la geografía lunar.[182] No obstante, investigaciones publicadas en 2021 sugieren, tras diversos cálculos orbitales, que el módulo de aterrizaje podría permanecer todavía en el espacio.[183]

Durante la jornada del 23 de julio, última velada previa al amerizaje, los tres astronautas protagonizaron una transmisión televisiva en la que Collins manifestó: «Todo esto es posible solo gracias a la sangre, el sudor y las lágrimas de muchísimas personas... Todo lo que ven es a nosotros tres, pero bajo la superficie hay miles y miles de otros, y a todos ellos me gustaría decirles: "Muchas gracias"».[184] Por su parte, Aldrin profundizó en el significado de la gesta al añadir: «Esto ha sido mucho más que tres hombres en una misión a la Luna; más, incluso, que los esfuerzos de un equipo del gobierno y la industria; más, incluso, que los esfuerzos de una sola nación. Sentimos que esto queda como un símbolo de la insaciable curiosidad de toda la humanidad por explorar lo desconocido...».[184]

Armstrong concluyó la alocución con las siguientes palabras:

La responsabilidad de este vuelo recae, en primer lugar, en la historia y en los gigantes de la ciencia que precedieron a este esfuerzo; después, en el pueblo estadounidense que, a través de su voluntad, manifestó su deseo; a continuación, en cuatro administraciones y sus respectivos Congresos por implementar esa voluntad; y luego, en los equipos de la agencia y de la industria que construyeron nuestras naves: el Saturno, el Columbia, el Eagle y la pequeña EMU, el traje espacial y la mochila que fue nuestra pequeña nave sobre la superficie lunar. Nos gustaría dar un agradecimiento especial a todos aquellos estadounidenses que fabricaron las naves, que se encargaron de la construcción, el diseño y las pruebas, y que pusieron todo su corazón y sus capacidades en ellas. A esas personas, esta noche les damos las gracias de forma especial; y a todos los demás que nos están escuchando y viendo, que Dios los bendiga. Buenas noches desde el Apolo 11.[184]

Durante la trayectoria de retorno a la Tierra, una avería en un rodamiento de la estación de seguimiento de Guam amenazó con interrumpir las comunicaciones en el tramo final del viaje. Ante la imposibilidad de acometer una reparación convencional en el breve tiempo disponible, el director de la instalación, Charles Force, solicitó la colaboración de su hijo de diez años, Greg; el niño utilizó sus manos para alcanzar el interior de la carcasa y reponer la grasa necesaria, un gesto técnico providencial que el propio Armstrong agradecería personalmente tiempo después.[185]

Aterrizaje en el agua y cuarentena

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El Columbia flotando en el océano mientras los buzos de la Armada ayudan a rescatar a los astronautas.

Bajo el mando del capitán Carl J. Seiberlich, el portaaviones USS Hornet fue designado el 5 de junio como el buque de recuperación principal para el Apolo 11, en sustitución de su homólogo, el USS Princeton, que había cumplido dicha función para el Apolo 10 el 26 de mayo.[186][187] Tras zarpar de su puerto base en Long Beach, California, el navío arribó a Pearl Harbor el 5 de julio para embarcar los helicópteros Sikorsky SH-3 Sea King de la unidad HS-4 —especializada en el rescate de cápsulas espaciales—, a los buzos del Destacamento Apolo de la UDT, a un equipo técnico de la NASA compuesto por treinta y cinco personas y a cerca de ciento veinte representantes de la prensa. A fin de albergar al personal y el equipo adicional, la mayor parte del ala aérea del Hornet permaneció en tierra firme; en su lugar, se estibó instrumental específico para la operación, incluido un modelo de pruebas del módulo de mando destinado a maniobras de entrenamiento.[188]

El 12 de julio, mientras el Apolo 11 permanecía todavía en la plataforma de lanzamiento, el Hornet zarpó de Pearl Harbor con destino a la zona de recuperación en el Pacífico central,[189] situada en las proximidades de las coordenadas 10°36′N 172°24′E / 10.600, 172.400.[190] Una comitiva presidencial integrada por Nixon, Borman, el secretario de Estado William P. Rogers y el asesor de Seguridad Nacional Henry Kissinger se desplazó en el Air Force One hasta el atolón Johnston, desde donde se trasladaron al buque de mando USS Arlington a bordo del Marine One. Tras pernoctar en dicha unidad, el grupo voló al Hornet con el propósito de presidir los actos oficiales; allí fueron recibidos por el almirante John S. McCain Jr., comandante en jefe del Comando del Pacífico, y por el administrador de la NASA, Thomas O. Paine, quien arribó al portaaviones desde Pago Pago en una de las aeronaves de transporte logístico del buque.[191]

En una época en la que los satélites meteorológicos no constituían aún un recurso ordinario, el capitán de la Fuerza Aérea estadounidense Hank Brandli disponía de acceso a imágenes procedentes de satélites espía de alto secreto, cuya observación le permitió advertir el avance de un frente tormentoso hacia la zona de recuperación prevista. Aquel fenómeno meteorológico representaba una amenaza crítica para la integridad de la misión, pues la escasa visibilidad habría dificultado la localización de la cápsula y los vientos huracanados en las capas altas de la atmósfera habrían desgarrado, según el propio Brandli, los paracaídas de la nave.[192] Ante tal riesgo, Brandli alertó al capitán de la Armada Willard S. Houston Jr., comandante del Centro Meteorológico de la Flota en Pearl Harbor y poseedor de la acreditación de seguridad necesaria para recibir dicha información. Tras la recomendación de este, el contraalmirante Donald C. Davis, en su calidad de comandante de las Fuerzas de Recuperación de Vuelos Espaciales del Pacífico, aconsejó formalmente a la NASA el traslado del área de operación; una decisión que, aunque comprometió las carreras profesionales de los implicados, permitió fijar una nueva ubicación segura a 215 millas náuticas al noreste.[193][194]

Dicha modificación alteró sustancialmente el plan de vuelo e impuso el uso de una secuencia de programas informáticos inédita hasta la fecha. En una maniobra de entrada convencional, al evento de trayectoria P64 le sucedía de forma natural el P67; sin embargo, para una reentrada con salto (skip-out), el protocolo exigía el empleo del P65 y el P66 a fin de gestionar las fases de egreso e ingreso atmosférico. En esta ocasión, dado que se pretendía extender la trayectoria de reentrada sin llegar a efectuar un salto real fuera de la atmósfera, se prescindió del P66, de modo que el P65 condujo directamente al P67. Asimismo, se advirtió a la tripulación de que no se hallaría en una actitud de sustentación total —con la orientación de cabeza abajo— al iniciarse el programa P67.[193] Esta compleja dinámica de vuelo sometió a los astronautas a una aceleración de 6,5 g (64 m/s²) durante la primera fase, mientras que la segunda alcanzó los 6,0 g (59 m/s²).[195]

Antes del alba del 24 de julio, el Hornet dispuso el despegue de cuatro helicópteros Sea King y tres Grumman E-1 Tracer; de estos últimos, dos asumieron la función de «jefes aéreos» mientras el tercero operaba como enlace de comunicaciones. Respecto a los Sea King, dos de ellos transportaban a los buzos y el equipo de rescate, el tercero portaba el instrumental fotográfico y el cuarto albergaba al nadador de descontaminación junto al médico de vuelo.[196] A las 16:44 UTC (05:44 hora local), los helicópteros avistaron el despliegue de los paracaídas de frenado del Columbia, el cual impactó con violencia sobre el océano siete minutos después. El amerizaje se produjo a 2660 km al este de la isla Wake, a 380 km al sur del atolón Johnston y a tan solo 24 km del Hornet,[9][193] en las coordenadas 13°19′N 169°9′O / 13.317, -169.150.[197] En el punto de recuperación se registraron 28 °C, con marejada de 1,8 metros y vientos de 17 nudos de componente este, bajo un techo de nubes fragmentadas a 460 metros y una visibilidad de 19 km.[198] Los aviones de reconocimiento enviados a la ubicación original confirmaron que las condiciones atmosféricas eran, con exactitud, las que Brandli y Houston habían pronosticado.[199]

Durante el amerizaje, el Columbia quedó inicialmente invertido sobre el océano, una posición que los astronautas revirtieron en apenas diez minutos mediante la activación de las bolsas de flotación del módulo.[200] Desde el helicóptero de la Armada que sobrevolaba la cápsula, un buzo se encargó de colocar un ancla de capa con el fin de evitar la deriva de la nave,[201] mientras otros efectivos instalaban collares de flotación para garantizar la estabilidad del habitáculo y posicionaban las balsas destinadas a la extracción de la tripulación.[202]

La tripulación del Apolo 11, en cuarentena tras su regreso a la Tierra, recibió la visita de Richard Nixon.
La instalación móvil de cuarentena del Apolo 11, expuesta en el Centro Steven F. Udvar-Hazy de Virginia en 2009.

Acto seguido, los buzos suministraron a los astronautas trajes de aislamiento biológico (BIG) y facilitaron su traslado a la balsa salvavidas. Pese a que la probabilidad de transportar patógenos procedentes de la superficie lunar se estimaba remota, la NASA aplicó protocolos de seguridad estrictos en el área de recuperación: los astronautas fueron frotados con una solución de hipoclorito de sodio y el Columbia se sometió a una limpieza con povidona yodada para eliminar cualquier rastro de polvo lunar. Una vez desinfectados, la tripulación ascendió al helicóptero de rescate mediante un cabrestante, provista de los trajes BIG hasta su ingreso en las instalaciones de aislamiento a bordo del Hornet. Finalmente, la balsa que contenía los materiales empleados en la descontaminación fue hundida de forma intencionada.[200]

Tras el aterrizaje en la cubierta del Hornet a las 17:53 UTC, el ascensor trasladó el helicóptero hasta el hangar. Allí, los astronautas recorrieron los nueve metros de distancia hasta la instalación móvil de cuarentena (MQF), donde iniciaron la fase terrestre de sus veintiún días de aislamiento.[203] Esta práctica se mantuvo durante dos misiones adicionales, el Apolo 12 y el Apolo 14, hasta que la confirmación de la ausencia de vida en la Luna permitió el abandono definitivo del proceso de cuarentena.[204][205] El presidente Nixon les dio la bienvenida de nuevo a la Tierra con las siguientes palabras: «Como resultado de lo que han hecho, el mundo nunca antes ha estado tan unido».[206]

Tras la partida de Nixon, el Hornet se posicionó junto al Columbia —de unas cuatro toneladas y media de peso—, el cual ascendió a bordo mediante la grúa del buque para su colocación sobre un carro de transporte y su posterior traslado junto a la MQF. Una vez conectadas ambas estructuras mediante un túnel flexible, el personal extrajo las muestras lunares, las películas, las cintas de datos y otros objetos de la misión. El Hornet regresó entonces a Pearl Harbor, donde la MQF se estibó en un Lockheed C-141 Starlifter para su traslado por aire al Centro de Naves Espaciales Tripuladas. Los astronautas arribaron al Laboratorio de Recepción Lunar a las 10:00 UTC del 28 de julio. Por su parte, el Columbia se desplazó a la isla Ford para su desactivación y el aseguramiento de sus dispositivos pirotécnicos; posteriormente, la cápsula fue enviada a la Base de la Fuerza Aérea Hickam, desde donde voló a Houston en un Douglas C-133 Cargomaster con llegada al Laboratorio de Recepción Lunar el 30 de julio.[207]

De acuerdo con la Ley de Exposición Extraterrestre —un conjunto de normas que la NASA promulgó el 16 de julio para codificar su protocolo de cuarentena—,[208] los astronautas permanecieron aislados. Tras tres semanas de confinamiento (primero en la nave Apolo, después en su remolque en el Hornet y finalmente en el Laboratorio de Recepción Lunar), se certificó que los tripulantes gozaban de buena salud.[209] El 10 de agosto de 1969, el Comité Interinstitucional sobre Contaminación Retrógrada se reunió en Atlanta y levantó la cuarentena de los astronautas, de quienes se habían unido a ellos en el aislamiento (el médico de la NASA William Carpentier y el ingeniero del proyecto MQF John Hirasaki)[210] y del propio Columbia. El equipo suelto de la nave permaneció en aislamiento hasta que las muestras lunares fueron liberadas para su estudio.[211]

Nueva York el 13 de agosto de 1969.

Celebraciones

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Tras su retorno a la Tierra, la tripulación del Apolo 11 obtuvo el reconocimiento unánime de la comunidad internacional. El 13 de agosto de 1969, los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins recibieron sendos homenajes en Nueva York y Chicago mediante desfiles de confeti (ticker tape parade), jornadas en las que se estima que unos seis millones de personas abarrotaron las vías públicas.[212] En Nueva York, la comitiva partió de Bowling Green y recorrió Broadway hasta el Ayuntamiento —donde el alcalde John Lindsay dio la bienvenida a los tripulantes— para finalizar el trayecto en la sede de las Naciones Unidas.[213] Como gesto simbólico, Broadway fue rebautizada temporalmente aquel día como «Apollo Way». En Chicago, el desfile atravesó el Loop[214] y culminó en el Chicago Civic Center, espacio donde los astronautas y las autoridades locales se dirigieron a la multitud. Esa misma noche, el Century Plaza Hotel de Los Ángeles acogió una cena de Estado destinada a conmemorar el histórico hito. Al evento asistieron miembros del Congreso, cuarenta y cuatro gobernadores estatales, el presidente de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Warren E. Burger, su predecesor Earl Warren y embajadores de ochenta y tres naciones. Durante la ceremonia, el presidente Richard Nixon y el vicepresidente Spiro Agnew distinguieron a cada astronauta con la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima condecoración civil que otorga el país.[215]

Los astronautas del Apolo 11 el 13 de agosto de 1969 en Nueva York.

El 16 de septiembre, los astronautas comparecieron en una sesión conjunta del Congreso, donde hicieron entrega de dos banderas estadounidenses —una destinada a la Cámara de Representantes y otra al Senado— que habían alcanzado la superficie lunar a bordo del Eagle.[216] Asimismo, otra de las enseñas que formó parte de la misión, la de Samoa Americana, se exhibió posteriormente en el Museo Jean P. Haydon en Pago Pago. Este gesto de gratitud hacia la capital del territorio reconoció su papel logístico fundamental como zona de apoyo durante las labores de recuperación de la cápsula.[217]

Homenaje en terrazo a los astronautas del Apolo 11 en el paseo de la Fama de Hollywood.

Las celebraciones continuaron con una gira mundial de buena voluntad de treinta y ocho días titulada «Giant Leap» (Gran Salto), que comenzó el 29 de septiembre y concluyó el 5 de noviembre de 1969. Los astronautas visitaron veintidós países y se reunieron con numerosos jefes de Estado, primeros ministros, miembros de la realeza y líderes cívicos.[218] La gira, cuyo objetivo era agradecer a la comunidad internacional su apoyo al programa espacial, se inició en Ciudad de México y finalizó en Tokio.[219] Entre las paradas más destacadas se incluyeron Bogotá, Buenos Aires, Río de Janeiro, Madrid, París, Ámsterdam, Bruselas, Londres, Roma, Belgrado, Teherán, Bombay, Bangkok, Sídney, Guam y Honolulu.[220] En cada ciudad, multitudes de decenas o cientos de miles de personas se congregaron para recibir a los astronautas.

Numerosos países y organizaciones conmemoraron el alunizaje mediante la emisión de artículos especiales, como sellos de correos, monedas, medallas, placas y reportajes en revistas. Publicaciones como TIME, National Geographic, LIFE y decenas de revistas internacionales mostraron a los astronautas en sus portadas. Muchas de estas piezas conmemorativas se conservan hoy en colecciones públicas y privadas, y algunas incluso se llevaron a bordo de misiones Apolo posteriores como tributo simbólico.[221]

Además, el éxito del Apolo 11 contribuyó a un breve pero intenso repunte del interés por la educación en ciencia y tecnología, fenómeno conocido a menudo como el «efecto Apolo», que influyó en toda una generación de ingenieros y científicos.[222]

Legado

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Significado cultural

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Una niña sostiene el periódico The Washington Post, en el que se lee: «El Águila ha aterrizado»: dos hombres caminan sobre la Luna».

El éxito de la misión, que permitió a seres humanos caminar sobre la Luna y regresar sanos y salvos a la Tierra, materializó el objetivo que Kennedy había fijado ocho años atrás. Durante el alunizaje del Apolo 11, las pantallas del Control de Misión proyectaron el discurso del difunto presidente, seguidas del mensaje: «TAREA CUMPLIDA, julio de 1969».[223] Este hito ratificó la superioridad tecnológica de los Estados Unidos y,[223] con ello, el país se alzó con la victoria en la Carrera Espacial.[224][225]

La hazaña integró nuevas expresiones en el lenguaje cotidiano. Tras la misión, la frase «Si pueden enviar a un hombre a la Luna, ¿por qué no pueden...?» se consolidó como un modismo habitual.[226] Del mismo modo, las palabras de Armstrong desde la superficie lunar inspiraron diversas parodias que se arraigaron en la cultura popular.[224]

Si bien la mayoría de la población celebró el hito, amplios sectores marginados de la sociedad estadounidense percibieron la misión como un símbolo de la fractura social del país. Esta postura se manifestó claramente en las protestas encabezadas por Ralph Abernathy frente al Centro Espacial Kennedy el día previo al lanzamiento.[227] El administrador de la NASA, Thomas Paine, se reunió con Abernathy en aquella ocasión; ambos compartían la esperanza de que el programa espacial sirviera de impulso para el progreso en otros ámbitos, como la mitigación de la pobreza en la nación. Paine accedió a la petición de que los manifestantes presenciaran el despegue y Abernathy, conmovido por el espectáculo,[105] ofreció una oración por los astronautas.[228] Por su parte, el poeta de jazz Gil Scott-Heron compuso en 1970 la obra Whitey on the Moon, donde planteaba que la misión personificaba la desigualdad racial imperante en los Estados Unidos.[224] El poema comienza con los siguientes versos:

Original en inglés:
A rat done bit my sister Nell.
(with Whitey on the moon)
Her face and arms began to swell.
(and Whitey’s on the moon)
I can’t pay no doctor bill.
(but Whitey’s on the moon)
Ten years from now I’ll be paying still.
(while Whitey’s on the moon)
[...][229]

Traducción libre:
Una rata mordió a mi hermana Nell.
(con el blanquito en la Luna)
Su cara y sus brazos empezaron a hincharse.
(y el blanquito está en la Luna)
No puedo pagar la cuenta del doctor.
(pero el blanquito está en la Luna)
De aquí a diez años seguiré pagando.
(mientras el blanquito está en la Luna)
[...]

Cerca del 20% de la población mundial siguió en directo la primera caminata lunar.[230] Sin embargo, a pesar de que el Apolo 11 cautivó al planeta, las misiones posteriores no consiguieron retener el interés de la nación estadounidense.[223] Una posible explicación reside en el aumento de la complejidad científica de los proyectos: mientras que el alunizaje representaba un objetivo comprensible para el gran público, la geología lunar resultaba una materia demasiado abstracta para el ciudadano medio. Asimismo, la meta establecida por Kennedy ya se había alcanzado.[231] Si bien disponer de un propósito bien definido ayudó al Programa Apolo a cumplir su cometido, una vez completado el desafío, resultó complejo justificar la continuidad de los viajes lunares.[232][233]

A pesar del orgullo generalizado por los logros en la exploración espacial, las encuestas de Gallup solo reflejaron una mayoría favorable a intensificar la actividad en el espacio frente a reducirla en una ocasión a finales de los años sesenta. Hacia 1973, el 59% de los consultados se inclinaba por recortar el gasto en este ámbito. La victoria en la Carrera Espacial y la relajación de las tensiones de la Guerra Fría, propias de la era de la distensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, influyeron en este cambio de tendencia. A ello se sumó un periodo de creciente inflación que presionaba al Gobierno para limitar el gasto público. El programa espacial subsistió gracias a la percepción de que constituía uno de los escasos proyectos gubernamentales que había alcanzado una gesta extraordinaria. En este contexto, Caspar Weinberger, subdirector de la Oficina de Administración y Presupuesto, advirtió que aplicar recortes drásticos podría transmitir el mensaje de que los mejores años del país habían quedado atrás.[234]

Tras la misión del Apolo 11, las autoridades de la Unión Soviética sostuvieron que el envío de seres humanos a la Luna era una empresa tan peligrosa como innecesaria. En aquel periodo, la URSS centraba sus esfuerzos en la recuperación de muestras lunares mediante sistemas robóticos; de forma pública, los funcionarios negaron la existencia de una carrera espacial hacia el satélite e indicaron que no pretendían efectuar un alunizaje tripulado.[235] Mstislav Kéldysh declaró en julio de 1969 que el país se concentraba exclusivamente en la creación de grandes sistemas de satélites. No obstante, en 1989 se reveló que el programa soviético sí había intentado enviar misiones tripuladas a la Luna, propósito que se vio frustrado por diversas dificultades tecnológicas.[236] La reacción de la ciudadanía en la Unión Soviética fue dispar: el Gobierno limitó la difusión de información sobre el logro estadounidense, lo que condicionó la respuesta popular; mientras que una parte de la población se mostró indiferente, otra manifestó su indignación ante el éxito de los Estados Unidos.[237]

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El Columbia, expuesto en la sala «Hitos de la aviación» del Museo Nacional del Aire y el Espacio.

El módulo de mando Columbia realizó una gira por los Estados Unidos que abarcó cuarenta y nueve capitales estatales, el Distrito de Columbia y la ciudad de Anchorage, en Alaska.[238] En 1971, la cápsula fue transferida a la Institución Smithsonian para su exhibición en el Museo Nacional del Aire y el Espacio (NASM) de Washington D. C.[239] Su ubicación definitiva se estableció en la sala central de la muestra Milestones of Flight (Hitos del Vuelo), frente al acceso de Jefferson Drive. Allí, el vehículo comparte el vestíbulo principal con otras aeronaves pioneras, tales como el Wright Flyer, el Spirit of St. Louis, el Bell X-1, el North American X-15 y el Friendship 7.[240]

En 2017, el Columbia se trasladó al hangar de restauración Mary Baker Engen del NASM, situado en el Centro Steven F. Udvar-Hazy (Chantilly, Virginia), con el fin de preparar su exhibición en una gira por cuatro ciudades titulada Destination Moon: The Apollo 11 Mission. Este recorrido incluyó el Centro Espacial Houston (octubre de 2017 - marzo de 2018), el Saint Louis Science Center (abril - septiembre de 2018), el Heinz History Center en Pittsburgh (septiembre de 2018 - febrero de 2019) y, como destino final, el Museum of Flight en Seattle (marzo - septiembre de 2019).[239][241] Con motivo de las renovaciones en el Smithsonian, se habilitó una estancia adicional que permitió trasladar la cápsula al Cincinnati Museum Center, donde la muestra se inauguró el 29 de septiembre de 2019.[242]

Durante cuarenta años, los trajes espaciales de Armstrong y Aldrin formaron parte de la muestra Apollo to the Moon del museo,[243] exposición que cerró de manera permanente en diciembre de 2018 para dar paso a una nueva galería. En julio de 2019, con motivo del 50.º aniversario del Apolo 11, se inauguró una exhibición especial dedicada exclusivamente al traje de Armstrong.[244][245] Por otro lado, el remolque de cuarentena, el collar y las bolsas de flotación se custodian en el anexo Centro Steven F. Udvar-Hazy del Smithsonian, en las proximidades del Aeropuerto Internacional de Washington-Dulles, donde se muestran junto a un módulo lunar de pruebas.[246][247][248]

El traje espacial de Armstrong expuesto en el Museo Nacional del Aire y el Espacio dentro de su nueva exposición.

La etapa de descenso del módulo lunar Eagle permanece en la superficie lunar. En 2009, la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) fotografió los diversos lugares de alunizaje del programa Apolo con una resolución sin precedentes, lo que permitió distinguir, por primera vez, las etapas de descenso, los instrumentos científicos y los senderos de pisadas dejados por los astronautas.[249]

Respecto a la etapa de ascenso, se presume que sus restos descansan en algún punto incierto de la superficie lunar, tras perderse su rastro una vez abandonada. Dado que el campo gravitatorio del satélite carece de uniformidad, las órbitas bajas tienden a la inestabilidad, lo que suele provocar que los objetos impacten contra el suelo en periodos breves.[250] No obstante, un estudio publicado en 2021 —sustentado en un programa de la NASA y datos gravitatorios de alta resolución— sugiere que el Eagle podría haber permanecido en órbita incluso hasta el año 2020. Al aplicar el método de Montecarlo sobre los parámetros orbitales conocidos para contemplar el margen de incertidumbre, todas las simulaciones predijeron que el módulo nunca llegaría a colisionar con la superficie.[251]

F-1 Placa del inyector del motor, expuesta temporalmente en el Cincinnati Museum Center en 2019.

Por otro lado, en marzo de 2012, un equipo financiado por Jeff Bezos, fundador de Amazon, localizó mediante sonar los motores F-1 de la etapa S-IC que impulsó al Apolo 11 hacia el espacio en el lecho del océano Atlántico.[252] Los especialistas lograron recuperar piezas de dos de los cinco motores y, en julio de 2013, un conservador descubrió bajo el óxido un número de serie que la NASA ratificó como perteneciente a dicha misión.[253][254] Por último, la tercera etapa S-IVB, responsable de la inyección translunar, persiste en una órbita solar próxima a la de la Tierra.[255]

En 2015, tras el fallecimiento de Armstrong en 2012, su viuda se puso en contacto con el Museo Nacional del Aire y el Espacio para informarles de que había encontrado una bolsa de tela blanca en uno de los armarios de Armstrong que contenía varios artículos que deberían haberse quedado en el módulo Lunar Eagle, incluyendo la cámara de adquisición de datos de 16 mm que se utilizó para capturar las imágenes del primer alunizaje.[256][257] Actualmente, la cámara se encuentra en exhibición en dicho museo.[258] Sin embargo, la cámara Hasselblad que envió fotografías de la superficie lunar a la Tierra se cuenta entre los múltiples equipos que quedaron atrás en el satélite.[259]

Trozos de tela y madera del primer avión, el Wright Flyer de 1903, viajaron a la Luna en el módulo lunar Eagle del Apolo 11 y se exhiben en el Memorial nacional a los hermanos Wright.

Rocas lunares

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El depósito principal de las rocas lunares del programa Apolo se encuentra en la Instalación del Laboratorio de Muestras Lunares, situada en el Centro Espacial Lyndon B. Johnson en Houston, Texas. Como medida de seguridad adicional, existe una colección menor custodiada en la Instalación de Pruebas de White Sands, cerca de Las Cruces, Nuevo México. La mayoría de los fragmentos se conservan en atmósfera de nitrógeno para preservarlos de la humedad y su manipulación se realiza exclusivamente de forma indirecta mediante instrumental especializado. En la actualidad, más de cien laboratorios de investigación en todo el mundo analizan estas piezas, labor para la cual se preparan y distribuyen aproximadamente quinientas muestras anuales.[260][261]

En noviembre de 1969, el presidente Nixon solicitó a la NASA la preparación de aproximadamente doscientos cincuenta expositores con muestras lunares del Apolo 11, destinados a ciento treinta y cinco naciones, a los cincuenta estados de la Unión y sus territorios, así como a las Naciones Unidas. Cada conjunto incluía partículas de polvo lunar y diversas banderas —entre ellas la de la Unión Soviética— que habían formado parte de la misión. El material geológico, con dimensiones similares a las de un grano de arroz, consistía en cuatro fragmentos de suelo lunar con un peso aproximado de cincuenta miligramos, encapsulados en un botón acrílico transparente de tamaño parecido al de una moneda de medio dólar. Este soporte acrílico cumplía además la función de magnificar la visión de los granos. Nixon hizo entrega de estos presentes como gestos de buena voluntad durante el año 1970.[262][263]

El Experimento Sísmico Pasivo funcionó hasta el 25 de agosto de 1969, cuando el enlace de comandos (subida) falló; por su parte, el enlace de datos (bajada) dejó de funcionar el 14 de diciembre de 1969.[264] No obstante, a fecha de 2018, el experimento de Medición de Distancia Láser Lunar sigue estando operativo.[265]

Aniversarios

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40.º aniversario

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El 15 de julio de 2009, la plataforma Life.com difundió una galería de fotografías inéditas de los astronautas, capturadas por el fotógrafo de la revista Life, Ralph Morse, en los momentos previos al despegue del Apolo 11.[266] Asimismo, entre el 16 y el 24 de julio de ese mismo año, la NASA retransmitió a través de su sitio web el audio original de la misión en tiempo real, coincidiendo con el cuadragésimo aniversario de los acontecimientos.[267] En la actualidad, la agencia desarrolla un proceso de restauración del metraje de vídeo y ha divulgado un avance que recoge los hitos fundamentales de la expedición.[268] En julio de 2010, se publicaron por primera vez las grabaciones de voz entre la Tierra y la nave, resincronizadas con el metraje filmado en el Centro de Control de Misión durante el descenso y alunizaje del Apolo 11.[269] En la misma línea, la Biblioteca y Museo Presidencial de John F. Kennedy habilitó un espacio web que retransmite las comunicaciones íntegras de la misión, desde el momento del lanzamiento hasta el contacto con la superficie lunar.[270]

El 20 de julio de 2009, Armstrong, Aldrin y Collins mantuvieron un encuentro con el presidente Barack Obama en la Casa Blanca.[271] «Esperamos que, mientras hablamos, otra generación de niños esté mirando al cielo para convertirse en los próximos Armstrong, Collins y Aldrin», afirmó Obama, quien añadió: «Queremos asegurar que la NASA esté allí para ellos cuando decidan emprender su viaje».[272] Poco después, el 7 de agosto de 2009, una ley del Congreso, que contó con el impulso del senador por Florida Bill Nelson y del representante del mismo estado, Alan Grayson, concedió a los tres astronautas la Medalla de Oro del Congreso, la máxima distinción civil de los Estados Unidos.[273][274]

Un grupo de científicos británicos, entrevistados como parte de los eventos del aniversario, reflexionó sobre el significado del alunizaje:

Se llevó a cabo de una manera técnicamente brillante, asumiendo riesgos... que serían inconcebibles en el mundo actual, tan reacio al riesgo. El programa Apolo es, posiblemente, el mayor logro técnico de la humanidad hasta la fecha... nada desde el Apolo se ha acercado a la emoción que generaron esos astronautas: Armstrong, Aldrin y los otros diez que los siguieron.[275]

50.º aniversario

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En junio de 2015, el congresista Bill Posey presentó la resolución H.R. 2726 ante la 114.ª sesión de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, mediante la cual se ordenó a la Casa de la Moneda el diseño y comercialización de monedas conmemorativas de oro, plata y metal revestido en honor al 50.º aniversario de la misión Apolo 11. El 24 de enero de 2019, la institución puso a disposición del público estas piezas numismáticas a través de su portal web oficial.[276][277]

De forma paralela, el documental Apollo 11, que incorpora metraje restaurado de los acontecimientos de 1969, se estrenó en formato IMAX el 1 de marzo de 2019, e inició su proyección general en salas de cine el 8 de marzo del mismo año.[278][279]

El Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano, en colaboración con la NASA, patrocinó el «Apollo 50 Festival» en el National Mall de Washington D. C., evento que, desarrollado del 18 al 20 de julio de 2019 al aire libre, ofreció exhibiciones, actividades interactivas, actuaciones en directo y ponencias de figuras como Adam Savage y diversos científicos de la NASA.[280]

El cohete Saturno V proyectado sobre el Monumento a Washington durante el espectáculo conmemorativo del 50.º aniversario del Apolo 11.

Como parte de la celebración, entre el 16 y el 20 de julio y en horario nocturno (de 21:30 a 23:30 EDT), se proyectó una imagen a escala real del cohete Saturno V, de 111 metros de altura, sobre la cara este del Monumento a Washington. El programa principal consistió en un espectáculo de diecisiete minutos que empleó la técnica de mapping sobre el obelisco para recrear visualmente el ensamblaje y el lanzamiento del histórico cohete.[281]

A la proyección se sumó una recreación de doce metros de ancho del reloj de cuenta atrás del Centro Espacial Kennedy y dos grandes pantallas de vídeo que mostraban imágenes de archivo para recrear los momentos previos al alunizaje. Hubo tres pases por noche entre el 19 y el 20 de julio; el último pase del sábado se retrasó ligeramente para que el momento en que Armstrong puso el primer pie en la Luna ocurriera exactamente cincuenta años después, al segundo, del evento original.[281]

El 19 de julio de 2019, el Google Doodle rindió tributo al alunizaje del Apolo 11, en el que incluía un enlace a un vídeo animado de YouTube narrado por el astronauta Michael Collins.[282][283]

Por último, Aldrin, Collins y los hijos de Armstrong fueron recibidos por el presidente Donald Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca.[284][285]

Películas y documentales

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  • Footprints on the Moon (1969): Película documental de Bill Gibson y Barry Coe.[286]
  • Moonwalk One (1971): Película documental de Theo Kamecke.[287]
  • Apollo 11: As It Happened (1994): Documental de seis horas sobre la cobertura de ABC News del evento.[288]
  • Apollo 11 (1996).
  • First Man (2018): Película de Damien Chazelle basada en el libro de James R. Hansen de 2005, First Man: The Life of Neil A. Armstrong.
  • Apollo 11 (2019): Película documental de Todd Douglas Miller con metraje restaurado del evento de 1969.[278][289]
  • Chasing the Moon (julio de 2019): Documental de tres noches y seis horas de PBS, dirigido por Robert Stone, que examinó los eventos previos a la misión. También se publicó un libro complementario con el mismo nombre.[290]
  • 8 Days: To the Moon and Back (2019): Película documental de PBS y BBC Studios, dirigida por Anthony Philipson, que recrea partes importantes de la misión utilizando grabaciones de audio originales, nuevas imágenes de estudio, archivos de la NASA y de noticias, e imágenes generadas por computadora (CGI).[291]

Véase también

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  1. La función de la tripulación de reserva era entrenarse y estar preparada para volar en caso de que le ocurriera algo a la tripulación principal.[57] Las tripulaciones de reserva, según la rotación, pasaban a ser la tripulación principal tres misiones después de haber sido asignadas como reserva.
  2. Eric Jones, del «Apollo Lunar Surface Journal», explica que el artículo indefinido «un» era intencionado, se dijera o no; la intención era contrastar «un hombre» (la acción de un individuo) y «la humanidad» (como especie).[145]

Referencias

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Bibliografía

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Enlaces externos

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