Pero tal vez no me prodigó los besos más incitantes y ardorosos y no puso en juego todas las habilidades que estimulan el apetito.
Entre ellos, se encontraban los desnudos, los besos demasiado ardorosos, el aborto, la prostitución o las perversiones sexuales, entre las que se incluyó como tal a la homosexualidad.
el Presidente, no correspondería a sus ardorosos sentimientos Americanos, si pudiese un solo momento mirar con indiferencia el atentado que se prepara torpemente contra la libertad e independencia de las Repúblicas Sud Americanas.
el Presidente no correspondería a sus ardorosos sentimientos Americanos, si pudiese un solo momento mirar con indiferencia el atentado que se prepara torpemente contra la libertad e independencia de las Repúblicas Sud Americanas.
-¿Eres feliz conmigo?- Sonriente le preguntaba Don Nuño y ella, ante las pasionales caricias y los ardorosos besos de él, sólo alcanzaba a murmurar: -Infinitamente, pero...
Los inviernos largos y duros y los estíos breves y ardorosos, han dado ocasión al dicho de « nueve meses de invierno y tras de infierno.
Y huele a mis años mozos de sudores sin reposos, de nocturnos alborozos y de llantos y de gozos y de cantos y de esbozos y de gritos
ardorosos.
Antonio Domínguez Hidalgo
Fué uno de los mas brillantes oradores de aquella vigorosa oposición que en esa época se levantaba en todo el pais contra el Gobierno, y en la cual tomaron parte los mas distinguidos hombres públicos de ese tiempo. Puede decirse que sus ardorosos discursos fueron los preparadores de la revolución que estalló en la República el año siguiente.
Fernando dio un paso hacía ella..., otro..., y sintió unos brazos delgados y flexibles que se liaban a su cuello, y una sensación fría en sus labios
ardorosos, un beso de nieve..., y vaciló..., y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.
Gustavo Adolfo Bécquer
Y cual si repercutiese aún en nuestros oídos aquella palabra del Señor: «¡Guía mar adentro!»(15), dicha a San Pedro, a los ardorosos impulsos de nuestro corazón de padre, sólo ansiamos conducir a la humanidad entera a los brazos de Jesucristo.
Mas son delirios vanos, ensueños ardorosos, lanzados, al mirarte, del vivo corazón, fantasmas altaneros que vienen engañosos a oscurecer la antorcha feliz de la razón.
Debe existir un silencio que se parezca a este mío, amortajado silencio a fuerza de tanto grito… MUERTE Con qué mentiras me enamoras muerte entre los labios que tu amor pervierte; con qué promesas de serenos cielos mientras me inundo en
ardorosos celos; con que sonrisas me seduces falsa cuando a mi lecho te acercas descalza; con qué caricias me agotas los miedos que me desvistes con tus propios dedos; con qué esperanzas me anuncias tu vida… si sólo es polvo y osamenta herida; con qué misterios te me abrazas bestia y me eyaculas de blanca modestia; con qué engañifas de otros paraísos me haces añicos todos los hechizos; con qué palabras voy a convencerte que no me importan amoríos de muerte.
Antonio Domínguez Hidalgo