Yo, remolcando en mi barquilla débil la indolente fortuna del poeta, sin envidiar el astro del profeta cantando alegre por la mar iré.
La flor cierra los labios: calla el mundo, en luz se rompe en lo infinito el astro; y del negro horizonte en lo profundo, sube la niebla en olas de alabastro.
Todos recuerdan a Duncan Wyoming, el extraordinario actor que, comenzando su carrera al mismo tiempo que William Hart, tuvo, como éste y a la par de éste, las mismas hondas virtudes de interpretación viril. Hart ha dado ya al cine todo lo que podíamos esperar de él, y es un
astro que cae.
Horacio Quiroga
Y sin embargo bastaron pocos días para que aun esos sentimientos se fundieran en otros todavía más insoportables. Ya no podíamos aplicar a aquel extraño astro ninguna idea ordinaria.
Después de haberme cansado de examinar todas las cosas, creí que debía tener sumo cuidado de que no me ocurriera lo que sucede a los que contemplan un eclipse de sol, porque ha habido alguno que por no tener la precaución de mirar en el agua o en otro medio la imagen de este astro, perdiera la vista, y temí que pudiera perder los ojos del alma al mirar los objetos con los ojos del cuerpo y servirme de mis sentidos para tocarlos y conocerlos.
Dice un hombre que ha visto a Santiago En tropel con doscientos guerreros: Iban todos cubiertos de luces, Con guirnaldas de verdes luceros, Y el caballo que monta Santiago Era un astro de brillos intensos.
Modelo de ciudadanos, de esposos y de liberales, brilló entre sus virtudes como astro mayor la gran virtud cívica de la consecuencia.
Los elementos del extraño astro fueron inmediatamente calculados, y todos los observadores coincidieron en que su paso, en el perihelio, lo aproximaría mucho a la tierra.
¡A ti - ¡Santo Dios! - te cupo ser
astro de mi desdoro; yo te abomino y te adoro y de rodillas te escupo! Acude a mi desventura con tu electrosis de té, en la luna de Astarté que auspicia tu desventura...
Julio Herrera y Reissig
Y justamente aquel niño estaba destinado a vivir muchos años sobre la Tierra, y a ver aquel mismo cometa cuando, sesenta años más tarde, volviera a aparecer. El pequeño no vio la viruta de la vela, ni pensó en el
astro que por primera vez en su vida brillaba en el cielo.
Hans Christian Andersen
La trayectoria de su vida, sencilla como la de un astro, dibuja en la fantasía una línea legendaria; tenue alborada en el palacio de la plaza del Ángel, esplendor de mediodía en Saint-Cloud, crepúsculo en la vaga niebla de Inglaterra.
El flujo y reflujo de las aguas del océano, no han sido sujetos con más precisión al curso del astro que nos alumbra en la noche, que lo ha sido la suerte de las costumbres y de la probabilidad respecto al progreso de la ciencias y de las artes.