Tengo muchas razones para no seguir ese ejemplo, las que callo por no ser difuso. Diré solamente que los sucesos de mi narración, pasaban por los años de
Cristo del 183...
Esteban Echeverría
Es que su hijo, Antonio, el fruto de sus entrañas, ha sido elegido, ¡qué gloria tan incomparable!, para dar testimonio de
Cristo...
Emilia Pardo Bazán
repitieron en coro los espectadores y atándolo codo con codo, entre moquetes y tirones, entre vociferaciones e injurias, arrastraron al infeliz joven al banco del tormento como los sayones al
Cristo.
Esteban Echeverría
el Emperador del Brasil, al señor Felipe José Pereira Leal, Oficial de la Orden de la Rosa, Caballero de las de Cristo y San Benito de Aviz y de la imperial de la Cruz del Sur, su Guarda Ropa, y Encargado de Negocios en las Repúblicas de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, etc., etc., etc.
Es eterna, digo perpetua, la monarquía del sol, porque en su estilo, desde que nació al mundo, ningún siglo le ha acusado novedad. Es verdad que llamarán novedad pararse en Josué, volver atrás en Achab, eclipsarse en la muerte de Cristo.
—murmuró como quien no quiere, mientras sus ojos brillaron como trémulas esferas, cristales sin reflejos, luciérnagas sin luz...
Cristo sin mito, solidario sin nadie.
Antonio Domínguez Hidalgo
Pedid a Dios por mi alma y por España, y pensad que al mismo tiempo que vosotros oráis por mí yo estaré, con la gracia del Salvador del mundo, invocando la Virgen María, a Santiago, nuestro patrón, a San Luis y a San Fernando, mis celestiales Protectores, suplicándoles con la antigua fe española, que en mí se fortaleció en Jerusalén, al pie del sepulcro de Cristo, para que en la tierra se os premie como lo que sóis, como cruzados y como mártires.
Y todo esto lo había visto un forastero, sin más trabajo que llegar, y ellos no. ¡
Cristo! Al domingo siguiente, apenas el cura abandonó el pueblo para comer con un párroco vecino, una gran parte del vecindario corrió a la iglesia.
Vicente Blasco Ibáñez
Pero este indio, que tiene un perfil de Cristo ario y una mirada febril entre sus párpados, ha pasado por innumerables avatares o reencarnaciones: ha sido sucesivamente todas las cosas.
Creemos que por la Expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio.
Sólo había abierto hasta entonces la boca, antes de comenzarse la dolorosa operación, para dirigir las breves y ásperas interpelaciones a doña Teresa y a Angustias, contestando a sus afectuosos buenos días. -¡Por los clavos de
Cristo, señora!
Pedro Antonio de Alarcón
la Reina de España, a don Xavier de Istúriz y Montero, caballero de la Orden Ilustre del Vellón Dorado, Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, de la Orden Imperial de la Legión de Honor de Francia, de las órdenes de la Concepción de Villa Viciosa y del Cristo de Portugal, senador del Reino, último presidente del Consejo de Ministros y primer secretario de Estado de S.M.C.